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Crónica viajera


21
marzo 12

CORDOBA

Estuve en Córdoba para celebrar el cumpleaños de mi hermana Ana María. Mi hermana nació un 11 de marzo y desde 2004 huye de Madrid para no rememorar algo tan perverso como el atentado del 11M en Atocha. Y suspira con alivio cuando recuerda que aquel fatídico día, casualmente, estábamos en Bruselas.

Córdoba es la tercera ciudad de Andalucía, capital de la Hispania Ulterior en tiempos de la república romana, de la provincia Bética durante el imperio romano y del califato de Córdoba durante la época musulmana. Según los testimonios arqueológicos, la ciudad llegó a tener alrededor de un millón de habitantes en el siglo X, siendo la ciudad más grande, culta y opulenta de todo el mundo.

Córdoba es cuna de hombres tan ilustres como:

Lucio Anneo Séneca: Filósofo, orador y escritor romano. Senador durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, del que fue también ministro, tutor y consejero. Nació en Córdoba en 4 a.C. y murió en Roma en 65 d.C.
Averroes: Es considerado por muchos el más importante filósofo árabe de la Edad Media. Nació en Córdoba en 1126 y murió en Marruecos en 1198.
Maimonides: Fue el médico, rabino y teólogo más célebre de la Edad Media. Fue reconocido como médico por sus contemporáneos, dejando una importante huella en la tradición popular. Se le atribuyen milagros que le elevan al nivel de santo, sabio juez y rabino. Nació en Córdoba en 1135 y murió en Egipto en 1204.
También nacieron en Córdoba los poetas Lucano, Ibn Hazm , autor del famoso “Collar de la Paloma” y también Luis de Góngora.

La política que nos persigue:

El 11M, como estaba previsto, tuve la oportunidad de ver, aunque de lejos, algo de la manifestación de los sindicatos sobre la Reforma Laboral. El taxista que nos transportaba a la Mezquita nos dijo, sin exaltarse, que aquellos hombres y mujeres eran los que habían sido “enchufados” por la Junta de Andalucía, que ahora temían perder su puesto. La verdad es que no había muchos en aquel momento. Esto de los sindicatos me da que pensar y más si recuerdo que, según Almudena Grandes (“La pe con la a” en “El País” del 19-03-2012), “los sindicatos se fundaron hace ciento cincuenta años” y su función es “ni más ni menos que hacer política”. Yo creía que la función de los sindicatos era defender a los trabajadores y no sé si la señora Grandes llama a esto hacer política porque todo el mundo se queja últimamente de que los sindicatos están de más en el siglo XXI. ¿O de lo que se trata es de que los sindicatos ejerzan la oposición?…

¡Vivan los patios!

El patio es una zona sin techo situada en el centro de un edificio. Lugar de esparcimiento ofrece seguridad y conserva la intimidad de los habitantes. Los patios de Córdoba son un gen de la identidad de los cordobeses. Y el Palacio de Viana, del siglo XIV, con sus doce patios se considera como el Museo de los Patios. En Madrid existe también otro Palacio de Viana, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, mandado construir por Beatriz Galindo, dama de la reina Isabel la Católica, en el siglo XV.

Pero eso no es todo, el concurso popular de patios de Córdoba se celebrará este año del 2 al 10 de mayo. Siempre vale la pena visitar Córdoba, pero en esas fechas existe un valor añadido: no sólo la belleza de la ciudad sino la hermosura de sus patios. Yo estuve una vez y soporté con gusto 40 grados de temperatura a las doce de la noche, aunque supongo, y quiero suponer, que aquello fue algo coyuntural.Forneas


4
julio 11

Junto al río Spree

El río Spree serpentea por buena parte de Berlín , se comunica por medio de canales navegables con el mar  Báltico y tiene aproximadamente unos 400 kilómetros, de los cuales 182 con navegables. En Berlín, capital de la República Federal de Alemania y uno de los dieciséis estados federados, el río Spree tiene un protagonismo muy especial porque sus barcos de recreo suben y bajan, bajan y suben constantemente llevando a los pasajeros, nacionales o turistas que quieren tomar el sol, visitar la ciudad desde el río o simplemente sentirse marineros de agua dulce. En España, el río Spree también es protagonista, ya que los corresponsales de TV suelen envíar sus crónicas desde  la orilla del río y, muchas veces, con el fondo del Reichstag (Parlamento)

La Unter der Linden (Bajo los Tilos) es, para mí, semejante al río Spree. Es la calle principal de Berlín. Desde su inicio hasta la Segunda Guerra Mundial fue el centro neurálgico de la vida cultural berlinesa. Después de 1945 quedó en el sector oriental (Berlín  Este) como capital de la  República Democrática Alemana. Con la reunificación, después de la caída del Muro, ha recobrado su lugar como la calle favorita de Berlín. Comienza en la Plaza de París, en el lado Este de la Puerta de Brandeburgo, donde se encuentran la Academia de Arte, el mítico Hotel Adlon y la Embajada de Francia. Desde allí recorre 1,5 Km en dirección Este hasta el puente del castillo Schlossbrücke, el cual supone la unión con la Isla de los Museos (Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el año 2000) y el centro Este de Berlín. Es uno de los principales ejes de la ciudad, punto de reunión y esparcimiento. En él se encuentran numerosas instituciones y lugares de interés turístico y cultural.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Berlín fue dividida entre los aliados. Berlín-Este correspondió a la Unión Soviética y formaba parte de lo que se conocía como República Democrática Alemana. Berlín-Oeste se dividió entre Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos lo que constituía parte de la República Federal Alemana, que entonces tenía su capital en Bonn. Si ustedes me permiten, les diré que la impresión que tengo, es que los rusos se quedaron con lo mejor de Berlín, pero puedo estar equivocada.

Hace justo un año que estuve en Berlín y quiero celebrar este aniversario dedicándole este post a esa visita, de la cual voy a contar algunas curiosidades:

Lo primero y principal es el gran calor que pasamos. Nunca imaginé que tal cosa pudiera suceder en Berlín. Calor en la calle y calor en el Hotel Meliá Berlín sito en la calle Friedichstrasse , al pie del rio Spree. Como te sugieren que no abras la ventana porque pueden entrar los mosquitos, algo natural si tenemos en cuenta el río y el calor, sólo te queda encender el aire acondicionado, pero en mi casa nunca hemos dormido con el aire acondicionado enchufado porque nos parece poco higiénico y allí tampoco. No nos quedó más remedio que dormir en camisón encima de la sábana-edredón que se usa en Alemania.

La calle Friedrichstrasse es perpendicular a la Unter der Linden y tiene 4 kilómetros de largo. Los bombardeos aliados sobre Berlín destruyeron la mayor parte de los edificios. En 1961 quedó seccionada en dos partes debido a la construcción del Muro de Berlín. El sur de la calle, perteneciente a Berlín Oeste fue reconstruido rápidamente, pero con edificios populares de cemento. Con la reunificación, en la década de 1990, el resto de la calle fue reconstruido con edificios comerciales muy diferentes, entre los que se encuentran las Galerías Lafayette de Berlín.

Una foto inevitable que yo publicaría si supiera cómo hacerlo es la del trozo de muro que se conserva a poca distancia del Hotel, junto al río y entre las mesas de una cafetería cercana. Resultaba agradable sentarse a cenar al aire libre en los varios establecimientos situados, en el lateral, a lo largo del río, y, por cierto, ni rastro de mosquitos.

Tengo que volver a Berlín para conocer a fondo la Isla de los Museos compuesta por cinco museos: Museo Antiguo, Vieja Galería Nacional, Museo Nuevo, Museo de Pérgamo y  Museo Bode. En cuanto a la gastronomía, puedo prescindir de Berlín porque la cerveza me gustó menos que la de Munich y menos que la vienesa, y las salchichas son decididamente inferiores a las de las localidades citadas.

Después del año transcurrido, todavía tengo una sensación de vacío en el corazón. Berlín es una ciudad que ha sufrido mucho y  se le nota en el comportamiento de algunos de sus habitantes, un comportamiento similar al que me encontré en Budapest hace años. Es como si te reprocharan algo por ser turista. Claro que puede suceder que, sencillamente, tuve mala suerte. Forneas


20
marzo 11

Gibraltar y la Costa de la Lluvia

Me fui a la Costa del Sol para celebrar un cumpleaños y me encontré en la Costa de la Lluvia. El cumpleaños se celebró en Málaga capital, en el Restaurante “El Chinitas”, una taberna de postín, de aire taurino, que me hizo recordar e investigar sus orígenes. No, el Restaurante “El Chinitas” no tiene nada que ver con el famoso “Café de Chinitas” que existe en Madrid desde hace 40 años y tampoco con el “Café de Chinitas” que existió en Málaga en el siglo XIX, pero sí recuerda en su decoración la canción popular recopilada por Federico García Lorca que decía así:

<<En el Café de Chinitas

dijo Paquiro (1) a su hermano:

“Soy más valiente que tú,

más torero y más gitano.”

En el Café de Chinitas

dijo Paquiro a Frascuelo (2):

“Soy más valiente que tú,

más gitano y más torero.”

Sacó Paquiro el reló

y dijo de esta manera:

“Este toro ha de morir

antes de las cuatro y media.”

Al dar las cuatro en la calle

se salieron del café.

Y era Paquiro en la calle

un torero de cartel.>>

(1) Francisco Montes Reina, Paquiro, (1805-1851)

(2) Salvador Sánchez Frascuelo, (1842-1898) Nota: se trata de dos toreros legendarios.

No voy a hablar más de Málaga (capital) porque yo fui a Torremolinos para tomar el sol (en esta ocasión, la lluvia), pero quiero dejar constancia del desfile de Carnaval con que nos obsequió el pueblo (o ciudad) de Torremolinos el sábado por la tarde, aprovechando un resquicio de sol, que sólo puedo calificar de esfuerzo colectivo muy importante. A propósito, no quiero que se me olvide decir que la calle San Miguel de Torremolinos (Málaga) y Main Street (Gibraltar) tienen una cosa en común: la cantidad de joyerías que te venden diamantes (entre otras joyas) y perfumerías por metro cuadrado.

Sobre Málaga, tengo un último y especial recuerdo para Amparo Muñoz, primera Miss Universo española (1974) que ha fallecido a la edad de 56 años. R.I.P. de todo corazón.

A GIBRALTAR IRAS Y NO VOLVERAS

Fui a Gibraltar y no pienso volver, a no ser que Mr. Peter Caruana me invitase a tomar el té en su casa, cosa que no va a suceder.

Hace muchos años conocí a un gibraltareño que me gustaba mucho y hasta le saqué un ripio. <<Es rubio e inglés/ jovial y guapito/ nació en Gibraltar/ le llaman “llanito”>> Pasó el tiempo y , con ocasión de una estancia en la Costa del Sol, me acerqué a Gibraltar conduciendo mi propio coche. Fue muy frustrante porque no pude o no supe encontrar un sitio para aparcar. Ahora, pensé aprovechar la oportunidad para contratar una excursión y me fui a Gibraltar en plan turista, mezclada con ingleses y franceses.

Algo que recordar

–El café con churros que desayuné. En realidad, no eran churros sino una mini rueda de porras que estaba buenísima.

–La catedral de St Mary the Crowned, en Main Street , estaba llena. Era “miércoles de ceniza” y los gibraltareños católicos, según nos advirtió la guía, son muy buenos católicos y estaban allí para cumplir con el rito de la imposición de la ceniza.

–El tiramisú que tomé en un restaurante italiano situado en Casemates Square era “de autor”, especialidad de la casa y en vaso.

Algo que olvidar

–La lluvia intermitente que cayó aquel día sin parar.

–La moneda de Gibraltar es la libra gibraltareña y las tiendas te hacen su propio cambio.

–La adquisición de un frasco más bien pequeño de Chanel nº 5. El comerciante tiró de calculadora y me dijo: “Por ser para usted, sesenta euros”. Salté como un resorte: “Para mí y para cualquiera, digo yo” y mientras una de las dependientas se partía de risa. Me recordó un episodio que viví en el Gran Bazar de Estambul y que no voy a contar ahora; es decir, aquello me pareció un puro anacronismo. Excuso decir que no compré el perfume.

–Y como colofón: la aduana. Nos habían advertido que la Aduana española era muy rigurosa , que sólo permitían que gastáramos hasta 300 € y que ,al regresar, había que bajarse del autobús, cada uno con sus compras, y pasar la aduana a pie. Nos bajamos y recorrimos un trecho bajo la lluvia para llegar a la instalación que hacía las veces de aduana: un lugar pequeño, desolador, pero con sus accesos convencionales de “NOTHING TO DECLARE”, “SOMETHING TO DECLARE” etc. Y completamente vacío. No pude evitar decirle a la guía que nunca me habían tomado el pelo de forma semejante y que su empresa debía haber previsto lo que iba a pasar un día como aquel. Ella alegó que los aduaneros cuando querían miraban y cuando no querían, pues no miraban. Entonces recordé una frase de Ramón Lobo, reportero de guerra de “El País” que dijo recientemente: “Las fronteras son un invento perverso” Forneas


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