Para Bottega quizá está en el sol de California y la vida sencilla, para Ferragamo en los colores, para Versace en los grandes escenarios de diversión o para Prada, en la sabia elegancia.
Bottega Veneta acentuó el aire casual de las pasarelas, y con un estilo neohippy propuso una moda ligera y cómoda, camisetas con cierre en tiras y cuerdas de zig zag, predominio de marrones y grises, chaquetas y camisas holgadas, mucho monocolor, variaciones sobre azul y recital de chaquetas, con dos, tres y cruzados botones, con flores, blancas y estampadas.
El blanco también estuvo en el desfile de Calvin Klein Collection, que por un momento parecía que recuperaba aquel hombre de los 90 que se perfumaba con obsesión y llevaba la permanente camiseta blanca, pero ahora más sofisticado con trajes color hueso, camisas de manga corta y flores para un nuevo hombre de sport en blanco y negro. Minimalismo en colores.
Todo lo contrario a Salvatore Ferragamo, cuya explosión de color ha dejado pequeña a la fantasía de Agatha Ruíz de la Prada, Naranjas, azul clarito, cinturones amarillos, gabardinas verdes, el arco iris hasta en los zapatos. Una apuesta rotunda.
Como rotundos eran los gladiadores que saltaron a la arena del ruedo de Versace, una especie de Rocky en Las Vegas, sedas, oros, accesorios de lujo, inspiración recoromana y un guiño al Miami Vice del siglo XXI, con flores, vanguardia y colores pastel descarados.
Prada, siempre sorprende, esta vez con pantalones bicolor, burdeos y blanco, azul y blanco, polos también bicolor, beige y verde y detalles elegantes para un hombre sin edad.








