Somos dos, en un reloj. Para mí, nada describe mejor mis primeras sensaciones al pisar tierra ¡Ostra!-liana. Os cuento por qué…
Resulta, que mi novio –de aquí en adelante léase McNovio de Luxe-, y quien vale más que todas las ediciones de Lonely Planet juntas, solo bajar del avión, en vez de llevarme a adorar al Todopoderoso, Rey de Los Cielos “Jet Lag” como realmente es debido (o sea: durmiendo), me llevó directa al banco para abrirnos una cuenta australiana-. Así, jetlacosa, sin dormir, sin ducharme, sin inglés…no importaba. Según él, lo imprescindible y primordial era abrirse una cuenta bancaria.
Total, que nos dirigimos al banco, y para mi sorpresa, al llegar a las oficinas de un conocido banco australiano, un seguridad nos acompañó amablemente hasta la cola deseada. El resto de los empleados sonrían atentamente, una deliciosa fragancia a capuchino recorría toda la oficina, y hasta incluso, nos invitaron a galletitas… Vamos, igualito que en España, que si no creo recordar mal, en el tiempo que un@ se deshidrata y descompone en la cola, al señor cajero le da tiempo a salir a desayunar DOS veces.
El hecho es que, tras unos escasos nanosegundos de espera en unos estupendos sillones masajeadotes de pies, me pasan al teléfono. Todo parecía de ensueño, hasta entonces.
(La conversación ha sido traducida del inglés. Bueno, a ratos.)
-”Toma, darling. Ahora, Janine, de la oficina central, te va a dar un código personal de seguridad y luego tendrás que deletreárselo de nuevo”-. (Qué les pasa a los anglosajones, que todo lo tienen que deletrear ¿!?¿!).
Al pasarme el teléfono, al otro lado, Janine escupió brutalmente y sin remordimientos:
-”W Z E E E A I T R H Y 8 8 8 2. Now, Miss Ava Toures, try to repeat again”.
-”Y Z I I I E A T R H W A A A 2. It’s all right?” -solté.
-”Are you kidding me, Miss Toures?”
La humillación pública fue importante. Casi de la misma categoría que cuando años atrás McNovio DeLuxe, durante un festival del humor me presentó a su profesor de inglés, y tras su maquiavélico “nice to meet you”, contesté con un rotundo “you’re welcome”.
Y es que cualquiera debería saber que a un español no se le hace deletrear en inglés… ¡qué todas las vocales están cambiadas y la “w” y la “y” están ahí pa dar por saco! Eso, por no hablar de las presentaciones…¿quién no ha vivido esa situación ridícula en la que, después de estar un bueno rato hablando con un desconocido, cuando a éste se le ocurre, por fin, decirte su nombre, os dais dos besos y le sueltas un descontextualizado y robótico “hola, qué tal?”. Apuesto a que esta patética situación no se da en otros idiomas.
En fin, un empleado del banco me trajo un caramelito para que se me pasara el trauma lingüístico, y finalmente acabamos a gestión de la cuenta. Por entonces, llevaba 36 horas sin dormir. Mi reloj marcaba las 4 am. ¡OMG! ¡¿Las 4 am?! Los bancos estaban abiertos a las 4am en Australia ¿??!¿!¿ Pero de repente, cargada de folletos corporativos sobre pensiones de jubilación, al salir a la calle, un enorme destelló de luz me cegó durante unos segundos y me devolvió a la realidad. Y es que el Rey de los Cielos y Todopoderoso Jet Lag existe queridos, no es un invento de los yuppies para dar por el “cool” a los que viajamos en clase turista. No.
Y eso fue lo que marcó el resto de una laaaaarga e interminable semana: éramos dos, en un reloj. Aunque debo decir, que sí que es cierto que algunos consiguen llevar el fenómeno mejor que otros, y los más listos, hasta logran recordar el cambiar la hora de su Swatch.
Pero si algo tuve claro después de esta experiencia, es que si el cuerpo humano no está diseñado para sobrevolar la curvatura del tiempo, lo está menos aún, para deletrear en inglés.
¿Otro post? ¿Con azúcar, o con sacarina? ![]()



