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FIESTAS DE TOROS. BOSQUEJO HISTORICO

“Fiestas de Toros. Bosquejo Histórico” , de Bernardino de Melgar y Abreu, Marqués de Piedras Albas, editado en 2.010, es el libro que publicó y me regaló la Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, y en su nombre D. Carlos Martínez Shaw, director de la Fundación de Estudios Taurinos de la Real Maestranza, a quien prometí escribir y publicar una reseña del mismo.

La obra, editada por primera vez en 1927, es en realidad una original historia del toreo que aúna sentimientos religiosos y taurinos. En ella, el autor analiza sobre todo las relaciones de Santa Teresa de Jesús con el mundo de los toros. El autor fue el VII marqués de San Juan de Piedras Albas, nació en Mondragón ( Guipuzcoa) el 15 de octubre de 1863 y sus primeros pasos profesionales se orientaron por la rama jurídica. Falleció en Madrid el 11 de febrero de 1942, dejando un impresionante y variado currículum profesional, del que hay que destacar que gran parte de su actividad literaria e histórica fue consagrada a la vida y obra de Santa Teresa de Jesús.

De Santa Teresa de Jesús recordemos que fue la reformadora del Carmelo y su elaboración continua de obras de primera magnitud en Teología mística, como “Camino de Perfección”, “Castillo Interior” o “Las Moradas”. La Santa murió el 4 de octubre de 1582 y a los catorce años de su muerte, al abrirse el proceso de Beatificación por mandato de Felipe II, el nombre de Teresa de Jesús atravesó fronteras.

Hay algunas cosas de la relación de Santa Teresa con los toros que es preciso destacar, en la forma que se destacan en el libro, como por ejemplo:
Llegó a Duruelo en el verano de 1568 y tuvo que enfrentarse con un hombre tan rico como perverso que le dijo: “Salid de mis campos o mis toros os echarán por la fuerza”. Ella le pidió prestada una pareja para ayudarse en el establecimiento de su convento. El ordenó a un vaquero: “Aparta si puedes al Pinto y al Bardino para que ella los unza y si lo unciere, se los regalaremos para que levante su convento”. Teresa les dijo a los toros: “Venid a mí, que ya no sois de vuestro amo, sino míos”. Y en presencia de todos rascó, acarició y unció los toros. Sorprendido aquel hombre perverso ante la manifestación de aquel milagro, se hinco de rodillas, confesó y se convirtió en protector espléndido del Convento de Duruelo.
Nos encontramos ante un libro escrito con gran honradez intelectual y enriquecido con gran profusión de datos interesantísimos, que ocupan 433 páginas, sin contar la extensa e interesante bibliografía.

El capítulo III se dedica a estudiar la lucha del hombre con el toro: el origen y antigüedad de esa lucha, su constitución en fiesta para regocijo público y exposición de los medios más adecuados para investigar el origen de las fiestas de toros. Resulta curioso sin embargo que no se hace mención a la estética, el ángulo artístico del toreo, ora a caballo, ora a pie. Máxime teniendo en cuenta que el libro se publica en 1927, fecha en que ya se había producido la revolución belmontina (Juan Belmonte) y estábamos en el umbral de una de las etapas más brillantes de la historia de la tauromaquia, desde el punto de vista artístico, cual fue la Edad de Oro del Toreo.

Dedica Piedras Albas un capítulo VIII a tratar del tema de la relación de las Maestranzas de Caballería y de las Ordenes Militares con las corridas de toros. Recuerda las características de las cinco maestranzas: Sevilla, Ronda, Granada, Valencia y Zaragoza. Con plaza propia, Sevilla, Granada y Ronda, pero todas disfrutaban del privilegio de poder jugar varias corridas cada año.

Sobre el origen de las fiestas de toros está dedicado el capítulo IX. Las tres posiciones más defendidas son: Primera: las fiestas de toros son peculiares de España porque proceden de nuestros primeros pobladores. Segunda: las fiestas de toros fueron importadas por los romanos cuando España era colonia suya. Tercera: los árabes trajeron a España, para diversión pública, las fiestas de toros y enseñaron a torear a los españoles, pero hay un gran debate sobre este particular difícil de sintetizar en una reseña.

Resultan muy interesantes las múltiples referencias sobre los toros que el autor recoge de la Biblia. En el Salmo 21 versículo XIII, el rey David describe: “Me han cercado numerosos novillos, y poderosos toros me han asediado”. El toro en la Biblia es símbolo de muchas cosas: de gratitud, de fortaleza, de fiereza, de acometividad, de fecundidad, de soberbia.

Merece destacarse el momento en que se comenzó a construir la plaza mayor de Madrid. Fue el 2 de diciembre de 1617. A los dos días de iniciarse a la construcción se corrieron toros para probar el ancho y el largo. La primera corrida se celebró el 21 de mayo de 1620. Parece increíble que con los medios de entonces se tardarán sólo dos años y la única respuesta es que lo que sin duda abundaba era la mano de obra.

Un aspecto que a mí me parece capital en el terreno de la literatura sobre las fiestas de toros es que Piedras Albas rechaza claramente la tesis de Pascual Millán en su obra “Escuela de Tauromaquia de Sevilla y el toreo moderno” a la que califica de folleto, aunque tiene 242 páginas, por el hecho de que Millán se conforma con lo que existe: “Hay que cerrar los ojos en materia de toros y aceptar lo escrito hasta el día” Piedras Albas contesta que “no, esto no puede ser, dígalo quienquiera, porque en materia de toros, como en toda materia de interés nacional, es preciso anteponer la investigación histórica a la disertación escrita o hablada”.

Y esto es algo de gran valor, dado que algunos aspectos de la historia del toreo se han tratado cierta ligereza como pude comprobar cuando escribí “Periodistas Taurinos Españoles del Siglo XIX”, ahora re-editado por Editorial Académica Española. Forneas

4 comentarios

  1. María Cortés cocinacardiosaludable

    A mí me encanta la belleza del toro, como me encanta la Plaza Mayor de Madrid y tu anécdota sobre ella, gracias Celia.

  2. Muy interesante. Tengo una relación ambivalente con todo lo relacionado con el toreo. Sin embargo me ha enganchado todo lo que comentas en el post. Desde Sta. Teresa a la búsqueda de los orígenes de la práctica.
    Un abrazo enorme.

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