Asistí invitado por el Ayuntamiento de Barcelona, que ha sido un importante patrocinador de esta edición del Trofeo, y también fui invitado por el Conde de Godó.
El Conde de Godó, en esta foto junto a Marius Carol, recibió el día 22, en un acto presidido por S.S.M.M. los Reyes, la Placa de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo 2009, concedida al Trofeo Godó.
Previamente, S.M. el Rey había aceptado la Presidencia de Honor del Barcelona Open Banco de Sabadell, 57º Trofeo Conde de Godó.
S.A.R la Infanta Doña Cristina y su esposo el Duque de Palma de Mallorca fueron recibidos, a la entrada del Village, por el Presidente de la Generalitat, el Alcalde de Barcelona, el Conde de Godó, Albert Agustí, Presidente del Real Club de Tenis Barcelona y un grupo de patrocinadores, entre quienes hay que destacar a Josep Oliu, Presidente del Banco de Sabadell, que era el sponsor principal.
Yo solo pude asistir a los partidos en que jugaba Rafa Nadal, de quien soy, como tantos millones de personas, un fan incondicional. Pues si Rafa es grande como tenista, como ser humano es inmenso. Siendo un fenómeno mundial, con tan solo 22 años, es de una sencillez y un equilibrio mental admirables.
David Ferrer, tras deshacerse del chileno Fernando González, demostró ser un fantástico tenista y un muy duro contrincante en la final contra Nadal. De no haberse cansado tanto el día anterior, hubiese podido quedar campeón del Trofeo.
En la gran final, y por quinta vez, como ocurrió también en Montecarlo, el vencedor fue Rafael Nadal, en esta foto junto a S.S. el Principe Alberto de Mónaco.
Yo contemplé, con mucho interés, la final desde el palco de Bru&Bru, acompañado por Antonia Dell’Atte, a quien tuve que reprimir en varias ocasiones pues es una espectadora italiana tan efusiva y entusiasta, que estuvo a punto de saltar a la pista para dar ánimos a los tenistas.
El raquetazo de la victoria puso en pié a todos los espectadores, y también a los invitados de la tribuna presidencial.
El Trofeo fue entregado por S.A.R. la Infanta Doña Cristina y el Conde de Godó.
El Trofeo de plata de ley, que Rafa alza triunfalmente después de morderlo, pesa unos 13 kilos, y fue diseñado en 1953 por los joyeros Soler Cabot.
Tras unas amables palabras de David Ferrer, empezó la ducha de cava Segura Viudas.
Ducha de la que no se libró alguno de los 80 recogepelotas, elegantemente uniformados por Hugo Boss.
Cuando ví que Rafa se empezaba a desnudar para zambullirse en la piscina, como es tradición en el Godó, yo me despedí de Antonia y regresé a casa en moto, y bajo la lluvia para, escribir este interminable post.
Pero el Trofeo Conde de Godó es mucho más que una competición deportiva. El Godó es también un importante acontecimiento social. En el Village, con una imagen renovada, y en el restaurante, servido por el catering de Prats i Fatjo, me crucé con políticos como Rajoy, Jordi Hereu, Montilla, Jordi Pujol, Maçia Alavedra, Alberto Fernández Diaz, Katy Carreras, Alicia Sánchez Camacho, Artur Mas; banqueros como Carlos Tusquets; actores como Santi Millán, Carles Sans, Adrià Collado, Sergi Mas, Josep Linuesa; personalidades del mundo del deporte como Joan Laporta, Stoichkov, Gemma Mengual, Emilio Sánchez Vicario, Josep Lluis Nuñez; artistas como Lorenzo Quinn; cantantes como Josep Carreras y Tamara; empresarios como Higinio Raventos y Josep Mª Puig; joyeros como Esteve Rabat y el matrimonio Tous; y del mundo de la moda Rosa Clará, Peter Aedo, Luis Sans y Paco Flaqué; Relaciones Públicas como Javier Escobar, Conchita Vilella, Paco Caro y Mahala Alzamora; directores de cine como Bigas Luna; y María Zurita, Boris Izaguirre y muchos más.
ALBUM DE FOTOS
Marisa Falcó, Condesa de Godó, es la presidenta de honor de la Fundación Pequeño Deseo, cuyo objetivo es cumplir los deseos de niños enfermos de mal pronóstico.
Völkswagen se encargó del transporte, coordinando todas las movilizaciones de jugadores y organización. Además, en su stand, se plantaban árboles, pues Völkswagen y la Fundación + Árboles quieren darle un respiro a nuestro planeta. Yo también planté, allí, un árbol por encargo de Kiko Morer. En breve empezarán a plantar en el Parque Güell.
Como no es fácil fotografiar a los hermanos Carlos y Ana de Godó, he puesto una foto que les hice otro año.
Luisa Sallent, Juan Antonio Samaranch, Jordi Pujol y su esposa Marta Ferrusola.
Gemma Mengual y Feliciano López.
Los gemelos Mike y Bob Brian con las pelotas solidarias del Banco de Sabadell. Este año las pelotas de tenis eran de la marca Dunlop Fort Elite.
El diseñador Peter Aedo y Antonio Villasclaras, conmigo.
Lorenzo Quinn con su esposa Giovanna.
Josep Carreras recibido por Albert Agustí.
Rosa Oriol de Tous y Susana Palatchi, de Pronovias.
El director de cine Bigas Luna y el actor de Tricicle Carles Sans, conmigo.
Mercedes Arnús de Gaudier y Javier Escobar.
Fernando Verdasco con la nadadora Mireia Belmonte. Verdasco fue elegido Jugador 10, por la Asociación de Periodistas de Tenis.
Ana Bru y el Presidente de la Generalitat en la carpa-restaurante. Detrás Victoria Quintana de Oliu.
El matrimonio Tous con la Duquesa de Montoro.
Rafa Nadal firmando autógrafos a los niños Urdangarín.
Una noche en el Pacha de Ibiza le pregunté a Rafa por ese continuo “pellizcarse el calzonzillo”.
Y me contestó que un 50% era debido a un tic y el otro 50% a una cierta incomodidad.
Aristóteles dijo: “La mano es el instrumento de los instrumentos”.
Fotos: Carlos Martorell, Orbyce Comunicación, Jordi Martin. Via Flickr: photojordi.com.









El lema parecía creado para la ocasión, pues los premiados eran de varias nacionalidades. 
Colaboró con Boris la actriz Àngels Gonyalons. Hace unos días presencié las magníficas actuaciones de Àngels y Emma Vilarasau, en el Teatro Romea. 
















Al despedirme, Alejandra me regaló una vela perfumada de la marca.









En un mundo lleno de agresividad, violencia y guerra, es lamentable que se haga mofa de ese famoso slogan hippie.
El hecho de instalarme en Ibiza, a final de los años 60, coincidiendo con el movimiento hippie, cambió mi vida por completo. Y le estoy muy agradecido a esa contracultura. El cambio fue impresionante. Yo era un jóven encorbatado, estudiante de Derecho en la Universidad, y vivía con mi familia, disfrutándo de todo el confort que me proporcionaba.
Aquí estoy, en la Feria de Muestras de Barcelona, enseñándo unos productos de la empresa Aerosol Ibérica, al Ministro José Sólis Ruiz, y al Gobernador de Barcelona, Tomás Garicano Goñi. Curiosamente, unas semanas más tarde, fui detenido, a punta de metralleta, en una manifestación estudiantil, y tuve que pagar una multa muy elevada. Era el año 1966.
Y aquí, en esta foto de la fotógrafa Tana Kaleya (yo, en alto en el centro). Era el año 1969. El movimiento hippie no fue un movimiento de memos. Se originó en el distrito de Haight-Ashbury, en San Francisco. Y fue un movimiento contracultural, pacifista, hedonista y ecologista, que aportó una explosión de libertades, color y alegría de vivir a toda una generación. Importantes intelectuales como Aldous Huxley o Timothy Leary fueron alguno de los ideólogos que predicaron esta filosofía de vida alternativa.

En esa época irrepetible se compuso una música de rock psicodélico y folk contestatario, del nivel de Pink Floyd, Rolling Stones, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Donovan, The Who, Crosby Stills & Nash, o Bob Dylan, entre tantísimos otros.
Y no hay que olvidar el musical Hair, estrenado en Broadway en 1967, en el que algunos actores salían a escena a cantar totalmente desnudos.
Esa música se escucha hoy día, con mucho éxito, en las fiestas Flower Power.
Paz Vega, en el Flower Power Vip de Pacha.
Josep Sandoval, de la Vanguardia, coincidió en un Flower Power Vip con Valentino y Elle Macpherson, y lo reflejó en este artículo. En aquellos años, se experimentaba con drogas muy puras. Se hacía de ellas un uso recreativo, y se consumían de manera calculada e inteligente, como sacramentos, para expander y deshinibir la mente. El consumo de alcohol, heroína y cocaína no estaban muy bien vistos. En la busqueda de una espiritualidad alternativa, se estudiaban religiones orientales y nuevas técnicas de relajación.
En Ibiza formabamos un grupo de ovejas negras, pero comparados con los elementos que corren hoy día por la isla, y que llegan en rebaño, eramos unos corderitos. Habíamos escapado de nuestras familias, para inventarnos una nueva, cosmopolita, democrática y sin represiones.
De las personas solo nos importaban las buenas vibraciones que emanaban. Y nos era indiferente si se trataba de mayores, jóvenes, ricos, pobres, famosos o perdedores. No conocíamos los apellidos, y los americanos nos ponían motes a todos. A mí me llamaban Blue Eye Charly. Y decían que me parecía a Bob Dylan. Este es Bob Dylan.
Y este soy yo.
Yo vivía en el campo, en una antigua casa sin electricidad, iluminada por muchísimas velas.
Y uno de mis mayores placeres era ducharme con agua de lluvia, utilizándo una rudimentaria ducha-regadera, que colgaba con unas poleas de un almendro. La revista Iterviu me dedicó varias páginas, y a Sergio Makarof, autor del reportaje “La llave de un paraíso”, le hizo gracia ver como funcionaba mi artilugio.
Durante el día, mi vehículo era un caballo. Y el nudismo era algo natural y deshinibido, aunque muy perseguido por la Guardia Civil. A mí, debido a la severa educación que había recibido, me costó un poco acostumbrarme.
El invierno, en la Ibiza virgen, era casi mejor que el verano, a pesar de la humedad que calaba en los huesos. En la foto, Silvia Alexandrowitch y yo estamos llegando a Salinas, un día de mucho frío.
Por eso, un año, me dió por dejarme barba. Algo que mi padre, mientras viví bajo su techo, me tenía totalmente prohibido.
Se proclamaba el amor libre, sin inhibiciones, pero se le asignaba al sexo una importancia espiritual. Para los hippies viajar y conocer otras culturas era fundamental. El libro On the road, de Jack Kerouac fue una de las “Biblias” del hippie. Gracias a los maravillosos años que yo viví en la Ibiza hippie, y gracias también a los exóticos viajes que emprendí, entonces, por Asia, Africa, Suramerica y Estados Unidos, mi vida cambió por completo. Puedo afirmar que ser jóven y contestatario en los años 60 fue todo un privilegio.
Aquí estoy en una feluca, con Ricardo Bofill, remontándo el rio Nilo, a la altura de Assuan. El director de cine Barbet Schröeder, fue uno de los responsables de promocionar la Ibiza hippie, con su película “More“. La banda musical corrió a cargo del grupo Pink Floyd.
Yo conocí a los componentes de Pink Floyd durante su estancia en la isla, en el año 1969.
A Ibiza llegaban muchos músicos; y también artistas, artesanos, aristócratas, escritores y algún que otro delincuente. Ibiza era una interesante coctelera variopinta. Y nunca he vuelto a ver a tanta gente guapa, junta, en mi vida.
Cuando el director Roman Polanski compró una casa en la isla, organicé una cena en el restaurante”Domingo”. Entonces, Silvia Alexandrowitch y yo eramos inseparables.
El Príncipe Ernst Von Hannover, era simplemente: Ernst. Su paso por la isla fue de lo más discreto. Aquí estamos en el patio de mi casa de San Carlos.
Y hablando de artístas: Aquí estoy con el famoso falsificador de cuadros impresionistas Elmyr De Hory. Orson Welles rodó en Ibiza la película “F for Fake“, un reportaje sobre este fascinante personaje.
La drogadicción aumentaba de forma escandalosa. Y casos muy desagradables como la masacre perpetrada por la familia Manson, las comunas descontroladas, o el confundir hippie con vago que no se ducha, ensuciaron la reputación de aquella filosofía de vida alternativa.









Como si fuese una vergüenza llamarse Pérez, Fernández, González, o Rodriguez, los medios informativos eliminan por sistema esos, tan hispánicos, apellidos paternos de nuestros políticos.
Por esta misma regla absurda, a Jordi Pujol, a Felipe González y a Mariano Rajoy deberíamos llamarles: Jordi Soley, Felipe Márquez, y Mariano Brey.
.
Una simple ex-modelo, como Carla Bruni, recibió al matrimonio Obama en un perfecto inglés. Y yo, un simple Relaciones Públicas, hablo 5 idiomas, que son las herramientas necesarias para mi trabajo, mis viajes y mi cultura. ¿No podrían hacer lo mismo nuestros políticos?
Mi amiga es muy exquisita, y dijo haber preparado, para cenar, un plato muy especial: “Sorpresa de Nabo”. Un manjar del que afirmó haberse inspirado, curiosamente, en un mural del Metro de Moscú.
Uno de los hijos de mi amiga es modelo. Y su madre le da sabios consejos para paliar la crísis: -Hijo, no compres drogas. . La crísis se ha cebado también en el joven modelo, y se ha visto obligado a publicitarse en oferta, en una revista de reparto gratuito. 



Unos años más tarde, en 1979, Sofia Loren llegó a Barcelona para promocionar su libro “Vivir y amar“, en el Corte Inglés, donde llegó a firmar 1.117 libros. La Loren iba acompañada por su secretaria y por su amiga, y vecina de apartamento en Paris, también llamada Sofia, esposa del Principe Fernando de Baviera. Las protegía un ejercito de guardaespaldas. Tras varias y exhaustivas horas dedicadas a la firma de su libro, Sofia Loren fue recibida por una multitud de invitados, fans y periodistas en el Hotel Ritz.
Yo, entonces, vivía en Ibiza y, cuando iba a Barcelona para ver a mi familia, me instalaba en el Ritz. Debido a la gran amistad que tenía con Antonio Parés, Presidente del lujoso hotel, solo me cobraban la símbólica cantidad de mil pesetas diarias. ¡Un auténtico chollo!
Dos días antes de la llegada de la famosa actriz italiana, Antonio Parés me pidió que, en su nombre, entregase un ramo de rosas a Sofia Loren, durante la recepción que, si no falla mi memoria de elefante, pues ha pasado la friolera de 29 años, tuvo lugar en el Salón Imperial del hotel.
Antonio Parés aceptó con cierto recelo, pues no estaba al corriente de aquella película. Y cuando irrumpí sobre el estrado con aquel embutido tamaño XXL, dos guardaespaldas se abalanzaron sobre mí, creyéndo que la mortadela era un artefacto explosivo. Alguien de entre el público, al retirarse bruscamente, hizo pedazos un valioso jarrón ochocentista. Por suerte la Princesa de Baviera vino corriendo en mi ayuda. “Tranquilos. Es un amigo. Un compañero de colegio“, dijo poniendo su mano sobre mi hombro.
