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mayo, 2011


25
mayo 11

Los Toros Furtivos

        

Estando muy avanzada la Feria taurina de San Isidro, con la consolidación de José Mari Manzanares que salió por la puerta grande de Las Ventas, como ya sucedió unos días antes en La Maestranza de Sevilla donde hizo historia con el indulto de un toro,  y la de otras jóvenes figuras de su generación como Sebastián Castella o El Juli, parece conveniente tratar y recomendar algunos de los libros que versan directa o indirectamente el tema de la tauromaquia. Uno de ellos, con prólogo del académico Pere Gimferrer es el que le da título a este artículo, Los Toros Furtivos, del escritor y crítico taurino Javier Villán. Este volúmen, editado por Calambur, es una serie de irónicos relatos  con gran conocimiento del tema y buena pluma, en un estilo que recuerda a veces los esperpentos valleinclanescos y, en otros, la sabia literatura de José María de Cossío. En palabras de la crítica literaria Pilar Castro, estos textos “son,  para entendernos, su embestida y su estoque contra las prohibiciones que rondan la fiesta de los toros. Y son, frente a ella, la posición de quien decide dar respuesta al “abolicionismo antitaurino” sirviéndose de la exageración crítica de Rabelais y el magisterio de la ironía cervantina. En palabras de Gimferrer , que abre esta preciosa edición (ilustrada con mimo por Gonzalo Torné), en nombre de quienes no disimulan su descontento: ya que “debemos quedarnos en el callejón, el mejor burladero es el sentido del humor”.  El catalán Gimferrer hace una defensa a ultranza del libro, inteligente, argumentando los valores culturales de la tauromaquia diciendo que «Hay que responder al abolicionismo con las armas de Swift, de Rabelais, de Cervantes e incluso de Petronio. Éste es el camino elegido lúcidamente por Javier Villán».            

        

   

  

Otra pequeña joya es el libro del ilustrador gaditano Arturo Redondo,  que con el título de La Maestranza. Toros en Sevilla, es una deliciosa interpretación gráfica del costumbrismo y la imaginería taurina desde la talentosa mirada del dibujante y creativo autor afincado en la capital hispalense, editado por el sello Tres Editores. Repito que es una novela gráfica porque son sólo ilustraciones, sin más litertura, aunque con toda su connotación,  lo que su presentador, Fernando Olmedo explica diciendo que  “son libros “imaginados”, sin palabras, sólo de imagen,uno de los códigos de comunicación más abiertos que existen y también el más directo, inteligible, maleable y presente en la vida de hoy. El autor ilustrador apunta, el espectador-lector interpreta y lo ve a su manera, echando a volar su imaginación sin restricciones a partir de la imaginería de otro.”          

           

Existe una enorme tradición intelectual sobre la tauromaquia, más allá del exotismo que fascinó a Orson Welles o a Hemingway, que va desde los Machado a Unamuno, pasando por Federico García LorcaRafael Alberti, o José Ortega y Gasset. Uno de los poetas contemporáneos que más han defendido la tauromaquia desde la intelectualidad y la poesía es el maestro Antonio Hernández, natural de Arcos de la Frontera, cuya obra poética completa, con el título de Insurgencias,  se ha editado también por Calambur y presentado como se merece en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. Una de las cosas que más profundamente han calado en mi manera de concebir el mundo, y esto es extensible a mi interés por determinadas figuras de las artes y las letras, es el compromiso real, las apuestas en las que la vida se ha puesto encima de la mesa con cada línea o cada verso escritos. Apunto todo esto porque, aunque en algún momento de juventud, y  ahora que ya no lo soy tanto, algún malintencionado me colgó el San Benito de “niño terrible”-dándome en el palo del gusto en vez de insultarme porque adoré a Rimbaud desde adolescente-, calificativo que te endosan los acomodaticios, siempre me sentí atraído y fascinado por las personas, y los escritores en particular, que anteponen su honestidad a otros premios, en el sentido más extenso, de los que otros gozan con la condición de renunciar a la decencia y a sus principios. Entre estas figuras, también adornado por toda clase de atributos feroces, una de las más preclaras en coherencia y exigencia literaria que he seguido es la de este poeta arcense Antonio Hernández, Premio Nacional de la Crítica por el poemario ”Sagrada forma”. Huelga decir, aunque lo haré, que este es un libro en el que nada es gratuito, como acostumbra el poeta, mucho menos su título, que anuncia un fulgor de madurez poética, versos de desgarramiento hondo y verdad descarnada, de desnudez sin paliativos, brasa que se pueden permitir los que nunca usaron máscaras, y elaboraron su obra con la urdimbre de la belleza sin renuncias, que siempre resulta hiriente para  los que vendieron su alma a la nada. Los volúmenes recogen una vivísima y apasionada-incluso en el desapasionamiento-reflexión sobre el amor, la muerte y la soledad en la que Hernández vuelve la vista a sus querencias literarias y personales, sin pirotecnias, con el peso y la maestría que dan el talento y un alto oficio. Un ejercicio soberbio de sabiduría y sinceridad poética para disfrutar.      

 

                

            

  

         

  

        

   

      

  

     

  

    

  

   

  

  

   
 
 
 
 

 


16
mayo 11

Maestros de la Novela Histórica

Si este fuese un país serio, también en lo intelectual y en lo que a la cultura se refiere, algunos de los premios nacionales de narrativa habrían recaído, y no por casualidades o marchamos exclusivos de sus autores, en novelas de tema histórico. A menudo he observado, con estupor, como autores insignificantes, pegados al terruño localista de sus academias respectivas y con novelas olvidables, han sido erigidos como quintaesencias de la nada. No me malinterpreten, hay temas universales que parten de lo local, pero no todo el mundo tiene el genio y el talento de Federico García Lorca, por poner un ejemplo indiscutible,  para hacer de un suceso de la Andalucía rural como Bodas de Sangre, Yerma, o La casa de Bernarda Alba, un tragedia universal sólo comparable con los grandes trágicos griegos o Shakespeare. También es ostensible que, ni todas las novelas sobre la Guerra Civil  española están bien escritas, ni son premiables, ni siquiera veraces, aunque sea uno de los temas narrativos más claramente galardonado. De esta forma, mientras tenemos en nuestra tradición genios como el propio Cervantes, Galdós, Gabriel García Márquez o el recientemente Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa que han hecho de la literatura o novela histórica piezas irrepetibles y fundamentales de nuestras letras, observamos como desde los suplementos al uso y los foros más inusitados en voces supuestamente autorizadas encontramos discursos endebles sobre la novela histórica, como si Flaubert, Dostoyevski o Yourcernar, por ejemplo, no lo hubieran cultivado y gozasen de prestigio internacional. Hay otros países en los que sus autores históriccos son mimados y respetados como Alemania, con Gisbert Haefs,   Reino Unido con Linsey Davis, Umberto Eco en Italia, o Noah Gordon en EEUU, pero es lo que tiene esa mezcla de soberbia y desprecio de la excelencia que caracteriza a nuestro mundo intelecetual panhispano.

Mientras vemos como la noria y sus burros siguen girando en ella, recomiendo la última novela de Linsey Davis, con el título de Némesis, la XX entrega de su serial histórico de Didio Falco, con La Guía Oficial de Marco Didio Falco, ambos publicados por Edhasa, esta suerte de investigador romano que combina lo mejor de Poirot y de Marco Antonio, con una dosis de ironía indiscutiblemente marca de la casa de su autora. Yo tuve la suerte de conocerla en Zaragoza, en donde fue galardonada por toda su obra, y simpaticé con esta escritora anglosajona, absolutamente enamorada del mundo clásico que conoce en profundidad, sin dejar de ser crítica con ella y distanciarse de alguno de sus grandes personajes, por lo que pronto nos entendimos por el mutuo desprecio por el Emperador César augusto, a pesar de ser uno de los grandes césares de la historia. También la editorial Edhasa ha tenido la feliz idea de editar en tapa dura y cuidadamente la trilogía sobre Alejandro Magno que escribiría otra de las figuras indispensables de la narrativa histórica como fue Mary Renault. Aunque normalmente se han editado de forma independiente, esta autora londinense las concibió como un todo que ahora nos son presentadas con esta idea de continuo, con los títulos  Fuego del Paríso, El Muchacho Persa-la más conocida de todas-, y el último volumen, Juegos Funerarios. Un ejercicio de preciosimo y eficiencia narrativa que prueba que, en literatura, una buena historia, documentada y amena, no está reñida con la exigencia literaria y el rigor histórico. Más que recomendables.

         

En este mismo sentido recomiendo la novela El Maestro de Alenjandro de Annabel Lyon, que ha publicado Roca Editorial, y que viene precedida por algunos de los premios  internacionales de narrativa más importantes. De ella ha dicho John Boyne, el autor del best seller El niño con el pijama a rayas, que “evoca la antigüedad con un esplendor que no había visto desde Yo,Claudio”. Una novela apasionate sobre el héroe macedonio que conquistaría el mundo antiguo, y su mentor, un relevante y desconcertado Aristóteles que, a pesar de ser uno de los grandes pensadores de todos los tiempos debió agudizar su inteligencia para entablar empatía con aquel muchacho destinado a cambiar la concepción griega. También en Roca Editorial se ha reeditado toda la obra del escritor estadounidense Noah Gordon, en renovada y atractiva revisión, desde su ya clásico El Médico, o Chamán, pasando por La Bodega, su última entrega de ambientación española. Un narrador imprescindible para entender las evoluciones del género histórico en nuestros días, sin prescindir de una narración seductora y llena de acción. Me permito dejaros el enlace de la entrevista de Carlos Francino en su programa de radio a Noah Gordon, con motivo del 25 aniversario de la edición de su novela “El Médico”.

Entrevista a Noah Gordon en la Ser

 

 

  Permítanme agradecer también la mención especial que se me ha hecho en el Premio de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza por mi última novela, La Emperatriz Amarga, de la que acaba de salir la edición de bolsillo, de la que el jurado ha resaltado “su destacada recreación de la Roma de Adriano y Trajano, los dos césares hispanos, y su maravillosa visión intimista y lírica, así como la extraordinaria calidad literaria”. Agradezco a cada uno de ellos su elogio, sólo me ha faltado el premio, aunque confío en seguir contando con el galardón de los lectores que se fidelizan con buenas historias y exigencia. No olvidemos que, como aseguraba Lord Byron: “El mejor profeta del futuro es el pasado”. Conocer la historia, y más viviéndola con la lectura de una buena novela, debería hacernos tomar consciencia de los errores y los logros cometidos como especie y a definirnos por lo mejor de lo que somos, y no por lo más terrible. 

        

 


10
mayo 11

Vivir es ver volver

Decía el poeta Luis Rosales, del que se ha celebrado el pasado año 2010 el centenario de su nacimiento, que “vivir es ver volver”. Algo de esto, por no decir por completo, debe ser verdad porque todos los escritores, sobretodo los más grandes, acaban encarando el oficio de la memoria y de reencontrarse con la infancia y lo ya vivido. Esta revisión de la existencia, tan humana, ha dado como resultado algunas de las obras fundamentales de nuestra literatura o nuestro arte. Justo una semana antes de la Semana Santa, se presentaba en Madrid los Premios Primavera de la editorial Espasa, patrocinados por Ámbito Cultural de El Corte Inglés, y aseguraba su director, el escritor gallego Ramón Pernas junto a la directora editorial Ana Rosa Semprún, que con dicho premio se adelantaba un poco la primavera. En aquel jardín interior del Colegio de Médicos de Madrid, y junto al finalista, Alejandro Palomas,un emocionado Raúl del Pozo agradecía a su amiga Carmen Rigalt, que presentaba el acto, y a la presidenta del jurado, la veterana y Premio Cervantes de las Letras Ana María Matute, aquel galardón. Poco nos hacía sospechar a los amigos y lectores allí congregados que, tanto el finalista, con la novela El alma del Mundo, que decía “escribir siempre para establecer una conversación con la abuela”, como el ganador, con la obra El Reclamo, estaban viendo volver, estaban entregándonos un pedacito de su memoria y su infancia.                                                                                   

                          

 

         

 

Si Alejandro Palomas utiliza el recurso literario de una residencia de ancianos y los secretos de los mismos para adentrarse en su propia memoria, Raúl del Pozo utiliza el artificio de unos personajes de nuestra historia más negra y reciente, como fueron los maquis, para volver a los paisajes de la infancia de su pueblo de Mariana, en Cuenca, en un jercicio que roza a veces por lo lírico y  lo descarnado, lo poético. Hay quien ha dicho, de forma reduccionista que la novela “El Reclamo” era una historia de maquis, y no es cierto. Es una historia de los paisajes de la infancia, del desencanto de lo vivido y las victorias pírricas de sobrevivir porque su autor, uno de los más importantes periodistas contemporáneos, sabe que la memoria no es siempre exacta. Quizá por eso, el protagonista, llamado Julio, pero que no está seguro de serlo después de adoptar muchas otras identidades falsas, es también Raúl del Pozo que dice en la novela: “Porque, a veces, se construye sobre errores. La memoria es muy traidora, engaña. Eso de que lo tenemos todo almacenado en el cerebro como si fuera un disco duro es una estupidez. Almacenamos lo que podemos, lo que queremos selecionar”. Recordando a ese otro gran periodista y narrador, ya desaparecido, Miguel Delibes, Raúl del Pozo esboza unos recuerdos y una naturaleza estremecida, tan tierna y dura como nosotros, en el mundo rural, de los cazadores y pescadores, de la infancia, desmitificando su cariz paradisíaco y alumbrando sus aterradores y crueles aspectos. Su autor se baña en ese río de su memoria, que es también el de nuestra historia, como en el famoso cauce del filósofo griego, quizá porque la naturaleza da la posibilidad de una reflexión más serena de la vida, y en ese sentido dice: “Vuelvo a mi tierra después de tantos años y lo que me llama la atención es el cambio en la dimensión de los robles. Es una manera de fijar mi imaginación en las cosas más simples, en las menos conflictivas de los recuerdos”. Una obra estremecedora y emocionante, más que recomendable, escrita con el estilete de un autor curtido en el día a día de la crónica y la opinión periodísitica.

En ese ejercicio difícil de recuperación de la memoriaa, recomiendo también la novela de Juan Carlos Palma, “Bancos de Niebla“, de la editorial Paréntesis, una novela sorprendente que se construye también en la indagación de la memoria y la infancia, a través del recuerdo de un amigo trágicamente perdido. Una memoria que lleva al escritor, a través de sus cercanos personajes, a questionarse la vida con las grandes preguntas de las que, no siempre, se enecuentran respuestas precisas. Una obra inquietante, que apunta maneras de un autor en el camino de su propia voz.

 

                    

 

Para los interesados en las indagaciones de nuestra historia más reciente, recomiendo Dentro de WikiLeaks“, en Roca Editorial, de Daniel Domscheit-Berg, el colaborador directo del polémico y detenido Julian Assange, causante de los mayores quebraderos de cabeza a los gobiernos de medio mundo por desvelar sus secretos de estado. Una confesión interesante sobre las entrañas de esta investigación peligrosa y atrevida sobre la banca suiza, y la política interior de medio mundo. Otro de los apasionantes libros de la historia reciente recién salidos a las mesas de novedades son las Memorias de Tony Blair, que ha publicado La esfera de los Libros. En el mismo, con un amplio fondo fotográfico de toda su vida, narra en primera persona su andadura desde convertirse en el inquilino de Downing Street, hasta mucho más allá de dejar el cargo, pasando por los difíciles momentos que la monarquía pasó de pérdida de afecto del pueblo por las desavenencias de los Príncipes de Gales Charles y Diana, y su papel fundamental en las decisiones que volvieeron a acercarlos al pueblo con los funerales de Lady Di. Libros para todos los gustos y sensibilidades.  

 

 

 

 


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