Abadía Retuerta: vino, lujo y yoga en la Ribera del Duero

Fue hace algunas semanas cuando por fin tuve la oportunidad de visitar, comer, dormir y disfrutar, en general, uno de los hoteles con mejor fama de nuestro país, y con razón, Abadía Retuerta LeDomaine (http://www.ledomaine.es/es/). Este Relais & Chateaux está ubicado en la Ribera del Duero y custodiado por las más de 700 hectáreas de los magníficos viñedos de Abadía Retuerta. Un paisaje de ensueño para una antigua abadía del siglo XII, que hoy encierra un espléndido hotel de lujo de los que no acumulan estrellas, sino experiencias.

unnamedTodo en Abadía Retuerta tiene un valor excepcional, comenzando por la arquitectura del propio edificio, que ha sido recuperada al detalle (ganó el premio Europa Nostra de la Unión Europea), conservando la esencia y actualizando el contenido. Las antiguas celdas monásticas son hoy las espaciosas habitaciones (dotadas de espléndidas vistas y enormes bañeras -oh, bañeras- desde donde observar desde un tremendo mar de viñedos hasta la salida del sol); la antigua sala capitular es el bar lounge y en el lugar del refectorio se ha instalado el soberbio comedor del restaurante, del que os hablaré más adelante, bajo un techo abovedado y un fresco de 1670 que preside las cenas. Todo en el hotel está medido al detalle, pero sin que se note. Aquí no hay ostentación por ninguna parte, sino más bien un lujo discreto, relajado. El mayor valor aquí es su notable servicio, siempre atento a todo aunque pasando completamente desapercibido –ese es el gran valor del servicio en hotelería- y el silencio y la calma que se respira en cualquiera de sus estancias. Un hotel donde, tal y como pontificó el New York Times, “sentirse como en casa”. Yo añadiría que, en realidad, es “mucho mejor que estar en casa”.

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LeDomaine forma parte de un proyecto integral encabezado por Abadía Retuerta y ubicado a pocos kilómetros de Valladolid, en Sardón de Duero. Todo comenzó con la bodega, que acaba de cumplir su 25 aniversario y luego, continuó sacando a flote el entorno en una firme apuesta por la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente. Con la apertura del hotel llegó la gloria definitiva que ha catapultado a este complejo del lujo y el buen hacer hasta el olimpo de los mejores lugares del mundo para visitar. Y sin movernos de nuestro país.

 Gastronomía con estrella Michelin

Abadia3En LeDomaine encontré una cocina de cercanía, centrada en el producto y que resuma estilo y técnica. No se podía esperar menos de un hotel de estas características. Al frente de este reto está Marc Segarra, formado en el entorno del restaurante Mugaritz, un chef que a pesar de su juventud cuenta con la experiencia suficiente para plasmar la filosofía de Andoni Luis Aduriz, asesor gastronómico del hotel, en cada plato del restaurante Refectorio. Galardonado con una estrella Michelin, el restaurante ofrece dos menús degustación (130 y 150€ respectivamente), disponibles solo en la cena y adaptados, cómo no, al producto de temporada. Y tratándose de una bodega, aquí la cuestión de maridaje es fundamental, que se completa con los vinos propios de la finca y la bodega contigua al restaurante, que guarda auténticas joyas de la región y del resto del mundo. ‘Bogavante, crema de alcachofa y levadura con limón’, ‘lechazo asado y cenizas de ajo’ o el ‘pescado de mercado con emulsión de yema y tirabeques encurtidos’ son algunos de los platos más característicos de la cocina de Segarra, donde prima el producto por encima de cualquier otra cosa apostando por ingredientes que no adornan, sino que complementan.

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Y a la hora de relajarse…

Iba a comenzar este párrafo con un “y la joya del hotel es…” refiriéndome a su nuevo spa, pero lo cierto es que la joya del hotel es el propio hotel y todo lo que ofrece al huésped. El spa, claro, es una más de todas ellas en un entorno donde todo suma y nada -o muy poco- resta. Con un nombre tan apropiado como Santuario, este espacio de bienestar, belleza y relajación ocupa lo que eran las antiguas caballerizas del hotel, y encierra entre sus históricos muros todo un refugio de evasión y tranquilidad apartado del mundo. ¿Lo mejor? Resulta casi imposible decidirse, pero la piscina interior es un remanso de paz donde invertir en salud y calidad de vida (y pasarse horas nadando).

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No me gustaría acabar este artículo sin hablar de la magnífica sala de yoga con la que cuenta el hotel. Un espacio dedicado a la relajación y la práctica de esta terapia a donde solo hace falta acceder con buena energía positiva, porque ellos allá ponen el resto. Esterilla, cojín, velas, una selección de música ad hoc… ¿qué más se puede pedir en un espacio que comparte pared con la de la propia iglesia de la Abadía? Siempre suceden cosas algo mágicas en Abadía Retuerta.

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