MAS O MENOS

Ahora que todo ha terminado (o comenzado), no tengo más remedio que escribir algo sobre Cataluña, especialmente de la política catalana, que son dos cosas diferentes.

La primera vez que estuve en Cataluña, me llevé una gratísima sorpresa. Cuando me preguntaron qué tal lo había pasado y respondí que aquello era un lugar maravilloso, mi interlocutor se sobresaltó agradablemente. Estábamos en 1986, la época en que Miquel Roca Junyent, ponente de la Constitución Española había fundado el Partido Reformista Democrático (La “Operación Roca”) con el que se presentó a la presidencia del Gobierno de España. Parece ser que aquellos que creían en Roca, pensaban que iba a ganar, pero no obtuvo representación parlamentaria.

Luego pasé unas vacaciones en Lloret de Mar y vi como un turista extranjero, de la habitación contigua, quería pasar de su terraza a la nuestra, la terraza de un cuarto piso. Lloret, entonces, me pareció una ciudad bulliciosa y lo del turista, simplemente, una anécdota. Años después, tengo que decir que una plaga de hormigas invadió mi coche cuando estaba aparcado en Playa de Aro.

En el año 2006, me invitaron a hablar de periodismo taurino en los Cursos de Verano de San Lorenzo de El Escorial y allí, una alumna me dio la comida hablando de Cataluña y de su futura independencia. Recuerdo que no pude evitar decirle que lo que alegaba no era cierto y que todo se debía “a esos políticos catalanes vuestros que hablan en televisión” Posteriormente, ese mismo año viajé a Barcelona para reunirme con unos amigos alemanes y quiero decir, y quiero decirlo en mayúsculas QUE TODO FUE COMO LA SEDA. Gente educadísima, todos hablaban castellano (excepto unos jóvenes en un bar), pero era una conversación entre ellos y, que conste, que no me hubiera importado que hablaran en catalán porque, salvo excepciones, (Mas, por ejemplo) lo entiendo muy bien sin necesidad de traducción simultánea que, o están muy bien hechas, o te producen dolor de cabeza.

Es suma, he estado muchas veces en Cataluña: en Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Me gusta Cataluña y me gustan los catalanes, pero no entiendo la jugada de Mas. Tal vez es que no quiero entenderla porque a mí no me gusta que se hable mal de España. Y me parece que la actitud adoptada se puede calificar de chauvinista. Ya sé que, en los medios de comunicación, es habitual tomar el todo por la parte o la parte por el todo, según convenga, pero no me gusta que se acuse a España de robar. Yo no les he robado nada a los catalanes. Ahora bien, presiento que debo sentir una simpatía especial por el pueblo catalán que también se puede denominar “lástima” porque a ellos es a quienes les ha tocado bailar con la más fea.
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Nos faltan por ver muchas más cosas: 1) qué pasa con la supuesta falta de ética y estética de las familias Pujol y Mas 2) se echará Mas en brazos de Ezquerra Republicana y continuará con su deriva soberanista 3) qué va a pasar con las deudas del Gobierno catalán, y con las supuestas cuentas en Suiza. Sobre todo, qué más puede hacer Artur Mas, en una situación como la que atravesamos, para perjudicar a España.

Por favor, que alguien me explique cómo se soluciona este berenjenal. Forneas

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