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11 de septiembre, o el Fin de un Ciclo

 

Diez años han pasado desde que la atrocidad del atentado del 11 de septiembre sacudiera Nueva York y el Mundo. La historia, con su rostro más feroz se hacía presente a través de las pantallas de los televisores, con sus trágicas réplicas de Madrid el 11 de marzo y de Londres el 7 de julio. Las huellas son apreciables no sólo en el rostro de los supervivientes -que fuimos todos- sino que dejan ya su impronta en manifestaciones artísticas como el cine, la literatura o la pintura, como grito y testimonio de un hecho que no debe repetirse. Una de las exposiciones más impactantes de las que se vieron  en NY han sido la que organizó la  New-York Historical Society, con el título “Elegy in the Dust”,  “elegía en el polvo” que recrea minuciosamente una tienda sepultada por el desplome de las torres gemelas y que ha sido mantenida tal cual, inalterada, como testimonio inerte. Dice la periodista Elizabeth Rosner  que cuando oyó hablar de esta exposición, y luego cuando la vio “no pude evitar que aquellas prendas cubiertas de polvo, detenidas en el tiempo, me trasladarán a aquel otro montón de cabellos, zapatos, pares de gafas y sus estuches, desperdigados por los campos de Auschwitz. Apilados sobre el barro y cubiertos sobre el polvo de más de seis décadas”. Tal vez no es exagerada la comparación a la que lleva el fanatismo de cualquier tinte ideológico.

Como réplica de aquella exposición centenares de fotografías conmemoran desde el jueves día 8 en Nueva York el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en una ambiciosa exposición en el Centro Internacional de Fotografía (ICP, por sus siglas en inglés). “En este caso, la fotografía sirve como una herramienta para documentar y como un medio curativo”, aseguró en un comunicado el director del centro, Willis Hartshorn, sobre la exposición, que incluye imágenes con diferentes perspectivas sobre los ataques terroristas que conmocionaron al mundo hace una década. De las cinco partes en las que está dividida la muestra, que se titula “Recordando el 11-S”, el director destacó  “Los recuerdos permanecen: Objetos en el Hangar 17″, que recoge las fotografías que el español Francesc Torres tomó de los elementos que se retiraron de los escombros del World Trade Center, que se conservaron y catalogaron en un almacén en Nueva York. Tal vez uno de los homenajes más hermosos sea el de la cubierta conmmemorativa del prestigioso The New Yorker, que eligió la ilutración “Reflejos” de la artista española Ana Juan, un delicado ejercicio de talento y sensibilidad con una enorme fuerza. Premio Nacional de Ilustración y Medalla de Oro de la Society of Newspaper Design en dos ocasiones, la artista valenciana es un referente de la escena cultural neoyorkina de la Gran Manzana. La revista semanal estadounidense, considerada como la quintaesencia del periodismo y del buen gusto neoyorquino, tiene a esta autora como colaboradora habitual precisamente por su elegancia y exquisitez formal y conceptual. Preguntada Ana Juan sobre lo que quería decir con esta obra, respondía “Que las Torres Gemelas ya no existen físicamente, pero que su reflejo perdura, y que por eso siempre van a estar allí.”  Sin duda una de las grandes creadores españolas contemporáneas, en su mejor momento, con esa mezcla hechicera de poesía, conocimiento del oficio e inspiración, a tener muy en cuenta, y llamada a ser , aunque ya lo es, un nombre con mayúsculas de las Bellas Artes internacionales, que tenemos la suerte de disfrutar. 

 

Esta misma sensación de pesantez polvorienta impregnan las dos películas que se atrevieron a contar el asunto: “United 93”, del británico Paul Greengrass,  que se centra en el avión que los terroristas pretendían estrellar contra la Casa Blanca y cuyos pasajeros impidieron, haciéndolo caer antes, y  la del norteamericano Oliver Stone, “World Trade Center” que plantea su visión desde unos policías que quedaron enterrados entre los escombros de las torres y fueron liberados casi un día después. Ambas destilan, como es lógico, un tono épico, como un intento de insuflar ánimos en una sociedad lastimada y, aunque quizá Stone es más sentimental, no roza el patrioterismo de manual que podría suponerse.  Protagoniza la cinta Nicolas Cage y el guión es de Andrea Berloff  “uno de los mejores que ha caído en mis manos sin haberlo pedido”, explica Oliver Stone, ya que  “es simple y conmovedor”, quizá porque la crudeza de lo sucedido no necesita ni más espectáculo, ni más dramatismo que el que ya posee.  Stone apuntaba en una entrevista: “he abordado la cercanía de la muerte, algo en lo que no piensas hasta que te pasa, que tiene tanto que ver con el atentado de Nueva York como con el de Madrid”. Uno de los libros más interesantes al respecto es Osama Bin Laden y Al Qaeda. El fin de una era, del historiador Juan Avilés, publicado por la editorial La Catarata, en el que se reflexiona sobre lo que supuso para occidente este acto brutal, y las consecuencias históricas que aún hoy estamos padeciendo, en lo que es, a todas luces y en muchos ámbitos, el fin de una era o un cambio de ciclo.

            Las heridas de estas dos ciudades, Madrid y NY, fueron el eje temático de la magnífica exposición en el Torreón de Lozoya, Segovia, y que ahora viajan hacia la sede del Instituto Cervantes de NY,  del pintor Juan Carlos Martín de Vidales, maestro en el arte de la veladura, y del que dijo el poeta José Hierro: “es un artista cuya pintura anda aparentemente indecisa entre la figuración y el informalismo” . Tal vez este juego doble de realidad y abstracción hacen que a pesar de lo contundente de su temática y formas, en las que se funden los trenes y las torres de los dos sucesos, se diluya el dolor, dulcemente, como un bálsamo que desdibuja las aristas más sangrantes, que es lo que debe tratar de ser siempre el arte: memoria y cauterio para el alma.

         Las letras también se han desatado sobre el tema, en volúmenes de diverso cariz. Gerald Posner en su ensayo “Why America Slept” , “Holy War INC”, de Peter Bergen, o Noam Chomsky,  uno de los críticos más implacables de la política internacional americana, con el ensayo “11-9”, por el que ha sido tachado de antiamericano, entre otras decenas de libros. Triste conmemoración en cualquier caso, elegía sobre el polvo que ojalá sea la última, aunque los que destruyen lo vivo no respetan sus representaciones ni en los cuadros, ni en el cine, ni en las líneas que debieran hablar sólo de la vida.   Vivir es, cada vez más, un deporte de riesgo, o un milagro. No lo olvidemos, ni lo desaprovechemos.

 

  

 

6 comentarios

  1. Hola, Manuel. Qué buenas recomendaciones, tomo nota de ellas porque este es uno de esos acontecimientos que no dejarán nunca de interesar, fascinar y horrorizar.

    Me encanta la ilustración del New Yorker, enhorabuena a la artista…

    Yo estaba en NY unos días antes del 11S, ya que pasé aquel verano en un apartamento de Harlem. Recuerdo estar sentada bajo las torres comiéndome un sándwich y sin poder dejar de mirar hacia arriba porque simplemente me impresionaba la altura y el tamaño de la torres. El 11S estaba comiendo en Madrid con un compañero de trabajo, justamente él también había estado en NY y estábamos compartiendo la experiencia, y entonces nos quedamos asombrados viendo la tele… después volvimos a la redacción, ya que los dos trabajábamos en El Mundo, y te puedes imaginar el caos, la sorpresa, el desconcierto y las bocas abiertas de todos nosotros…

    Un abrazo y sigo leyéndote!
    Paloma
    http://blog.hola.com/siquiero/

    • Gracias querida Paloma por tus palabras, y por compartir con los demás tus vivencias del 11-S. Creo que todos quedamos marcados, de una forma u otra por aquel hito histórico. Me alegra que te guste Ana Juan, yo creo que es un gran talento, afortunadamente reconocida fuera y dentro de nuestro país

  2. Fantástica Ana Juan y fantástico tu final. Gracias por las acertadas reflexiones y por estas recomendaciones.
    Un fuerte abrazo.

  3. Precioso homenaje, esos días y esas imágenes (de Madrid, New York y Londres) no se borrarán jamás de nuestras retinas, como una huella indeleble en nuestra memoria y nuestro corazón. Afortunadamente no sólo existe el horror en el mundo y contamos con la cultura y con artistas de la talla de los que mencionas en tu artículo y tú mismo, que generan belleza y poesía, como el bálsamo y el elixir insustituible del alma. Gracias por tus recomendaciones y por tu blog. Un saludo!

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