Tumbado en mi cama presencié la XXIV edición de los Premios Goya de la Academia de Cine, que tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Madrid.
Pero no voy a hacer crítica cinematográfica, sino estética. Ya que, en muchas ocasiones, he ejercido de director artístico en sesiones de fotografía, y tengo una visión un poco influenciada por la deformación profesional. Todo lo que veo me gusta mejorarlo.
El acto fue presentado con mucho éxito de audiencia por el showman Andreu Buenafuente. Me encantó el efecto especial de la cascada de agua lanzada sobre este presentador.
Cuánto gustan, tanto a los presentadores como a los políticos catalanes, las camisas negras, o muy oscuras, que favorecen muy poco, y recuerdan a las camisas fascistas. En esta edición hubo demasiada camisa negra.
Por el contrario, el Presidente de la Academia de Cine, Álex de la la Iglesia, dio el ejemplo con un elegante y protocolario esmoquin.
Su discurso-riña fue muy interesante. Entre otras cosas, sugirió que los galardonados evitasen esas dedicatorias blandengues: “Se lo dedico a mi mami, a mi papá, a mi yaya, a mi amigo/a que me hace tan feliz. ¡Te quiero!…etc.,etc…”
“Celda 211″, de lejos mi favorita, fue la gran triunfadora de la noche, consiguiedo 8 muy merecidos Goyas, pues es una gran película.
Rosa Mª Sardá, con mucha gracia, entregó el Goya a Daniel Monzón, director de “Celda 211″, que vistió un discreto traje y corbata negros, como muchos de los premiados.
Este look es como el uniforme que llevan los azafatos, que contrato para los eventos de relaciones públicas que organizo. El gran actor Luis Tosar, protagonista de “Celda 211″, vistió así.
Igual que su director, a quien besó efusivamente. Por lo menos, ellos, llevaban bien sujeto el nudo de la corbata. No como otros…
El actor Mario Casas fue uno de los muchos que llevaron flojo el nudo de la corbata. Una moda desaseada, que te hace parecer trasnochado.
El segundo triunfador fue Alejandro Amenábar con Ágora. El joven director vistió un esmoquin y camisa, con generosa botonadura, todo diseñado por Dsquared2.
Por suerte hubo varios hombres vistiéndo esmoquin, la prenda de gala que hay que llevar cuando las mujeres visten de largo.
Y como siempre se juzga la vestimenta de las mujeres, que son las que más se esfuerzan, yo voy a fijarme en el look de los hombres.
El actor Miguel Ángel Muñoz dio buena imagen.
Al igual que José Coronado, junto a la ex-presidenta de la Academia Aitana Sánchez Gijón, vestida por Alberta Ferretti.
En una gala cinematográfica no hace falta ser tan tradicional y se puede ser creativo con el esmoquin.
Como hicieron Santi Millán.
Y Jordi Mollá, que hubiese estado mejor con lazo que con una corbata mal anudada.
La versión esmoquin del diseñador Moschino, con vaqueros y camisa negra, entre cowboy y chulo, que llevaba Eduardo Noriega no me gustó.
Y para mal gusto el de Andrés Pajares.
Oscar Jaenada, de rosa, camiseta y sombrero Borsalino, iba perfecto para un concierto de rock. Pero no fue el único osado.
Bimba Bosé, fiel a la tradición familiar de colorearse de pies a cabeza, se atrevió con un modelo de David Delfín. Un look muy divertido, como si se hubiese caído en un bote de pintura amarilla.
La falta más absoluta de respeto a esta Gala de la Academia la protagonizó Guille Milkyway, al recibir el Goya a la canción original, en manga corta. Al verle, se me puso su misma cara de asco. Al luto riguroso, incluso en las camisetas, se apuntaron muchos:
Pedro Almodovar hizo una aparición sorpresa, para reconciliarse con la Academia.
Raúl Arévalo optó por el negro, hasta para la flor que lució en el ojal de su chaqueta. También hubo mucho descorbatado.
Alberto Ammann, actor revelación, al llevar abrochado el cuello de la camisa, parecía que se había olvidado de ponerse la pajarita.
Me sorprendió ver que Andreu Buenafuente, adicto a las camisas oscuras, apareciese con una camisa blanca. Era para que se viese la mancha de sangre de su show final. En el que, en broma por supuesto, llamó cabrones a los asistentes a la Gala.
Pero no fue este el único taco. Algunos galardonados, al recibir la estatuilla, decían: ¡Joder!, ¡Hostia!, ¡Coño!, o ¡Si la cagas!, entre otras lindeces. Tacos innecesarios que restan categoria a los premiados.
Del mismo modo que decir: “Una peli”, le quita categoría al laborioso, difícil y caro trabajo de hacer una película. No lo soporto y me suena cursi.
Las mujeres se esforzaron mucho más con la vestimenta.
Penélope Cruz, me gustó mucho, con un diseño vintage del fallecido Gianni Versace, y joyas de Chopard.
Un conocido comentarista de moda dijo: “Era la única bien peinada”. Y, realmente, hay que decir que muchos peluqueros desfavorecen, en ocasiones, a estas bellezas.
La bellísima Paz Vega, por ejemplo, hubiese estado mejor con un moño menos voluminoso. Paz iba vestida por Hannibal Laguna.
Siempre me ha gustado mucho Goya Toledo, pero podrían haberla peinado mejor. Parecía que llevaba una peluca. Y la melena muy larga, con raya en medio, hace efecto cortina.
María Reyes, con el famoso perro Pancho, parecía una hermana de Marge Simpson. Hubo otras actrices bien vestidas, de las que no se han publicado muchas imágenes.
Como es el caso de Marisa Paredes. Siempre impecable, discreta y elegante. Vestida, en esta ocasión, por Roberto Torretta.
O el de Cayetana Guillén Cuervo, con un espectacular Oscar de la Renta.
Y finalizó la fiesta, con mucho éxito.
Pero no puedo acabar sin mencionar el momento tan emocionante en que Álex de la Iglesia hizo entrega del Goya de Honor a Antonio Mercero, en su casa, pues no pudo asistir a la Gala por padecer esa enfermedad que describo en mi novela “La memoria enjaulada”.
Creo que el día 25 de este mes se entregará, a la figura femenina más relevante por su estilo en la pasada Gala, el Premio Maja de los Goya, que consiste en una paloma de oro y diamantes, de la joyería Carrera y Carrera.
Fotos: EFE y Reuters.