Cuando el empresario hotelero André Balazs, considerado como
uno de los 10 hombres con más estilo de Estado Unidos por la revista GQ, ideó
la nueva sucursal de hoteles Standard para Nueva York, sabía que ponía una pica
en Flandes sobre el concepto de arquitectura, decoración e innovación en la
ciudad.
Ubicado en el Meatpacking District, el hotel The Standard es
de todo menos, precisamente, estándar. Su arquitectura está pensada para que
sus huéspedes y visitantes puedan sentir la ciudad a sus pies, de ahí sus
enormes ventanales con tan privilegiadas vistas como la del río Hudson, el
Empire State o el impresionante skyline neoyorkino. Si aún había alguien que
dudaba de que la comodidad y el diseño son perfectamente compatibles, aquí está
la prueba.
El hotel tiene, entre otras muchas, una particularidad que
merece la pena destacar, y es su privilegiada situación sobre el High Line de
Nueva York. Y es por cosas como esta por las que que podría decirse que en
Nueva York es posible todo, o casi. Este orgullo de la arquitectura pública de la
ciudad es un espacio situado a 10 metros del suelo y construido sobre una
antigua vía de ferrocarriles que data de 1930. Este macro proyecto es una
extraordinaria obra de ingeniería que contempla la consolidación de parques,
jardines, rehabilitación de edificios emblemáticos y el acceso a las
principales redes de transporte de la ciudad como el metro y el tren. El High
Line ha visto superado su objetivo de promover los principios más
relevantes de sostenibilidad durante sus más de 24 hectáreas de lo que eran áreas
industriales en desuso; Este corredor urbano provee a sus peatones de, entre
otras cosas, unas preciosas vistas del río Hudson a lo largo de todo su
recorrido,
Los creadores del High Line, Diller Scofidio + de Renfro, se
refieren a este ambicioso proyecto hoy hecho realidad “como un gran jardín
lineal a escala, donde la obra se basa en recrear los antiguos enlaces y líneas
ferroviarias, con grandes jardines florales”. Este precioso parque en altura
es, además, parte del proyecto de reactivación del borde oeste de la Bahía de
Manhattan.
Por todo esto no es de extrañar que parte de un lugar tan especial
lo ocupara un hotel como The Standard. Bendecido por la gracia de ocupar uno de
los lugares más especiales, y más de moda, de la ciudad, el hotel esconde
secretos como las privilegiadas vistas al Pier 54 (muelle 54), donde debía
haber regresado y atracado el Titanic, de no haberse producido su fatal
desenlace el 14 de abril de 1912. Pero volviendo al presente, este hotel
conocido como “el exhibicionista“, esconde otros numerosos secretos como los de
los nombres de las celebrities que reservan habitación cada vez que visitan la
ciudad. Hola.com ha querido conocer de primera mano qué tiene este hotel que a
todo el mundo vuelve loco. Y lo hemos conseguido.
The Standard dispone de nueve tipos diferentes de
habitaciones, desde las standard rooms hasta las suites, todas ellas con
posibilidad de eligir vistas, y tres espacios dedicados a la gastronomía: su
restaurante americano The Grill, The Living Room -ubicado en el lobby del
hotel-, y una concurrida cervecería alemana donde tomar los mejores brezzel de
la ciudad. No es difícil coincidir con Jude Law tomando un Brunch en la mesa de
al lado o a Brad Pitt escogiendo una de sus habitaciones preferidas, la suite más
retro del hotel; decorada en madera y con reminiscencias de los años 60′, donde
todo es redondo (incluidas la cama y la bañera).
La joya de la corona la ocupa el
‘Top of the Standard‘ (anteriormente conocido como Boom Boom room), unos de los
clubes más exclusivos de Nueva York donde encontrar a asiduas como Madonna, que
siempre lo escogen como lugar de celebración para sus fiestas privadas.
Decorado al más puro estilo James Bond en tonos dorados y negros por la firma
Interior Design, el club está ambientado en los años 70′ y dispone de los, sin
duda, mejores 180º de vistas sobre la ciudad. Roman & Williams Architecture
y Polshek Partnership hicieron el resto, convirtiendo el interior del hotel en
uno de los más atractivos de la ciudad.
Los dos ascensores que recorren las 19
plantas del edificio son dignos de captar la atención del visitante. En ellos,
el artista Marco Brambilla creó un monográfico sobre la civilización con más de
2000 imágenes superpuestas en tres dimensiones que representan el infierno y el
cielo; y es precisamente en el cielo donde uno parece sentirse al cruzar la
entrada de este hotel.
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