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julio, 2012


29
julio 12

‘MAKING OFF’ DE LA NOVELA

Yo puedo contarles cómo se hizo “Préstame el Sombrero” (Romance en Lugo) la novela que acaba de ser presentada en Lugo y Coruña porque soy su hermana y compañera de fatigas. Ana María Forneas empezó a escribir muy jovencita, pero sin la esperanza de publicar nada. No es fácil penetrar en este negocio, en primer lugar, porque no es ningún negocio. Sí lo es para unos pocos, muy pocos: aquellos que ostentan un pedigrí familiar, tienen alguien que les avale o consiguen triunfar por la razón que sea. “Escribir en España es llorar” dijo una vez Mariano José de Larra en el siglo XIX, y su frase todavía está de actualidad. Mucho más cercana es la frase que me dijeron a mí cuando publiqué mi primer libro: “El autor es quien lo vende y quien debe venderlo”

Pues bien, “Préstame el Sombrero” (Romance en Lugo) es una primera novela y la novela de Lugo del Siglo XXI, mientras no se demuestre lo contrario. Tiene dos protagonistas: Lugo, como espacio donde se desarrolla la acción, ese Lugo que descubren los ojos de una forastera; y Clara Reyes, una prejubilada deprimida y casi en estado de shock que elige Lugo para iniciar una nueva vida. Lugo es Lugo y está retratado con la mayor veracidad posible y Clara Reyes es un personaje controvertido, complicado debido a su propio carácter y a las circunstancias que la rodean. Las peripecias que vive la protagonista forman parte de la evolución de todo ser humano en su proceso de adaptación a una nueva realidad.

Si alguien se pregunta si existe una moraleja, les diré que sí que pasa por la constatación de que muchas mujeres españolas, al llegar a cierta edad, llegan a creer que todo ha terminado para ellas y, de repente, descubren que no es así, que se puede empezar una nueva vida, conseguir una meta, encontrar el amor.

Encontrar el amor en la madurez es algo complicado. Y si se busca el amor para lo que te resta de vida, aún más. En la juventud, se unen dos libros en blanco o prácticamente en blanco. En la madurez, los libros están llenos o prácticamente llenos: de recuerdos buenos o malos, de frustraciones, egoísmos, pero también de páginas en blanco y esperanzas de futuro. Ya sabemos que la esperanza es lo último que se pierde.

Alguna vez me he preguntado por qué se hizo una novela y no me he respondido porque la razón por la que alguien escribe algo es siempre un enigma. Se siente la necesidad de contar algo y no se sabe muy bien por qué. La propia autora, si le preguntaran, tendría problemas para contestar porque ni uno mismo sabe por qué ha escrito una palabra y no otra. El cómo es harina de otro costal y este aspecto está preñado de mil esfuerzos, sorpresas y dolor, mucho dolor porque escribir es también un parto y aquí no existe la anestesia epidural. “Cuidad el texto, porque el texto es el que realmente nos paga”, es algo que yo recomendaba siempre a mis alumnos, cuando ejercía como profesora en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Escribir es eso la satisfacción de comprobar que el texto responde a las esperanzas que se pusieron en él. Ya saben ustedes que con esto no se gana dinero. Forneas


19
julio 12

BELLAS ARTES

Hoy soy feliz porque, por fin, he conocido el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, instalado en el espléndido Palacio de Goyeneche ubicado en la calle Alcalá de Madrid. Con más de 1.400 pinturas, 600 esculturas y 15.000 dibujos, además de una excelente colección de artes decorativas, fue reinaugurado en 1986. En el pasado, tuve una relación estrecha con la Biblioteca de ese centro y no guardo un buen recuerdo de ella, así como de la Real Academia de la Historia. Ambas instituciones me parecieron ancladas en su pasado más remoto.

La creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la promueve Felipe V, pero será su hijo Fernando VI quien firma el Real Decreto fundacional en 1752. Estuvo en la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid y reinando Carlos III, en 1773, se traslada a su sede definitiva, el Palacio de don Juan de Goyeneche. Este edificio barroco, obra de Churriguera, se reformó entonces para adecuarlo al gusto neoclásico. La Real Academia, desde su fundación, ha desempeñado un importante papel en la protección y desarrollo de las Artes y en la formación de los artistas. Esta actividad educadora siguió hasta mediados del siglo XX, momento en el que se creó la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense.

Para mí, lo más importante del Museo, y no lo puedo evitar, es la colección de Goya, Francisco de Goya y Lucientes, gran aficionado a los toros, como todo el mundo sabe, nació en Fuendetodos y fue un maestro universal de la pintura que ha traspasado con su arte el tiempo y la distancia. Goya fue académico y director de la Academia (teniente director de pintura en 1785 y director en 1795 hasta que renunció en 1797 a causa de su sordera).
La colección de Goya merece un comentario aparte porque es una de las mejores de Madrid. Incluye “El Entierro de la Sardina”, el retrato de la actriz “La Tirana”, “Fernando VII a caballo” y otros.

—“El entierro de la sardina” es una ceremonia con la que se anuncia el fin del Carnaval en diversos puntos de España y se suele celebrar en “Miércoles de Ceniza”. Los orígenes de esta Fiesta no están muy claros. La mayoría coincide en que un grupo de estudiantes madrileños, a comienzos del siglo XIX, decidieron terminar el Carnaval con una fiesta en la que se disfrazaban y enterraban una sardina en representación simbólica del ayuno y abstinencia que comenzaba el Miércoles Santo, seguía con la Cuaresma y terminaba con la Semana Santa.

—María del Rosario Fernández “La Tirana”, cuyo cuadro pintó Goya en 1799, nació en Sevilla en 1755. Tenía el sobrenombre de “La Tirana” porque su esposo Francisco Castellanos, también actor de teatro solía desempeñar papeles de tirano en las obras. “La Tirana” interpretó papeles de “primera dama” durante catorce años, hasta 1793. Falleció en su casa de la calle de Amor de Dios el 28 de diciembre de 1803 a los cuarenta y ocho años de edad.

—“Fernando VII a caballo” es de 1808. Fernando VII fue proclamado rey de España en 1808. Tras la expulsión de José Bonaparte, reinó de nuevo en 1813 hasta su muerte. Su reinado se caracteriza por el absolutismo y la persecución de liberales y afrancesados. Para la realización de este retrato, Francisco de Goya pidió que posara al natural, hecho que solamente ocurrió durante tres cuartos de hora, en dos sesiones, porque Fernando VII tuvo que salir de España y no regresó hasta 1814, fecha en que pudo contemplar el cuadro por primera vez. El rey aparece retratado a caballo vistiendo el uniforme de capitán general, con levita oscura y pantalón amarillo, botas de montar, bicornio, el bastón de mando y condecoraciones, entre las que sobresale la banda de Carlos III.
El museo tiene otros artistas y obras importantes, y quiero señalar una: “La primavera” de Giuseppe Archimboldo que se me ha quedado grabado en el corazón. Fue una visita muy agradable y, encima, no me costó nada porque fui con una invitación de MAPFRE. Forneas


5
julio 12

FIESTAS DE TOROS. BOSQUEJO HISTORICO

“Fiestas de Toros. Bosquejo Histórico” , de Bernardino de Melgar y Abreu, Marqués de Piedras Albas, editado en 2.010, es el libro que publicó y me regaló la Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, y en su nombre D. Carlos Martínez Shaw, director de la Fundación de Estudios Taurinos de la Real Maestranza, a quien prometí escribir y publicar una reseña del mismo.

La obra, editada por primera vez en 1927, es en realidad una original historia del toreo que aúna sentimientos religiosos y taurinos. En ella, el autor analiza sobre todo las relaciones de Santa Teresa de Jesús con el mundo de los toros. El autor fue el VII marqués de San Juan de Piedras Albas, nació en Mondragón ( Guipuzcoa) el 15 de octubre de 1863 y sus primeros pasos profesionales se orientaron por la rama jurídica. Falleció en Madrid el 11 de febrero de 1942, dejando un impresionante y variado currículum profesional, del que hay que destacar que gran parte de su actividad literaria e histórica fue consagrada a la vida y obra de Santa Teresa de Jesús.

De Santa Teresa de Jesús recordemos que fue la reformadora del Carmelo y su elaboración continua de obras de primera magnitud en Teología mística, como “Camino de Perfección”, “Castillo Interior” o “Las Moradas”. La Santa murió el 4 de octubre de 1582 y a los catorce años de su muerte, al abrirse el proceso de Beatificación por mandato de Felipe II, el nombre de Teresa de Jesús atravesó fronteras.

Hay algunas cosas de la relación de Santa Teresa con los toros que es preciso destacar, en la forma que se destacan en el libro, como por ejemplo:
Llegó a Duruelo en el verano de 1568 y tuvo que enfrentarse con un hombre tan rico como perverso que le dijo: “Salid de mis campos o mis toros os echarán por la fuerza”. Ella le pidió prestada una pareja para ayudarse en el establecimiento de su convento. El ordenó a un vaquero: “Aparta si puedes al Pinto y al Bardino para que ella los unza y si lo unciere, se los regalaremos para que levante su convento”. Teresa les dijo a los toros: “Venid a mí, que ya no sois de vuestro amo, sino míos”. Y en presencia de todos rascó, acarició y unció los toros. Sorprendido aquel hombre perverso ante la manifestación de aquel milagro, se hinco de rodillas, confesó y se convirtió en protector espléndido del Convento de Duruelo.
Nos encontramos ante un libro escrito con gran honradez intelectual y enriquecido con gran profusión de datos interesantísimos, que ocupan 433 páginas, sin contar la extensa e interesante bibliografía.

El capítulo III se dedica a estudiar la lucha del hombre con el toro: el origen y antigüedad de esa lucha, su constitución en fiesta para regocijo público y exposición de los medios más adecuados para investigar el origen de las fiestas de toros. Resulta curioso sin embargo que no se hace mención a la estética, el ángulo artístico del toreo, ora a caballo, ora a pie. Máxime teniendo en cuenta que el libro se publica en 1927, fecha en que ya se había producido la revolución belmontina (Juan Belmonte) y estábamos en el umbral de una de las etapas más brillantes de la historia de la tauromaquia, desde el punto de vista artístico, cual fue la Edad de Oro del Toreo.

Dedica Piedras Albas un capítulo VIII a tratar del tema de la relación de las Maestranzas de Caballería y de las Ordenes Militares con las corridas de toros. Recuerda las características de las cinco maestranzas: Sevilla, Ronda, Granada, Valencia y Zaragoza. Con plaza propia, Sevilla, Granada y Ronda, pero todas disfrutaban del privilegio de poder jugar varias corridas cada año.

Sobre el origen de las fiestas de toros está dedicado el capítulo IX. Las tres posiciones más defendidas son: Primera: las fiestas de toros son peculiares de España porque proceden de nuestros primeros pobladores. Segunda: las fiestas de toros fueron importadas por los romanos cuando España era colonia suya. Tercera: los árabes trajeron a España, para diversión pública, las fiestas de toros y enseñaron a torear a los españoles, pero hay un gran debate sobre este particular difícil de sintetizar en una reseña.

Resultan muy interesantes las múltiples referencias sobre los toros que el autor recoge de la Biblia. En el Salmo 21 versículo XIII, el rey David describe: “Me han cercado numerosos novillos, y poderosos toros me han asediado”. El toro en la Biblia es símbolo de muchas cosas: de gratitud, de fortaleza, de fiereza, de acometividad, de fecundidad, de soberbia.

Merece destacarse el momento en que se comenzó a construir la plaza mayor de Madrid. Fue el 2 de diciembre de 1617. A los dos días de iniciarse a la construcción se corrieron toros para probar el ancho y el largo. La primera corrida se celebró el 21 de mayo de 1620. Parece increíble que con los medios de entonces se tardarán sólo dos años y la única respuesta es que lo que sin duda abundaba era la mano de obra.

Un aspecto que a mí me parece capital en el terreno de la literatura sobre las fiestas de toros es que Piedras Albas rechaza claramente la tesis de Pascual Millán en su obra “Escuela de Tauromaquia de Sevilla y el toreo moderno” a la que califica de folleto, aunque tiene 242 páginas, por el hecho de que Millán se conforma con lo que existe: “Hay que cerrar los ojos en materia de toros y aceptar lo escrito hasta el día” Piedras Albas contesta que “no, esto no puede ser, dígalo quienquiera, porque en materia de toros, como en toda materia de interés nacional, es preciso anteponer la investigación histórica a la disertación escrita o hablada”.

Y esto es algo de gran valor, dado que algunos aspectos de la historia del toreo se han tratado cierta ligereza como pude comprobar cuando escribí “Periodistas Taurinos Españoles del Siglo XIX”, ahora re-editado por Editorial Académica Española. Forneas


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