Yo puedo contarles cómo se hizo “Préstame el Sombrero” (Romance en Lugo) la novela que acaba de ser presentada en Lugo y Coruña porque soy su hermana y compañera de fatigas. Ana María Forneas empezó a escribir muy jovencita, pero sin la esperanza de publicar nada. No es fácil penetrar en este negocio, en primer lugar, porque no es ningún negocio. Sí lo es para unos pocos, muy pocos: aquellos que ostentan un pedigrí familiar, tienen alguien que les avale o consiguen triunfar por la razón que sea. “Escribir en España es llorar” dijo una vez Mariano José de Larra en el siglo XIX, y su frase todavía está de actualidad. Mucho más cercana es la frase que me dijeron a mí cuando publiqué mi primer libro: “El autor es quien lo vende y quien debe venderlo”
Pues bien, “Préstame el Sombrero” (Romance en Lugo) es una primera novela y la novela de Lugo del Siglo XXI, mientras no se demuestre lo contrario. Tiene dos protagonistas: Lugo, como espacio donde se desarrolla la acción, ese Lugo que descubren los ojos de una forastera; y Clara Reyes, una prejubilada deprimida y casi en estado de shock que elige Lugo para iniciar una nueva vida. Lugo es Lugo y está retratado con la mayor veracidad posible y Clara Reyes es un personaje controvertido, complicado debido a su propio carácter y a las circunstancias que la rodean. Las peripecias que vive la protagonista forman parte de la evolución de todo ser humano en su proceso de adaptación a una nueva realidad.
Si alguien se pregunta si existe una moraleja, les diré que sí que pasa por la constatación de que muchas mujeres españolas, al llegar a cierta edad, llegan a creer que todo ha terminado para ellas y, de repente, descubren que no es así, que se puede empezar una nueva vida, conseguir una meta, encontrar el amor.
Encontrar el amor en la madurez es algo complicado. Y si se busca el amor para lo que te resta de vida, aún más. En la juventud, se unen dos libros en blanco o prácticamente en blanco. En la madurez, los libros están llenos o prácticamente llenos: de recuerdos buenos o malos, de frustraciones, egoísmos, pero también de páginas en blanco y esperanzas de futuro. Ya sabemos que la esperanza es lo último que se pierde.
Alguna vez me he preguntado por qué se hizo una novela y no me he respondido porque la razón por la que alguien escribe algo es siempre un enigma. Se siente la necesidad de contar algo y no se sabe muy bien por qué. La propia autora, si le preguntaran, tendría problemas para contestar porque ni uno mismo sabe por qué ha escrito una palabra y no otra. El cómo es harina de otro costal y este aspecto está preñado de mil esfuerzos, sorpresas y dolor, mucho dolor porque escribir es también un parto y aquí no existe la anestesia epidural. “Cuidad el texto, porque el texto es el que realmente nos paga”, es algo que yo recomendaba siempre a mis alumnos, cuando ejercía como profesora en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Escribir es eso la satisfacción de comprobar que el texto responde a las esperanzas que se pusieron en él. Ya saben ustedes que con esto no se gana dinero. Forneas

