Carmen Posadas ha publicado de la mano del grupo Planeta su último libro: “El testigo invisible”. Sus novelas han recibido numerosos premios y han sido traducidos a varios idiomas, pero éste, según mi mujer, Marta Pino, es una de sus mejores obras. Lo leyó en un día, eso sí, hasta las cuatro de la mañana. Unas horas que afirma le han compensado por el interés histórico del trabajo literario, sumergiéndose en el fascinante y desconocido mundo de la familia imperial rusa, y por la perfección de su relato, describiendo magníficamente a los personajes, entre ellos a Rasputin (Grigori Efemovich), un gran desconocido para todo el mundo a pesar de lo mucho que se ha hablado de él. “Era un Santón. En Rusia, existía mucho esa figura”, apunta Carmen. “Dedicaban su vida a Dios y eran consultados con frecuencia por el mismo Tolstoi. Y en el caso de la última zarina, la acompañó y aconsejó en numerosas ocasiones, incluso era a quien llamaba cuando su hijo sufría alguna de sus crisis”.
La historia es relatada por Leonid Sednev, deshollinador imperial y más tarde pinche de cocina, que fue liberado el 17 de julio de 1918, día en que fue asesinada brutalmente la Familia Imperial rusa, el zar Nicolás II, su mujer y sus cinco hijos, por orden del comandante carcelero Yakov Yurovksi.
E.F. ¿Esta historia la has escrito influida, en cierto modo, por tu vida y boda en Rusia?
C.P. Se puede decir que sí, porque mi padre fue embajador en Rusia. Pero la época que yo viví era como sacada de una novela de espias. Al poco tiempo de casarme, mi casa continuaba siendo un desastre, sin luz, sin agua…Hasta que un día mi madre, que era muy hábil, habló con una chica del servicio en el salón donde estaban colocados los micrófonos. Después de alabar a Rusia, le contó la situación en la que me encontraba yo en mi vivienda y, al día siguiente, me solucionaron todo.
E.F. ¿Y es cierto que tu ramo de novio lo depositaste en la tumba de Lenin?
C.P. Sí (risas) Pero el motivo por el que lo hice fue por la enorme fila de personas que había en la Plaza Roja para ver su cadáver. El único modo para pasar fue la promesa de que mi intención era llevarle mi ramo como ofrenda.
E.F. ¿Qué ocurrió con Sednev, el protagonista secundario de la historia?
C.P. Fue liberado el mismo día de la matanza por una llamada de Yurovski, que le dijo que un tío suyo había venido a buscarlo desde San Petesburgo. Se cree que dejó escritas unas memorias, pero no qué ha ocurrido con ellas. Y también se desconoce si murió en las purgas de Stalin o escapó a Sudamérica. Yo me quedo con esta última versión. Miles de rusos llegaron a Uruguay después de la revolución bolchevique y existe una colonia en el departamento de Rio Negro, donde viven la mayoría de sus descendientes.
E.F. ¿Es cierto que los Romanov protegían a los suyos?
C.P. Sí. Muchos han escrito diarios, pero no se ha llegado a ver ninguno de ellos.
E.F. La escena de la matanza es aterradora, ¿es cierta?
C.P. Así fue. La parte donde las hijas del Zar no mueren y tienen que rematarlas con las bayonetas es debido a que llevaban ocultas bajo sus ropas todas las joyas y eso impedía que las balas las atravesaran.Quien se salvó fue una íntima amiga de la zarina, Ana Vyrubova, a la que acusaban de ser amante de Rasputin y que se salvó tras demostrarse que era vírgen. Años después, moría en Alemania.
E.F. ¿Qué sucedió con Rasputin?
C.P. Murió tal como había pronósticado: torturado. Cuando quemaron su cuerpo y se dobló, los rusos, que son muy religiosos, pensaron que era un presagio de mala suerte, pero se demostró que la explicación era otra.
E.F. ¿Y qué ha sucedido con la Familia Imperial rusa?
C.P. Curiosamente, todos han sido santificados y se construyó, en el año 2000, el monasterio de Ganina y Yama en su recuerdo.
En resumidas cuentas, “El testigo invisible” es una novela histórica muy interesante y un exitoso trabajo en el que su autora ha tenido acceso a documentos confidenciales e inéditos del FBI, que han permitido conocer una versión distinta del asesinato de Rasputin, en cuya muerte se insinúa podrían haber estado involucrados los Servicios Secretos Británicos.











