Luis Rojas Marcos ha escrito un estudio titulado “Los secretos de la felicidad. Déjate llevar por tu instinto y disfruta de la vida”- Editorial Espasa¸ Madrid 2012, que ha llegado a mis manos por ser amiga de Olga Adeva, la editora de Espasa que el autor cita en los Agradecimientos.
El primer reto que plantea el estudio de la felicidad es semántico: tiene que ver con el propio concepto de felicidad y sus múltiples significados. Y es que cada uno definimos la felicidad a nuestra manera, pesa sobre nosotros el sentido que le damos a la vida, nuestra forma de valorar las experiencias que hemos vivido, así como las expectativas, normas y creencias que nos impone la sociedad, además de que nuestro estado de ánimo moldea nuestra opinión de la felicidad. Este es, en síntesis, el primer pensamiento que nos ofrece Rojas Marcos.
Otro aspecto capital es que, sin lugar a dudas, la especie humana ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, para mejor. Ya en 1859, a los cincuenta años, Darwin publicó su teoría de la evolución en “El origen de las especies” y demostró que éstas no son inmutables, sino que se trasforman poco a poco en especies nuevas, con el fin de adaptarse a las condiciones del medio y mejorar sus probabilidades de sobrevivir y reproducirse.
El libro se divide en siete capítulos y tiene 203 páginas. Al tratarse de un estudio muy ligado a la idiosincrasia norteamericana nos aporta las ventajas y desventajas de este tipo de trabajos, generalmente muy estereotipados, aunque este es interesante y se lee bien y nos aporta muchas perlas de gran valor, de las que ofrezco una selección.
Las fuentes de satisfacción con la vida varían de persona a persona y cambian con el paso del tiempo. Por ejemplo, los buenos recuerdos son a cualquier edad, fuente clara de sentimientos positivos que alimentan la convicción de que la vida merece la pena.
“Donde está el miedo, no está la felicidad”, un pensamiento que Séneca recogió en Cartas a Lucilius, siglo I. Una gran verdad que nos obliga a pensar que, en el mundo actual, pocas personas son felices, dada la inestabilidad socio-política de los tiempos que corren.
El peor verdugo del instinto de felicidad y el más frecuente es la depresión. Cada día hay más pruebas que confirman los beneficios de las emociones positivas: la esperanza, por ejemplo, es un pilar básico del pensamiento positivo. La esperanza, además, nos hace confiar en que nos van a ir bien las cosas y nos predispone a conseguir las metas que nos planteamos, por lo que nos motiva a luchar para conseguirlas. Las personas que se valoran, se gustan y se aceptan a sí mismas suelen sentirse razonablemente felices.
Luis Rojas Marcos nos confiesa que hace años llegó a la conclusión de que un buen método para examinar el pensamiento positivo es analizar tres aspectos fundamentales de nuestra forma de pensar: la valoración retrospectiva que hacemos de experiencias pasadas, nuestra perspectiva de futuro y la consiguiente esperanza de alcanzar lo que deseamos y, en tercer lugar, nuestro estilo o forma de explicar lo que nos sucede en el presente.
En todas las culturas, las personas buscan conectarse unas con otras y el lenguaje es el mejor medio para conseguirlo. Hablar es sano y tiene un efecto curativo, porque a través del habla nos conectamos, nos desahogamos y nos liberamos de pensamientos y emociones agobiantes. Todos venimos al mundo con una capacidad innata para crear y mantener lazos de afecto. Desde la infancia hasta los últimos días de la vida, el deseo natural de sentirnos amados y de amar a otros da lugar a uniones de todo tipo que refuerzan nuestra capacidad de sentirnos felices y nos protegen contra los efectos nocivos de cualquier mal.
La suerte de nuestra felicidad depende de la interacción de las directrices programadas en los genes con otros factores externos como los estímulos que recibimos del entorno familiar, social y cultural en que crecemos. Las experiencias que vivimos también configuran los ingredientes de la capacidad natural de sentirnos contentos.
Por último, un nuevo recuerdo :
No son los más fuertes de la especie los que sobreviven,
ni los más inteligentes. Sobreviven los más
flexibles y adaptables a los cambios.
CHARLES DARWIN, “El origen de las especies”, 1962