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febrero, 2011


23
febrero 11

MÁS ALLÁ DE “MALDITO KARMA”…”JESÚS ME QUIERE”

Tan alemán como Goethe, la obra de David Safier está más cerca de los también teutones hermanos Grimm o al menos, algunos de los personajes de sus novelas parecen sacados de un cuento de hadas escrito bajo el efecto de alguna sustancia alucinógena.   Su primera novela, Maldito Karma“, ya nos pareció surrealista…pero porque aun no habíamos leído “Jesús me quiere”, claro…

La sinopsis es simple: una joven, de nombre Marie,  a la que no es difícil identificar como una especie de Bridget Jones, neurótica y acomplejada, conoce después de dejar plantado a su novio ante el altar a un enigmático carpintero, de nombre Joshua, y que viene de Palestina, y que exhibe una serie de peculiares costumbres…¿será realmente el auténtico Jesús que ha vuelto a caminar entre nosotros para cumplir una divina misión, o es tan sólo una casualidad, fruto del ansia de Marie de encontrar al hombre de sus sueños…?

Simultaneamente, Satanás se encuentra también en la Tierra, reclutando a sus nuevos Cuatro Jinetes del Apocalípsis, para el inminente Armageddon que parece abatirse sobre la humanidad…

Divertida y con unos diálogos ágiles y sumamente ingeniosos en algunos momentos, la historia está adornada con unas originales tiras cómicas, obra de Kata,  hermana de la protagonista, y que también juega un importante papel en la trama.

Ah, y de propina -no os desvelare cómo- pero a lo largo de sus páginas aparecen George Clooney y Emma Thompson…

Si lo que buscáis es pasar un rato agradable y entretenido, no os equivocareis con este libro.  Un buen regalo.

¿Habéis leído “Maldito Karma”? ¿Qué os pareció? ¿Y “Jesús me quiere”?

¡Un abrazo desde el Marcapáginas!


1
febrero 11

UN ARBOL CRECE EN BROOKLYN

Antes que Frank McCourt escribiera la fabulosa “Las cenizas de Angela”, la escritora estadounidense Betty Smith nos describió la vida de una familia irlandesa a principios del siglo XX en la ciudad de Nueva York con su obra, “Un árbol crece en Brooklyn” (1943).  La novela fue posteriormente llevada al cine por Elia Kazan, con el título “Lazos humanos” -ópera prima del  realizador de origen griego, justo un año después, e incluso conoció una adaptación como musical.

La historia de la familia Nolan, vista a través de los ojos de la mayor de sus hijos, Francie, nos desgrana la dura vida de sus padres, su hermano y de ella misma.  Se trata de una historia agridulce, con momentos duros pero que se alteran con otros que nos harán sonreir.   Brooklyn es un personaje más, con sus calles y sus habitantes, anhelos y miserias, en las que late aquel sueño americano que fue uno de las señas de identidad de aquella época.

Es cierto que reune varios de los tópicos que encontramos en las obras de este tipo, pero también lo es que no todos los autores consiguen el efecto que consiguió Betty Smith, al hacer entrañables a todos los personajes que desfilan por sus páginas.   Paul Auster, otro enamorado de Brooklyn, ha elogiado la novela de Smith.

El amor por los libros de Francie, el afán de superación para su familia de su madre Katie, el padre alcohólico pero entregado a su familia, o el pequeño Neeley, hace de “Un árbol crece en Brooklyn” un libro no sólo para leer, sino también para recordar.

Cuando preguntaron a Betty Smith si su novela era autobiográfica, contestaba que no describía su vida como fue, sino “como tenía que haber sido”.  Os dejo un pequeño fragmento del libro:

“Crecer echaba a perder muchas cosas. Arruinó el juego que inventaban cuando no tenían en casa comida para alimentarse. Los días que se terminaba el dinero y faltaban los alimentos, Katie y sus dos hijos simulaban ser exploradores en busca del Polo Norte y decían que los había sorprendido un huracán en una cueva, con pocos víveres. Tenían que hacerlos durar hasta que llegase ayuda. Katie dividía lo que encontraba en el aparador en raciones, y cuando, después de comer, los niños se quedaban con hambre, decía:

—Valor, compañeros, pronto nos llegará auxilio.

Cuando llegaba dinero y Katie compraba comida, les llevaba una torta a la que plantaba una bandera de un centavo, y les decía:

—Hemos triunfado, compañeros. Estamos en el Polo Norte.

Después de uno de aquellos días de auxilio, Francie preguntó a su madre:

—Cuando los exploradores pasan hambre y sufren penurias es por alguna razón. Algo grandioso resulta de sus sacrificios. ¡Descubren el Polo Norte! Pero ¿qué hazaña resulta del hambre que nosotros sufrimos?

Katie la miró con súbita expresión de lasitud. Musitó algo que en aquel momento Francie no alcanzó a comprender. Lo que dijo fue:

—Has dado en el clavo.”

¿Habéis leido “Un árbol crece en Brooklyn” o habéis visto la película?  ¿Qué os parecieron?

¡Un abrazo desde el Marcapáginas!


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