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septiembre, 2011


19
septiembre 11

VARSOVIA Y LOS CERDOS ROJOS

Hace unos días disfruté una corta estancia en Varsovia. Es una ciudad herida y arrasada como consecuencia de su sublevación en la 2º Guerra Mundial, fue reconstruida gracias a los cuadros que Canaletto pintó teniendo como modelo sus calles y hoy  es, como excepción,  Patrimonio de la Humanidad (ya que data del siglo XX). Las iglesias son casi todas barrocas, (con lo que a mí me gusta el gótico), pero sus ceremonias son bonitas: había numerosas bodas por toda la ciudad (al parecer los polacos, se casan en los meses que acaban en ER),  todos los invitados llevaban flores en sus manos y la música de la ceremonia es en directo (vimos una con trompeta y órgano interpretando la famosa pieza de Charpentier, sintonía de Eurovisión), y esto tratándose de la ciudad de Chopin, le da un especial encanto…

Es muy especial caminar por el antiguo guetto judío, aunque se conserva muy poco de ello: los disparos sobre una pared, la señal de ubicación del muro y algún fragmento, algunas placas commemorativas…, es estremecedor, sobre todo si has visto El pianista de Roman Polanski.

La Plaza del Castillo con casitas multicolores y la impresionante presencia del edificio que le da el nombre, te hacen una idea de la importancia de esta ciudad en otro tiempo, al igual que su muralla y la Barbacana (siglo XVI), curioso el Monumento al niño insurrecto, con su extraño sombrero (de cerca es un casco). La escultura de la sirena, protectora de la ciudad y hermana de la de Copenhague, está plantada en la Plaza del Mercado de la Ciudad antigua…

Pero la calle que más me gustó es Ulica Kanionia donde se encuentra el edificio más estrecho de Varsovia, al parecer nacido como consecuencia de que el pago de los impuestos era directamente proporcional a los metros de las casas (picardía varsoviana), las casas que la rodean son iguales a las típicas de Gante y Brujas con “festones” en los bordes de sus tejados y por supuesto de colores, en el centro hay una gran campana reconstruida, encontrada en los escombros tras la 2º Guerra…se encuentra a la espalda de la Archicatedral de San Juan Bautista, construida en un gótico tardío, muy sencilla por dentro, aunque para mí estaría más bonita en su piedra original, ya que está a modo de encalada, ribeteada por trozos de ladrillo. Las vidrieras son maravillosas…como curiosidad hay algunas tumbas con esculturas yacentes de dos varones abrazados…

El Camino Real es un  recorrido de varias calles de 4 kilómetros que conecta el Castillo real de la plaza del mercado hasta el Palacio Lacienki, situado en el parque del mismo nombre. En éste se encuentra una muy ilustrativa estatua de Chopin, enmarcado por un precioso lago y donde se celebran los Domingos conciertos dedicados al compositor franco-polaco. El palacio Lacienki es impresionante,  parece que flota sobre el lago, por ello se llama Palacio sobre el agua, me recuerda a Chennonceaux. Cerca está el Palacio Belvedere, que ahora es un restaurante de lujo, cuyo precio medio es de 35 euros!!.

Varsovia está salpicada de estatuas y Museos de ilustres polacos, como Copérnico,  Marie Curie y por supuesto Chopin. Existen en algunos sitios de Varsovia, donde se encuentran bancos para sentarse, dedicados a Chopin, que tocando un botón que existe en la superficie, se escuchen durante unos minutos maravillosas notas de piano compuestas por el maestro polaco. Uno de ellos está ubicado junto al Monumento al Soldado desconocido, custodiado por  soldados y situado en un trozo de palacio (Palacio Saski) donde vivió la familia Chopin, fue  volado por los aires y no reconstruido tras la 2º Guerra, en este monumento se pueden ver caídos en la Batalla de Somosierra (¿).

Visitamos también la mole soviética (PkiN), “regalada” por Stalin. Es un inmenso edificio (237 metros de altura) que actualmente alberga museos, teatros, etc..

Casi en las afueras de la ciudad llegamos a  la inmensa mole de hormigón, que será la futura iglesia dedicada a Juan Pablo II (Divina Providencia), está en el camino hacia el palacio Wilanow (siglo XVII), una construcción de recreo real con aire toscano, rodeada de un inmenso jardín de diseño anglo-francés con el Río Vístula y un lago para deleite de la realeza (como vivían!), la fachada es policromada con frescos  e inscripciones en latín. En sus jardines, dan conciertos con música de cuerda, a uno de ellos llegamos al dar las últimas notas, una pena. El interior del palacio, está cuajado de cuadros dieciochescos, pero al parecer los nazis, se llevaron numerosas obras de arte y jamás se recuperaron…

En cuanto a la comida, los platos son espectaculares y los precios baratos. Nuestros amigos varsovianos Dariousz y Violeta, nos invitaron a cenar a un restaurante llamado Cerdo Rojo, ubicado en el antiguo Guetto judío. Preside el salón un enorme cuadro emulando una última cena donde se encuentran Ciaucescu y su mujer Elena, Fidel Castro, Brezhnev, Honecker y otros dirigentes que no identificamos y entonces entiendes el nombre del restaurante. Ponían un inmenso vaso estrecho de 5litros lleno de cerveza con un grifo para servirse los comensales ellos mismos. Yo comí un pescado en papillote, cocinado con verduras, exquisito. La carta simulaba un periódico, donde se aconsejaban platos a dirigentes y al proletariado, curioso… De camino al Hotel, vimos el Bier-bus, una bicicleta comunitaria, para unas 15 personas, techada y donde a ritmo de pedal, podías tomarte unas cervezas, original manera de quemar calorías…

Bueno hay muchas más cosas, como los deliciosos pierogi en la cadena de restaurantes Zapiecek,  pero os animo a que lo descubráis, no os podéis  perder un paseo por sus maravillosas calles…

Dedicado a Beatriz L. Serrano, no- lectora de este blog.


2
septiembre 11

TERNERA Y BRATISLAVA

En una ocasión visitamos Bratislava o Presburgo, capital de Eslovaquia. Tomamos un tren desde Viena, ya que estas dos ciudades están separadas por solamente 62 kilómetros. Así que fuimos a la estación de Südbanhof y tras una hora de recorrido llegamos a la estación de Bratislava-Petrzalka, ésta no estaba, como pensábamos, en el centro de la ciudad. La oficina de turismo, estaba cerrada y eso que eran las once de la mañana.

Un poco despistados, salimos a la calle y vimos que todo el mundo que iba en tren, se disponía a coger un autobús, así que hicimos lo mismo y tomamos el autobús 80 de aspecto años 70. Después de dos paradas, las puertas del autobús, se negaron a cerrarse, pese al esfuerzo que hicieron los viajeros y el propio conductor, por lo que éste nos invitó a todos a desalojar el autobús, como así lo hicimos, siempre imitando al resto del pasaje.

Nos encontramos  tirados en una carretera sin saber qué hacer, sólo imitar al resto, y el grupo cogió el próximo autobús, que era el 88, también lo tomamos y acertamos, nos llevó al centro de la ciudad.

Bratislava es una ciudad pequeña, con unos 450.000 habitantes, tranquila y bonita, con gran encanto, similar al barrio de Màla Stranà de Praga, con un castillo arriba (siglo XV), como casi todas las ciudades del Este, hoy convertido en Museo, no subimos, pues hacía mucho calor. También con su gran Río: el Danubio.

Picamos algo en una terraza con una cerveza fría, donde nos aseguramos se podía pagar con tarjeta (entonces no había euros y cambiamos pocos florines), pero al hacerlo, nuestra sorpresa fue que se había pasado la hora, sólo se podía pagar con dinero de plástico hasta las dos de la tarde y eran las tres y media., qué cosas!!., protestamos y al final nos dejaron pagar de ésta forma.

En las calles había numerosos “mimos” de estos que se quedan inertes, muy originales, entre ellos una chica disfrazada de fuente…También estatuas de bronce, imitando algún oficio, como el de paparazzi o el de pocero. Precioso y muy francés el Palacio de la ópera, la Plaza de Armas, el antiguo Ayuntamiento y el nuevo, la torre de la catedral…sus viejos tranvías…

Tras comprar algunos recuerdos, nos volvimos a la parada del autobús, por allí nadie hablaba inglés y no sabíamos qué número tomar, al final tomamos el 80, sin tener claro, dónde bajarnos. En el autobús, una señora de unos 60 años, con un sombrero con flor, con aspecto de haber salido de un cuadro, se dirigió a nosotros en inglés con fuerte acento, y amablemente  nos indicó donde debíamos bajarnos. Contentos nos dirigimos de nuevo a Viena.

En Bratislava, como no hay salida al mar, es más típico comer carne, debido a la influencia de la próxima Hungría, se come gulash, es un guiso de carne, yo os pongo la receta española de toda la vida  de carne con patatas, que está exquisita.

Tenemos que rehogar en una olla con fondo de aceite, un diente de ajo y una cebolleta cortada en juliana, cuando se transparente la cebolla, echamos un tomate pelado y cortado en cuadraditos y lo rehogamos de nuevo, junto con una cucharadita de pimentón agridulce, tras esto incorporamos la carne de ternera ( 500 gr/4 personas) cortada en cuadraditos. Una vez hecha ésta, incorporamos las patatas peladas (a gusto, calcula una patata grande por persona) , lavadas, también cortadas  y en cuadraditos,  también una zanahoria pelada y cortada en círculos de 2 centímetros de diámetro, se da vueltas, se mezcla con un vaso de vino blanco y cuando esté todo rehogado, se incorpora agua que cubra todo el guiso, se dejar cocer a fuego medio durante una hora (pendiente si pierde agua, echar más), se sala y se sirve.

La carne roja no es lo más cardiosaludable, pero debemos incluirla en nuestra dieta, al menos cada 15 días, este mismo plato, pero cocinado con atún o bonito, en vez de ternera, es igual de delicioso, pero mucho más cardiosaludable.

Muy recomendable Bratislava, lástima que nuestra estancia fue muy corta, aunque es una buena excusa para volver.

Dedicado a mi hija Eva, tan lejos de mí en estos momentos, pero que siempre está tocando mi corazón.


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