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Apología de Risto


Salvando las distancias, como ya ocurriera en su momento con Don Cicuta, la Bruja Avería o Ángela Channing, Risto Mejide ha pasado a formar parte de la lista de “odiables” habituales en cualquier charla de teleadictos (on line u off line) que se precie. El publicitario, miembro del jurado de la actual edición de “Operación Triunfo”, se ha convertido por derecho propio -y por exigencias de un astuto guión- en “el poli malo de la película”, un formidable personaje sin el cual “OT5″ sería otra insulsa edición de “Reina por un día” a ritmo de la Miami Soud Machine. Por su boca hemos oído lindezas como las que soltó al tercer expulsado de esta edición, el pacense José Antonio Vadillo: “Tu futuro ahí fuera puede ser perfectamente firmar un contrato por tres discos del que sólo grabes el primero, hacer una gira con otros dos triunfitos porque solo no llenarías ni un geriátrico, y acabar muriendo de viejo, a los 30 años, versionando a La Década Prodigiosa”. ¿Demasiado cruel? Puede, pero con más razón que un santo. De hecho, me atrevería a afirmar que las crudas sentencias de este Jarvis Cocker de todo a cien serán la enseñanza más útil que se lleven a sus casas estos incautos con aspiraciones artísticas, mucho más que los pretendidamente enriquecedores consejos de sus compañeros del jurado o de los bienintencionados profesores.
Y es que, nos guste o no, el negocio de la música lo mueven personajes como Risto Mejide. Como los césares, ellos deciden quién tiene derecho a la fama o no con un simple movimiento de su pulgar; todo lo demás es puro entretenimiento mientras esperamos a que suelten los leones. En esto del pop, de nada sirve hacer cabriolas en el aire mientras cantas como los ángeles al tiempo que sonríes a la cámara si no tienes ese dichoso “factor X” que hace poner en marcha la maquinaria del éxito. Y, admitámoslo, aunque “Operación Triunfo” sea el mayor espectáculo televisivo que haya dado este país desde “Un, dos, tres…”, también es el banco de pruebas ideal para testar “productos” a medida de la audiencia. Porque, ¿qué habría sido de Mick Jagger, Montserrat Caballé o -sí, también él- David Bisbal si su talento y su trabajo no hubieran ido acompañados de un carisma, un tic, una leyenda que les distinguiera del resto?
Resumiendo, puede que Risto sea un engreído antipático y snob, pero a mí me cae bien; en el fondo es un buen hombre, un cordero con piel de lobo al que si quitas las gafas de sol se queda en desconocido que regala buenos consejos… ¿O no?

4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Felicidades por tu blog, promete mucho

  2. Señor Pacios, enhorabuena por sus reflexiones.
    Le movería a averiguar la historia oculta del “fiero Mejide”. Tengo vídeos de las tempranas experiencias frustrantes que forjaron golpe a golpe sus maneras de acomplejado. Como aquel ridículo en la primera edición de “Los sabios”, o el fracaso en el casting para un papel secundario de villano en Miami Vice (versión Don Johnson)
    Enhorabuena por el estreno y confío en que continúe regalando a los lectores por muchos años sus agudas reflexiones.

  3. si si, pero se parece a jarvis cocker … y eso es lo que cuenta … ;)

  4. El muerto el hoyo y el vivo al bollo

    Pensé que la primera gala de OT6 no iba a dar más de sí, que aparte de la espeluznante actuación que mi colega M. Tardelli se me adelantó en comentar y de las siempre razonables críticas de mi admirado…

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