Hace muchos años que escribo maravillas de Nueva York en distintos medios y, por el contrario, soy muy crítico con mi ciudad natal: Barcelona. Por una vez quiero resaltar unas cuantas deficiencias de la ciudad de Nueva York. Problemas que no tenemos en la ciudad de Barcelona.
Imagino lo difícil que puede ser la retirada de basuras de una ciudad llena de rascacielos. Cada día se acumulan en las aceras auténticos montículos de bolsas, que pasan a ser cotidiano mobiliario urbano durante las 24 horas del día. Pues cuando retiran unas ya se depositan otras.
Este problema, en verano, es mucho más grave. Debido a las altas temperaturas el hedor es insoportable.
Ver Nueva York nevado es una maravilla. Todo parece impoluto bajo ese gélid0 manto blanco y espojoso.
Pero, a las pocas horas, esa blanca maravilla se convierte en una resbaladiza pasteta gris marengo, que pone en evidencia la suciedad y la polución de las calles. Por suerte, en Barcelona, no nieva nunca, o en rarísimas ocasiones.
En las esquinas, justo en los pasos de peatones, se forman unos enormes charcos de agua oscura con hielo, y si no llevas el calzado adecuado, que te cubra muy por encima del tobillo, se te empapan y congelan los pies y se te estropean los zapatos. Y esta porquería dura muchos días. Y si vuelve a nevar, ¡ya ni te cuento!
No es de extrañar que el asfaltado de todas las calles y principales avenidas de Nueva York esté lleno de baches, grietas y socavones. Y en el insoportable calor de julio y agosto, se derrite el asfalto, y el alquitrán se te engancha en la suela de los zapatos.
Los taxis son conducidos por paquistanís, indios, turcos, y conductores de otros países exóticos. No soy nada racista. Mi queja se debe a que la gran mayoría de estos taxistas solo chapurrea el inglés, y necesita el GPS para encontrar una dirección, incluso en el centro de Manhattan.
Hablan por teléfono mientras te llevan a destino a toda velocidad. Muchos taxis huelen que apestan. Y, si ven que eres un turista, se hacen el tonto y no te devuelven el cambio. Y hay de tí si no les das propina. Yo siempre les doy propina, pues ya me conozco el tema.
Pero, si un taxista no te abre la puerta, ni te ayuda con una maleta, ni es amable respondiéndo a tus preguntas, o hace algo especial por tí, ¿por qué razón hay que darle propina obligatoria? ¿Se le da acaso propina al carpintero, al fontanero o la dependienta del supermercado, que hacen mucho más?
Aunque parezca increíble: en Nueva York no hay radio-taxi. Cuando llueve o nieva te fastidias y si no encuentras un taxi libre (algo casi imposible) caminas o, como hice yo valientemente, te subes a un triciclo, que te cobra entre 40 y 50 $, y te juegas la vida viendo como te adelantan coches y camiones, a toda velocidad, sobre un asfalto helado y resbaladizo.
Nosotros, en Barcelona, tenemos un estupendo servicio de radio-taxi. La ciudad dispone incluso de una plantilla de confortables y limpios taxi-mercedes. Y somos pioneros en el servicio de taxis exclusivos para mujeres.
Otra opción en Nueva York es tomar el metro. ¡Y vaya opción más cutre!
Ya el acceso da verdadero asco. No hay escaleras mecánicas. Son angostas y sucias.
Los vagones están todos pintarrajeados y sucios.
Las estaciones enmohecidas y llenas de desconchados.
Las vias son un vertedero de basuras.
Y se ven ratas del tamaño de un conejo.
Y ahora, para colmo de desgracia del ciudadano neoyorkino, van a suprimir dos líneas, pues el metro de Nueva York tiene un déficit de 383 millones de dólares.
En Nueva York no se invierte en infraestructuras.
En Barcelona, por el contrario, se están inaugurando nuevas líneas.
Las entradas y escaleras mecánicas del metro de Barcelona son la envidia del suburbano de Nueva York.
Las nuevas estaciones son espaciosas, están limpias, y bien mecanizadas e iluminadas. ¡Viva Barcelona!
Y cambiando de tema:
Estas Navidades, American Airlines me perdió la maleta. Llegué a NY con lo puesto, y así pasé unas 30 horas. Y con la paranóia de no volver a ver mi equipaje nunca más. 30 horas más tarde me devolvieron la maleta, con el cierre roto, la ropa toda revuelta y arrugada, y 6 valiosos regalos de Navidad, para mis amistades de Nueva York, robados.
Y tuvieron la caradura de poner en mi maleta una etiqueta que decía: PERFECT DELIVERY. (Entrega perfecta) ¡Manda huevos! Nunca más American Airlines, a quien dedico mi NERÓN ROJO.
Deberían ponerse cámaras en las zonas internas de facturación de equipajes y aduanas. El personal dispone de escáners y roban de todo de las maletas. Especialmente regalos bien empaquetados. Es escandaloso.
Cuando fui a facturar en America Airlines, de regreso a Barcelona, el día después de la gran nevada, y con un frío impresionante, nos hicieron facturar en la calle.
Yo tuve que hacer una lenta cola, que servía para todos los destinos de American Airlines, con unas 600 personas. Tomé una foto, pues el hecho me pareció increible e inhumano. Había niños pequeños y ancianos muertos de frío.
Después de hora y media en la cola, me pesaron la maleta en plena calle y, cuando le comenté al facturador de equipaje que a la ida me habían perdido la maleta, me dijo, mientras depositaba mi equipaje en la cinta: Es que aquí hay que dar propina. Y se la tuve que dar, al muy cabronazo, para que no enviase mi maleta a Pernambuco.
Durante el vuelo pusieron aire acondicionado muy frio y viajamos con los abrigos puestos. Y no hicieron caso de las quejas. Una azafata llevaba una manta sobre los hombros.
Los auriculares, que se dan gratis en estos vuelos, aquí los vendían. Anunciaron la proyección de dos películas y no pasaron ninguna. Y a la salida una azafata pedía denero para una Fundación ¡A la mierda American Airlines!
Por suerte esto me ocurría unos días antes de las nuevas normas de seguridad en los aeropuertos, y no tuve que pasar por los vergonzosos nuevos controles que te obligan a estar en el aeropuerto unas 4 horas antes del vuelo.
Los controladores de los escáners corporales se van a divertir de lo lindo.

Y todo por culpa de la obsesión de los gobiernos de los Estados Unidos por ir a guerrear y probar su armamento en países del tercer mundo, que luego se vengan con un atroz terrorismo. Parece que no les sirvió de nada la lección de Vietnam, ni la más reciente de Irak.
Menos invertir en armamento destructivo y más invertir en infraestructuras, como escribió el Dr. Xavier Sáez-Llorens en “Gigante con pies de barro”. Y los sumisos Presidentes europeos, con tal de no negarle nada al “Emperador” de turno americano, colaboran enviando tropas, “con fines humanitarios y pacíficos”, con lo que únicamente se consigue exacerbar el ansia de venganza y destrucción de los malditos terroristas.
No me extraña que haya tanto loco suelto.
Fotos: Carlos Martorell.