
Mi cena un día cualquiera de la pasada semana. Así estoy.
Cuando me propusieron plasmar en un blog mi experiencia adelgazando, me dio un poco de miedo. Saber que habría alguien escrutando mi más mínimo fallo me hizo recordar mi poca tolerancia al fracaso. Pero pronto le di la vuelta a la tortilla (¡pensamiento positivo!) y lo vi como una oportunidad de demostrar que yo también puedo ponerme jamona.
Y, siendo honesta. Había pasado demasiados meses dándome a la comida basura (para muestra un botón: nachos con chelas). Bueno, mejor dicho: a la cena basura, así que tenía “material” con el que trabajar. Lo digo en pasado, pero ahí está, bien presente.
Eso sí. Tengo una regla: no puedo ni oir hablar de la desaparición de los carbohidratos en mi alimentación (¡oh ese bendito placebo!), así que las dietas habituales están automáticamente descartadas. Por eso me gustó entulinea, porque en ningún momento se prohíbe comer nada… cada alimento tiene sus ProPoints y uno se los organiza como mejor le convenga. ¿Que me apetece un trozo de pizza? Ya me lo quitaré de otra parte.
Y ya me lo advirtieron: aquí no hay pérdidas drásticas en pocas semanas. Justo lo que quiero. Ya que me pongo, qué mejor que tener tiempo para adquirir buenos hábitos que (en un futuro) pueda inculcar a mi prole de hijos sanísimos.
Así que aquí estoy, a a punto de hacer click en la web de entulinea para registrar mi peso inicial y dar el pistoletazo de salida al verano que por fin adelgacé.