Ibiza es famosa en el mundo también por su sal. Esta escultura, que homenajea a un salador, está ubicada en las salinas de Sant Françesc.
La persona que ha hecho famosa a esa sal es Daniel Witte. Yo le conocí en el año 80, cuando este alemán era un adolescente.
Conocí también a sus padres, Christian y Renate, que compraron una casa en Talamanca, actual segunda residencia de Daniel Witte.
La extracción de la sal data de hace 2.700 años. Y se tienen noticias de esta salinera desde el siglo XIII. En 1715 pasaron a estar dirigidas por la Corona. Y en 1871 fueron vendidas a dos empresarios mallorquines, que fundaron la “Fábrica de la sal de Ibiza”, que en la actualidad se llama “Salinera Española S.A.”.
Hace unos días fotgrafié a Daniel sentado en la montaña de sal de Ses Salines, aunque parece un paisaje nevado de su país.
Cuando hace muchísimos años me dijo que quería comercializar la sal de Ibiza, le contesté: “No creo que ganes ni un céntimo”. (Yo nunca he tenido visión empresarial. Y soy incapaz de dirigir una empresa. He dedicado toda mi vida profesional a ayudar a empresarios y personajes a darse a conocer, y a incrementar sus fortunas).
La marca SAL DE IBIZA, con una gran variedad de productos, se encuentra, desde hace ya varios años, en supermercados, tiendas gourmet y aeropuertos de distintas ciudades y países.
La flor de sal, ese cristal de la vida embasado en un tarro de porcelana, con su cucharita blanca y su tapón de corcho, es la más pura de todas las sales. Y este tarro de color es el embajador de la marca.
Esta sucia y ruinosa caseta, propiedad de la Salinera, daba una imagen asquerosa a todas aquellas personas que circulaban por la carretera que conduce a las playas de Es Cavallet, Salinas y Cap d’es Falcó.
Daniel Witte pidió permiso a Salinera para restaurar esa pared y pintar en ella su logo. Salinera aceptó, con mucho acierto.
Sobre la pared restaurada, Daniel proyectó el logo de su marca y comenzó a pintar con sus propias manos.
Siempre he prestado mi ayuda a Daniel, por amistad y para compensar el mal consejo que le dí en el pasado.
Por esas dos razones me presenté allí, y dí a la pared, recién restaurada, mi “brochazo bautismal”.

Pero, un día, llegó un funcionario de Medio Ambiente y paró la obra, por lo que se retrasó durante unos días. Creo que Medio Ambiente pondrá una multa a Daniel Witte. ¡Con la cantidad de cosas, mucho más importantes y degradantes, de las que podrían estar ocupándose! Yo les podría hacer una larga lista, como el consentir que las playas de un parque natural protegido se hayan convertido en ruidosas discotecas diurnas.
Cuando Daniel terminó de pintar el logo, volví allí para fotografiarle sentado, y finalmente relajado, frente a su obra.
Fotografié también sus últimas creaciones: tres variedades de sales de baño, con los nombres Pasión, Energía y Calma. Una mezcla de frutas, flores y aromas naturales.
El chocolate extra-fino 70%, a la flor de sal, también me gusta mucho. Está elaborado con una combinación de cacaos sudamericanos, a los que la flor de sal añade un suave toque picante.
Creo que el resultado final es bueno. El logo SAL DE IBIZA incluye dos cosas: el nombre de la isla y el de un producto local, que se exporta.
El turismo que circula por esta carretera, tan transitada, ya no verá más aquella sucia y abandonada ruina.
www.saldeibiza.com