Seguramente con su bendición, durante algún tiempo Berlanga decía que Rafael Azcona era un pseudónimo con el que firmaba sus guiones para no repetirse en los títulos de crédito. Muchos le creyeron, cosa nada extraña conociendo la tendencia casi patológica del susodicho a pasar desapercibido, a huir de cualquier reconocimiento y a limitarse a hacer su trabajo con discreción. Así vivió y así se ha ido, sin hacer ruido. El mejor guionista de la historia del cine español murió ayer a las siete de la mañana víctima de un cáncer de pulmón, pero nadie fuera de su círculo íntimo ha conocido la noticia hasta esta tarde, después de que su cuerpo fuera incinerado en la más estricta intimidad en el cementerio de la Paz de Alcobendas.
Un servidor tuvo ocasión de conocer en persona a don Rafael, hace ya más de diez años, en 1997. Recuerdo que la ocasión, la presentación de su primera biografía autorizada, fue todo un acontecimiento, sobre todo entre los cinéfilos de mi generación, los nacidos después del 70, en tanto que muy pocos -ninguno- éramos capaces de poner cara al autor de “El verdugo”, “Plácido”, “La vaquilla” o “Belle Epoque”. Y no sólo nosotros, los mayores tampoco hubieran podido reconocer en aquel señor afable y discreto al mejor contador de historias de la historia del cine patrio, nadie era capaz de recordar ningún acto público al que Azcona hubiera acudido motu propio desde los tiempos de La Codorniz, nadie había visto siquiera una foto suya. Recuerdo que hasta el último minuto estuvimos con el alma en vilo temiendo una espantá de nuestro héroe. Pero no lo hizo. Acudió y pudimos comprobar cual era su gran secreto, porqué Azcona era capaz de construir historias para el cine como nadie antes lo ha hecho en este país: su honestidad, su hostidad brutal, que diría Calamaro. Sus guiones, como él, eran historias sin artificios, tan sencillas, sabias y agridulces como la vida misma. Su sentido del humor, negro, negrísimo, su pasión por lo grotesco y lo esperpéntico, lo entroncan con la mejor tradición valleinclanesca, con Fernán Gómez, con Goya, con Quevedo… Y que nadie quiera leer aquí un panegírico oportunista, si existiera un top ten de los genios que España ha dado a las artes en el siglo XX, Azcona estaría bien arriba, junto a Picasso , Gaudí o García Lorca. Pero incluso ante semejante afirmación, Azcona se mostraba incrédulo. La prueba, en esta entrevista, una de las pocas que concedió en los últimos tiempos, en el programa de Luis Alegre en la autonómica aragonesa.
Adiós, maestro.


azcona no es solo el mejor guionista de la historia del cine español, era una buena persona, y eso no tiene precio. descanse en paz.
gracias por tus historias. sin ti el cine seria otra cosa mucho mas insulsa.
flipo de ver que si se habla en un blog del peinado del cantante de tokio hotel se abarrota de mensajes y si se muere un pedazo de ARTISTA nadie se digna a opinar. lo mas triste es que seguramente nadie sabe quien era Rafael Azcona. en fin…