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El eterno viaje Europa-Australia


1
julio 11

Jet Lag & CIA

Vistas de Brisbane desde West End

Somos dos, en un reloj. Para mí, nada describe mejor mis primeras sensaciones al pisar tierra ¡Ostra!-liana. Os cuento por qué…

Resulta, que mi novio –de aquí en adelante léase McNovio de Luxe-, y quien vale más que todas las ediciones de Lonely Planet  juntas,  solo bajar del avión, en vez de llevarme a adorar al Todopoderoso, Rey de Los Cielos “Jet Lag” como realmente es debido (o sea: durmiendo), me llevó directa al banco para abrirnos una cuenta australiana-. Así, jetlacosa, sin dormir, sin ducharme, sin inglés…no importaba. Según él, lo imprescindible y primordial era abrirse una cuenta bancaria.

Total, que nos dirigimos al banco, y para mi sorpresa, al llegar a las oficinas de un conocido banco australiano, un seguridad nos acompañó amablemente hasta la cola deseada. El resto de los empleados sonrían atentamente,  una deliciosa fragancia a capuchino recorría toda la oficina, y hasta incluso, nos invitaron a  galletitas… Vamos, igualito que en España, que si no creo recordar mal, en el tiempo que un@ se deshidrata y descompone en la cola, al señor cajero le da tiempo a salir a desayunar DOS veces.

El hecho es que, tras unos escasos nanosegundos de espera en unos estupendos sillones masajeadotes de pies,  me pasan al teléfono. Todo parecía de ensueño, hasta entonces.

(La conversación ha sido traducida del inglés. Bueno, a ratos.)

-”Toma, darling. Ahora, Janine, de la oficina central, te va a dar un código personal de seguridad y luego tendrás que deletreárselo de nuevo”-. (Qué les pasa a los anglosajones, que todo lo tienen que deletrear ¿!?¿!).

Al pasarme el teléfono, al otro lado, Janine escupió brutalmente y sin remordimientos:

-”W Z E E E A I T R H Y 8 8 8 2. Now, Miss Ava Toures, try to repeat again”.

-”Y Z I I I E A T R H W A A A 2. It’s all right?” -solté.

-”Are you kidding me, Miss Toures?”

La humillación pública fue importante. Casi de la misma categoría que cuando años atrás McNovio DeLuxe, durante un festival del humor me presentó a su profesor de inglés, y tras su maquiavélico “nice to meet you”, contesté con un rotundo “you’re welcome”.

Y es que cualquiera debería saber que a un español no se le hace deletrear en inglés… ¡qué todas las vocales están cambiadas y la “w” y la “y” están ahí pa dar por saco! Eso, por no hablar de las presentaciones…¿quién no ha vivido esa situación ridícula en la que, después de estar un bueno rato hablando con un desconocido, cuando a éste se le ocurre, por fin, decirte su nombre, os dais dos besos y le sueltas un descontextualizado y robótico “hola, qué tal?”. Apuesto a que esta patética situación no se da en otros idiomas.

En fin, un empleado del banco me trajo un caramelito para que se me pasara el trauma lingüístico, y finalmente acabamos a gestión de la cuenta. Por entonces, llevaba 36 horas sin dormir. Mi reloj marcaba las 4 am. ¡OMG! ¡¿Las 4 am?! Los bancos estaban abiertos a las 4am en Australia ¿??!¿!¿  Pero de repente, cargada de folletos corporativos sobre pensiones de jubilación, al salir a la calle, un enorme destelló de luz me cegó durante unos segundos y me devolvió a la realidad. Y es que el Rey de los Cielos y Todopoderoso Jet Lag existe queridos, no es un invento de los yuppies para dar por el “cool” a los que viajamos en clase turista. No.

Y eso fue lo que marcó el resto de una laaaaarga e interminable semana: éramos dos, en un reloj.  Aunque debo decir, que sí que es cierto que algunos consiguen llevar el fenómeno mejor que otros, y los más listos, hasta logran recordar el cambiar la hora de su Swatch.

Pero si algo tuve claro después de esta experiencia, es que si el cuerpo humano no está diseñado para sobrevolar la curvatura del tiempo, lo está menos aún, para deletrear en inglés.

¿Otro post? ¿Con azúcar, o con sacarina? ;)


28
junio 11

“Volando voy, volando vengo”

¡Ostra!-lia, vista desde el cielo

Y así, de algún modo empezaba todo, allá por el Abril del 2010. Un total de casi 30 horas volando, muchas, pero que muchas pelis y pocas palomitas, y 6 escalas repartidas en 3 de los 5 continentes del planeta. Y tú me dirás, “¿pero si existen combinaciones más simples si piensas venir a Brisbane o cualquiera de las ciudades australianas desde España?”  Y tienes toda la razón, créeme. Pero hay dos tipos de persona: los que van directos al grano, o los que vuelan con rodeos. Yo obviamente, pertenezco a ese segundo grupo.

Como decía, ahora, hace ya algo más de un año que decidí emprender el viaje de mi vida hacia ¡Ostra!-lia, pero aun así, hay detalles del viaje que todavía mantengo muy vívidos. Sobre todo, recuerdo lo difícil que me resultaba dejar atrás la Vieja Europa -jugando 13 horas seguidas al Poker Virtual con el tipo del asiento 235.  Después de que incluso, el resto de pasajeros del avión se rindieran ante el sueño, el Misterioso Hombre del 235, un admirable rival, seguía allí luchando por la victoria. Aunque finalmente, perdió ante mi vejiga, la cual resultó ser mucho más “competitiva”.

De todos modos, cabe decir que para combatir a lo que yo llamo Síndrome-del-volar-se-va-a-acabar, y que afecta, desafortunadamente a todo hijo de vecino después de la experiencia de cruzar el mundo en un avión, existen otros métodos menos agresivos. Por ejemplo, está el de atiborrarte a golosinas, el de “degustar” todo el alcohol de importación a bordo, o el de quedarte fijamente mirando la pantallita que indica el trayecto del avión. En relación a este útlimo, es increíble el efecto hipnótico de ese maldito aparato; puedes quedártelo mirando hora, tras hora, para ver como un puntito blanco se mueve ¿menos de un milímetro? El consejo más útil que podría dar es que, si eres débil, pase lo que pase, no mires la maldita pantallita. Pues viajando con compañías como Qan**s, tienes miles de pelis, documentales, TV, radio, etc. con las que pasar el rato entretenido.

Pero sin lugar a dudas, una de las cosas más impresionantes que recuerdo del viaje es el vivir la curvatura del tiempo, y ver cómo la noche se transforma en día, y el día en la noche. Aunque no deja de ser un placer algo masoquista, porque luego sabes sobradamente, que esto se convertirá en el Todopoderoso, y por todos temido Jet Lag. Lo cierto es que, ahí es cuando empieza una extraña mezlca de sensaciones; alegría a la vez que melancolía. Emoción, mucha emoción. Curiosidad, impaciencia, cierta inseguridad, dudas, reflexión sobre todo lo que has dejado atrás. Entonces es cuando te das cuenta de que esto ya no es un sueño, ni un proyecto. Debajo de tus pies hay un océano de tinta con el que escribir un nuevo capítulo de tu vida. Bueno, océano, y unos cuantos tiburones… ;)

En fin, resumiendo cuentas. No podría explicar cómo llegué a Australia. Bueno sí, en varios aviones en los que incluso en alguno, llegué a pasar más de 13h, y por otro lado, resumiendo mi vida en una única maleta de 40 kilos. Pero me refiero en un sentido más filosófico; sería muy complejo explicar cómo llegue hasta aquí y qué es lo que después de un año me mantiene aquí, porque como mi amigo Dexter de Miami, creo firmemente en el llamado Efecto Mariposa.

Así que, aunque no podría narrar la típica historia con un principio y un fin, pues es algo mucho más difuso, sí que acontecieron y siguen aconteciendo hechos claves, que por supuesto, me encantará compartir con todos vosotros. Aunque no sé si tan adictivo como seguir los puntos blancos de los monitores de los aviones, prometo, que el trayecto de este viaje por los mundos de ¡Ostra!-lia, será muuuucho más ameno …

¿Otro post ;) ?