El 16 de marzo fue el Día Internacional del Sueño. La palabra “sueño” viene del latín sumnus. En este día Sigmund Freud y Carl Gustav Jung merecen ser recordados con mucho respeto.
Un sueño es una proyección de nosotros mismos, de nuestros problemas, angustias, temores, frustraciones y deseos.
A través de los sueños podemos satisfacer deseos reprimidos que conscientemente nos negamos a reconocer debido a los tabúes de una moral convencional, especialmente en lo que se refiere al sexo.
Los deseos e instintos más profundos de las personas civilizadas están sometidos a estrictas normas sociales que generan frustraciones, traumas y remordimientos.
Una de las funciones de los sueños es la de ponernos en paz con nuestra conciencia.
Con la conciencia tranquila, sin traumas ni remordimientos, se duerme sin tener pesadillas.
En 1952, Kleitman publió su estudio sobre la fase REM (Rapid Eye Movement), estudio en el que colaboraría William Dement. El ojo se mueve a gran velocidad, al mismo tiempo que se modifican las ondas cerebrales. En esos momentos se produce el llamado sueño paradójico, que puede ser agradable, anodino o una horrible pesadilla.
Cada noche soñamos varias veces, si despertamos en el momento que finaliza una fase REM podremos recordar bien el sueño.
Hay quien sueña todas las noches y recuerda los sueños. Otros sueñan de tanto en tanto y recuerdan algunos detalles vagamente. Y otros dicen no soñar nunca.
La pesadilla es un trastorno del sueño. Curiosamente, en el siglo XVIII, se creía que la pesadilla la producían unos monstruos que se sentaban sobre el pecho, generando opresión y dificultad para respirar. De ese “peso” viene la palabra “pesadilla”.
Una mala digestión puede ser la causante de una pesadilla.
Pero las pesadillas importantes son producto de la fiebre alta, el estrés, o algún trauma psíquico.
Las pesadillas son muy frecuentes en niños de entre 4 y 12 años.
Las pesadillas se viven intensamente, a todo color, volumen y luminosidad. Y pueden generar pánico y palpitaciones.
Yo sueño que estoy en plena calle completamente desnudo y trato inútilmente de esconderme.
En ocasiones me encuentro con familiares o amigos muertos, y hablo con ellos.
Otro sueño que me angustia mucho es estar solo y perdido en algún lugar extraño del que no encuentro la salida.
Caminar despacio entre peligrosos animales, para evitar que ataquen, resulta muy angustioso. Esta es una pesadilla provocada por la desconfianza, o el miedo a ciertas personas envidiosas.
Nuestro cerebro es un ordenador viviente perfecto que archiva en la conciencia cuanto hacemos, sentimos o pensamos. El inconsciente es un archivo de vivencias.
El sonido del despertador es un destructor de sueños, porque nos sobresalta y nos impide recordar lo que hemos soñado.
Ciertos medicamentos como los somníferos, barbitúricos, tranquilizantes y antidepresivos reducen la calidad del sueño paradójico. El abuso de estos medicamentos puede llegar a anular casi totalmente la posibilidad de soñar.
Lo mismo ocurre con el alcoholismo y las drogas.
Tener la conciencia muy tranquila, pocas preocupaciones y respirar muy bien facilitan un buen sueño reparador.
Casualmente, ese día, recibí una invitación de Joaquín Pérez Valette, para visitar L’ATELIER DES RÊVES (El taller de los sueños).
(Cuadros de El Bosco, Dalí, Magritte y Frida Kahlo).

















































































































