
O yo vivo en un mundo paralelo o en un “mundo para lelos” (probablemente), pero el caso es que no puedo compartir en absoluto la afirmación. ¿Las mujeres el sexo débil? Desde luego no en mi entorno.
Y no me refiero al hecho de que sobrellevan con elegancia la cera brasileña, los tacones, la dictadura de la talla 36, o la regla (que por mucho que diga Kiku, no es patrimonio exclusivo de la mujer). La cosa va más allá.
Puede que el ejemplo más claro de lo que digo lo aporte mi Musa Mexicana, quien la otra noche, mientras tomábamos una copa de vino en un lugar de esos que me gustan tanto a mí, sofisticadísimos y culturalísimos, rodeados de escritores, pseudo-escritores, modern@s, y con Lou Reed ensayando sus lecturas poéticas, me suelta:
- Pues después de tantos años aquí, el otro día tuve mi primera experiencia violenta.
- ¿Ah, sí?, dije yo.
- Sí cielo, salía del metro para ir a clase, y noté cómo un tipo intentaba tirar de mi bolso. Yo que me di cuenta, estiro también y le digo “no lo hagas, no te conviene, mira que soy mexicana”, pero el tipo venga tirar del bolso.
(Hago un inciso para explicar que mi musa mide un metro sesenta escaso, pero tiene el genio del Demonio de Tasmania).
Total, que el tipo, de un metro ochenta aproximado, seguía tira y tira, y yo venga decirle: “de verdad que no te conviene, que soy mexicana”.
- ¿Y qué pasó al final? (me moría de curiosidad, fascinado por la historia, el vino económico de los lugares sofisticados, y los debates literarios interminables sobre un mundo cambiante gracias a Internet).
- Pues que como no lo soltaba y se ponía agresivo, le di un puñetazo en la mandíbula y lo tiré al suelo. Ya sé que tú no lo sabes, mi amor, pero eso te deja la mano muy dolorida. Luego no pude tomar apuntes en clase.
- ¿Y nadie vio nada?
- No, pero al llegar al aula todos me aplaudieron, diciendo que así debíamos de ser todas.
Me da cierta ternura la temeridad del ladrón, y su poca inteligencia. Si yo viera acercarse a mi Musa Mexicana, nunca se me ocurriría molestarla. De hecho, su compañero de piso está tentado de poner un cartel en la entrada que diga “Cuidado, mexicana”.
Dice ella que aprendió a pegar en la escuela primaria, para defender a su amigo gay, y que luego le sirvió para poder trabajar hasta tarde en el DF.
Aunque la violencia nunca me pareció la manera de resolver un conflicto, la aplaudo por su valor. Y a su lado uno siempre se siente seguro, claro.
Si bien ella es un caso extremo, a mi alrededor se acumulan multitud de ejemplos. A saber:
- Mi dentadura perfecta es de mentira. De pequeño, mi vecina, en una riña, me empujó contra un tobogán y me partió las dos palas. Con su eficacia demostrada, en la época en que entrenábamos juntos, mi familia no sufría por si tenía que volver de noche, pues ella me acompañaba.
- En mi casa, cuando hay que arreglar cualquier cosa, siempre lo hace mi madre, que es muy apañada. Da igual si se trata de colgar unos altavoces o pintar un pasillo. De hecho, la única vez que mi padre intentó arreglarme un muñeco, He-Man quedó cojo para el resto de su existencia, y tuvo que dejar de defender el Castillo de Greyskull para vender cupones. Y en la familia de PITICLI no se quedan cortos. Llevan generaciones de mujeres valientes que sostienen y superan cualquier situación.
- Mi Musa Buba (una rubia imponente a la imagen de la Barbie Posmoderna) tiene casi más agallas que su novio, policía, a la hora de defender los derechos de los usuarios o, sobre todo, los animales. En pleno País Vasco, en un restaurante, plantó cara a medio personal sin despeinarse su cuidada y rubísima melena ante el asombro de todos (y mi miedo por si nos linchaban). Yo ya le digo que Brigitte Bardot se puede retirar tranquila.
- En uno de mis primeros trabajos, una de mis jefas (lo cierto es que casi siempre he tenido jefas), en una situación muy, pero que muy difícil, mantuvo el tipo como una campeona mientras servidor tuvo que ser atendido por el personal cercano porque se desmayaba. Me tuvieron que tender en el suelo, con las piernas hacia arriba, en el cuarto de la limpieza, dándome un zumo y abanicándome, mientras ella afrontaba la situación subida a sus tacones. Como del resto de jefas, creo que he aprendido mucho.
Por cierto que tras casi seis años de no saber nada de ella, el destino ha querido que nos reencontremos, lo cual ha sido un estupendo regalo. ¡Un beso, preciosa!
- Mi Musa Escritora, que cuando va de dulce es un corderito, pero que cuando se enviste con el rol de abogada agresiva, da más miedo que Haníbal Lecter en el cuerpo de Sharon Stone. Ni que decir tiene que me negoció la compra del minipiso. Entre su firmeza en la negociación y el escote, ganamos el partido por goleada.
- Mi Musa Heidi, que no se amilana a la hora de plantar cara a cualquier institución cuando se trata de defender los derechos del consumidor. Cada vez que la veo con un papel de reclamación, me apiado de la entidad.
- Mi Musa Tímida, que como dice que se ha criado en un “barrio chungo”, lo mismo escribe una novela maravillosa, que consigue sacarme el dinero atascado de la máquina de bebidas de un solo golpe, o le planta cara a un yonki sin perder la sonrisa.
- Y podría seguir con los ejemplos de mi Musa Soviética (porque es más roja y sindicalista que La Pasionaria) o de mi sabia Musa Bruja, que lo mismo te echa el tarot, que planta cara a unos mangantes, que va a buscar agua al súper y acaba seduciendo al empleado (quien, por cierto, se la acaba llevando gratis a casa).
Pero no seguiré, porque no acabaría y no quiero aburrir, y creo que ha quedado bastante claro. Me perdonarán las no nombradas
Moraleja: si yo necesitara escolta, fijo que elegiría mujeres, en plan Ángeles de Charlie.
No puedo evitar pensar que si mi entorno es así, tópicos y mala prensa aparte, el del resto de personas seguro que también lo es.
Con lo cual, para acabar sólo se me ocurre decirle al que inventó lo del “Sexo débil”, y a quienes lo sostengan, que si no se quiere modificar en exceso la frase, al menos se cambie la “B” por la “V”, convirtiéndolo en “SEXO DEVIL” por aquello del inglés (Devil = demonio / diablillo) y darle una connotación más interesante y de respeto.

Mientras pensáis si estáis de acuerdo… ¡Sed muy felices!








anta afición cogió a la actividad que por las mañanas miraba en las mesas de los otros huéspedes a ver si se habían dejado galletas para darles a los bichos. Y yo venga aguantarme las ganas de increparle cualquier cosa desagradable mientras lo hacía (afanar las galletas y luego sobrealimentar a las ratas emplumadas), que al fin y al cabo se trataba de que la señora disfrutara. Además, bastantes cosas ya me ha aguantado ella a mí estos años.

Siguiendo su sabio consejo, yo también deseché un pañuelo horrible que me había llevado.





Yo creo que sus amigas y hermanas le tienen celos o no son amigas, porque la han decantado a una imagen “groupi de Camela” (con todos mis respetos) que me provoca estados de catatonía graves.



plantarme el conjunto más trendy y así hacerla más amena (sin llegar a la inimitable 