
Amig@s, algo está pasando en este mundo de nuestras entretelas que hace que no vayan las cosas del todo bien. Tanta civilización, tanta civilización, y al final esto va a ser la selva (¡si es que no lo es ya!).
La gente ya no se habla… ¡se gruñe! O peor… ¡se escupe y ataca!
¿Recordáis la Segunda Parte de los Cazafantasmas y su Magma Generador de Mal Humor?
Nadie dice querer ser “el pringado o pringada” de turno, así que, ante la duda, pisan antes de que les pisen. Pero no penséis, ni con garbo ni con relicario.
Uno ya no sabe si es el estrés, si los videojuegos, si los alimentos “light”, si el cambio climático, o si todos llevamos dentro a una fiera maleducada dispuesta a salir en menos que canta un gallo. Por cierto, ¿hoy en día los gallos cantan o para eso ya tenemos programas como OT?
Yo ando muy descorazonado, pues dos de las personas más pacientes, tendientes a la educación más indiscriminada e infinita y a la dulzura más edulcorada que conozco, también parecen haber tirado la toalla:
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Uno es el compañero de mi amiga-y-ejemplo-vital Rouse, que siempre fue para mí el “Modelo y Amo del Nirvana y la Educación“. Pues bien, el otro día me dijo Rouse que el admirado susodicho, cansado de parecer el buenazo de la película, también está sacando las garras. Y con arte.
Fue enterarme de esto y sentir que temblaba la tierra bajo mis pies. El último reducto conocido en el mundo de paz y armonía se tambaleaba, mientras yo pensaba para mis adentros: muy mal tiene que estar el COSMOS para que ÉL se haya vuelto agresivo. ¡ÉL, sí, sí, ÉL, que medita más que el Maestro de Karate Kid! Catastrófico.
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El otro soy yo. Sí, sin ir más lejos. Ya notaba yo que algo estaba cambiando en mi interior. Yo sentía crecer alguna cosa dentro de mí, e incluso notaba las pataditas. Nada más nacer, dijo su primer insulto. ¡Resultó que había estado gestando un ALIEN!
Yo he decidido quererlo igual que si me hubiera salido un querubín, pues al fin y al cabo los hijos son lo que son, no lo que uno espera que sean.
Y para que no haya dudas de la paternidad, he decidido parecerme a él: los mismos dientes, la misma bilis, y el mismo “amor” por la humanidad.
A mí no debería de haberme extrañado tal parto, pues entre
- los delincuentes que se han instalado en mi plaza (y que no paran de darnos emociones de día y de noche)
- las derramas extraordinarias (ya perdí la cuenta),
- l@s compañer@s de trabajo lanza-cuchillos (a veces parece que trabaje en el CIRCO)…
Sólo hacía falta un pequeño empujoncito para que se obrase la mutación. Y este empujoncito, querid@s lectores, ha sido en forma de:
¡VIAJAR EN AIR FRANCE DE NY A PARÍS, TENER QUE COMPARTIR BOEING CON PARISINOS Y RECIBIR LA ATENCIÓN DE SUS AZAFATAS Y TRABAJADORES! ¡HORROR!
Sé que ahora ya me entendéis.
Mejor no os cuento los detalles. Nunca imaginé que el Infierno estuviera tan cerca de las nubes y tan lejos de las selvas de Rambo. Aquello era una pesadilla. El rictus de amargura de las azafatas parecía obra de un cirujano sádico, y su alegre actitud de Institutriz de la Alemania Nazi fomentaba… cómo decirlo, una atención dulce y personalizada digna de un resort en una prisión turca.
Por su parte, los pasajeros, se comportaban con un sentimiento de “superioridad de clase” más alto que las Torres Petronas de Kuala Lumpur, y la verdad, sólo demostraron ser unos enormes maleducados. Yo estaba preocupado pensando que les dolerían las cervicales si seguían mirándonos al resto tan por encima del hombro.
Del resto de empleados ni os hablo. No quiero recordar. Es demasiado duro.
Sólo deciros que hubo momentos en que vi cómo a PITICLI le gritaban, cómo nos trataron deliberadamente mal por ser españoles (aún hablando más que correctamente inglés y francés), cómo me criticaron por dejarme bebida (¿?!!), cómo ofrecían menú distinto a otros pasajeros (pero si lo pedía yo “no tenían”), etc.
Fatal – Fatal. Nunca lo hubiera imaginado, de verdad. Con lo bien que nos trataron los de DELTA AIRLINES (¡que incluso nos regalaron una botella de champagne al llegar a NY!).
Ya me lo decía una vocecita en mi cabeza: quédate en NY, que es duro, pero no engaña.
En fin… ¡ya me daréis vuestro consejo y opinión!
Mientras… ¡Sed Felices!

