
El primero es que en los aeropuertos españoles no lo ponen nada fácil en el control de seguridad. Hacen falta varios “gadgeto” brazos (nadie del personal del aeropuerto te ayuda) para llevar un bebé en brazos, y a la vez pasar por el escaner: un carrito, una bolsa y una bandeja con abrigo y enseres que puedan pitar.
Y segundo porque muchos españoles se han vuelto insensibles a los niños (quizás por la baja tasa de natalidad) y no sólo no se ofrecen amablemente a ayudar a una madre en apuros, sino que te regalan todo tipo de malas caras y bufidos. Intento disculparles puesto que los aeropuertos nos ponen nerviosos a casi todos y los controles de seguridad se han convertido en una lata, pero creanme la infinita gratitud de los padres por un pequeño gesto les relajará y hará sentir bien el resto del dÃa.
Cecilia lleva viajando en avión unas cuatro veces al mes desde los cinco meses. Es un vuelo corto de una hora en la que ni se entera, siempre que le demos chupete o biberón al aterrizar y despegar para que no le duelan los oidos. En cuanto a pasar la seguridad lo más airosamente posible estos son mis consejos:
- Llevar un carrito que se pliegue con una mano.
- Llevar un solo bolso con tus cosas y las del bebé y que se pueda colocar en bandolera.
- No llevar ningún reloj, pulseras, ni cinturón con hebilla que pueda pitar.
- No llevar botas ni zapatos con cordones para podértelos quitar fácilmente en caso de que lo requiera el guarda de seguridad.
- No mirar atrás para no ver las malas caras de los viajeros a los que egoistamente estás robando tres minutos para merodear por el Duty Free.
Y con esa experiencia adquirida pensamos que ya estábamos preparados para el gran viaje: Japón y mi amiga Sayumi nos esperaban desde hace muchos años. El pasado mes de marzo fuimos a Tokio y Kioto con bebé a bordo, a pesar de la insistencia de las abuelas de quedarse con ella en Madrid.
Leà en internet todo tipo de trucos para vuelos largos: llevar juguetes nuevos que les sorprenda; reproductor de DVD con sus Baby Einstein favoritos; comida de sobra por si hay retrasos; pedir a la aerolÃnea una cuna (Cecilia prefirió dormir en brazos pero otros bebés durmieron muchas horas en la cunita).
Todo sirve y ayuda a pasar las dos horas y media de vuelo a Frankfurt, las dos horas de espera allà y las doce horas a Tokio pero lo que realmente ayuda es aceptar que tu forma de viajar ha cambiado radicalmente. Es muy probable no puedas ni abrir la guÃa de turno, ni ver la pelÃcula, ni dormir, ni retocarte en el baño antes de aterrizar, ni pasear por las tiendas del aeropuerto con calma.
Desde que salimos de Madrid hasta que llegamos a la habitación del hotel Keio Plaza pasamos 24 horas despiertos. Llegamos rendidos pero la espectacular vista de Tokio desde aquella planta 39 no hizo olvidarlo rápidamente y caer en un sueño profundo.

