

Jackie O. directamente lo afirmaba, y ella, al igual que la inigualable Carmen Lomana (que en paz descansan ambas, cada una en la suya), parecía tener las ideas bien claras al respecto.
¿Será cierto? ¿Sólo cuando es más caro es mejor?
Yo nunca he creído que fuera necesario emplear mucho dinero para disfrutar de cosas bellas (y si no que se lo pregunten a mi súper secretaria, que al verme pensaba que servidor sólo compraba en tiendas tipo Armani y la sorpresa que se llevó cuando le dije que me encantan las de segunda mano), pero que un mundo mejor va siendo necesario, vamos que sí.
Aunque… ¿me estaré negando a la evidencia? ¿Sólo si me fuera a vivir a un barrio “pijo” podría disfrutar de tranquilidad y civismo?
Claro que esos barrios tienen otras cosas. Como le pasó a mi Musa Mexicana,
que mientras vivía en lo Más de lo Más de la ciudad la gente interpretaba automáticamente que ella era una criada y no una vecina…
Ya lo he comentado alguna vez, pero es que mi nivel de tolerancia frente a ciertas actitudes está llegando a su límite. ¡No puedo más! – como diría la magnífica Trasobares -. Estoy hasta la boina de chusma, digo morralla, digo de incivismo.
Y ese ha sido un tema al que no he parado de darle vueltas recientemente al asunto. Tanto que por poco me centrifugo. ¿Por qué? Os lo voy a confesar aunque me duela en el alma: me sentía mal creyendo que me estaba volviendo un rancio. Eso por no decir otra cosa, tipo clasista.
Vamos, que voy por la calle y lo único que me apetece es ver cosas bonitas y gente educada.
¡Stop in the name of love! – que dirían las Supremes- ¿Pero es que la gente no sabe caminar sin escupir? ¿O hablar sin gritar? ¿O ir en transporte público sin destrozarlo? ¡No, no y no! ¡Quiero GLAMOUR! ¡Y no hace falta que sea de Dior! CREO EN EL GLAMOUR LOW COST.
Para mí que un reto de este país no es alfabetizar a la población, sino darle un toque de distinción, que parece que todo el mundo anda con rabia y ganas de destrucción por la calle.
En mi mundo fantasticolor, tod@s pareceríamos sacados de una teleserie de culto; utilizaríamos trato de cortesía cuando se requiriera; una sonrisa profidén iluminaría los rostros tersos de los transeúntes; la gente gozaría de bienestar; y las calles y playas no estarían llenas de porquería. Porque en algunas zonas esto es MAD MAX.
¡Ay! ¡Cuánta razón tenían Moria Casán y Leevon Kennedy!
Así que tenía un dilema interior muy gordo. Porque yo antes me las daba de súper progre, y de repente me sentía mal al verme cual aspirante a combinado de “pequeño-burgués + gauche divine”. Ahora no. Por suerte, actualmente, lo llevo divinamente.
Y todo gracias a mantener sendas charlas con:
- Mi GURÚ personal.
- Mi Musa Heidi (qué lista es la jodida chica)
Como caídos del cielo (bueno, en realidad uno vino en avión desde Italia y la otra estaba a punto de partir hacia Vietnam) justo cuando me encontraba en pleno sinvivir, en absoluta crisis de identidad, dudando si dejar de comprar en mi adorado DIA% para pasarme al Club del Gourmet, ELLOS, que están conectados con la fuente ZEN del Universo y la sabiduría psicológica respectivamente, que andan proyectando ONG’s o tratando a gente con trastornos de personalidad, y que practican la meditación y el ascetismo además de ligar por internet, cuando les confesé mi estado mental van y me sueltan:
- Gurú: “Eso no es malo”.
- Yo, liado como la pata de un romano: ¡¿Ah, no?!
- No, es bueno, porque eso significa que detectas aquello que nuestro mundo tiene de “deterioro” y no quieres pertenecer a ello.
- ¿Entonces no me estoy volviendo un rancio clasista?
- No, simplemente seleccionas aquello que es bueno para ti, de lo que te quieres rodear, huyendo de gente “tóxica” y “ambientes inadecuados”
- Musa Heidi: “Eso no es malo”.
- Yo, atónito: ¡¿Ah, no?!
- No, si todas esas conductas incívicas te fueran indiferentes, serías un “pasota”, habrías perdido ciertas nociones importantes.
- Ah…
- Sí, es bueno que no te identifiques con ellas, que no te “unas” a las mismas.
Así que me quedé más liberado que la Naranjo una vez que la desataron tras apretarla más fuerte. Gracias a las corrientes New Age y a la psicología, ya no soy clasista, soy saludablemente selectivo.
Oye, esto es lo más. Si a vosotr@s también os pasa, ya lo sabéis.
Así que puestos a aceptar mi nuevo estado, decidí ir a recargar energía unos días a Zaragoza, un lugar que me encanta, ejemplo del Glamour Low Cost, y que siempre ofrece:
- Buena gente. No lo puedo remediar, soy fan absoluto de la franqueza de los maños.
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Un importante legado artístico. El listado de monumentos es impresionante. Además, como le intenté explicar a una china en inglés: hay que potenciar el conocimiento del Arte Mudéjar.
- Estupenda gastronomía. Una recomendación: Casa DOMINÓ. Toda una institución en el casco antiguo. Su jamón batido es delicioso.
- Alojamiento de calidad y a precio sin comparación, como el del Hotel San Valero, Un hotel coqueto, nuevo, de diseño, en pleno centro y con unas tarifas desconcertantes (sobre todo para los que venimos de Barcelona). Otra estupenda opción en la misma línea es el Hotel Las Torres.
- Lo más importante: mi abuelo y su novia (87 y 84 años respectivamente). Pasar momentos con ellos son siempre pequeñas-grandes lecciones de vida. Entre potajes dignos de Obélix (a ellos no les importa que sea verano); discusiones por cosas absurdas; telenovelas y medidas continuas de la tensión arterial (se han vuelto adictos a tomársela varias veces al día para comprobar que están bien) me regalaron un sinfín de anécdotas (las reservo para otro post), así como me mostraron que la edad no tiene que ser un
obstáculo a la hora de emprender nuevos proyectos, o hacer frente a los convencionalismos de cara a llevar la vida que deseas. Ejemplo: a él ahora le ha dado por estudiar el origen del Universo, así como los misterios de nuestro planeta, y ella está frita porque no le deja ver la teleserie:
o Él: ¿Te das cuenta de que somos como una partícula de polvo en el Universo? ¿Y que si excaváramos y excaváramos debajo estaría Nueva Zelanda?
o Ella: Pues anda maño, ¡y yo que pensaba que debajo teníamos a “la pezones”! (es la vecina del piso de abajo, que no para de rascarse en dicha zona).
¿Podía pedir más? Pues sí: aproveché esos días en Zaragoza para cambiar el look. Ya tenía yo ganas de cortarme el pelo-mocho que llevaba y busqué y busqué hasta que encontré una peluquería abierta en lunes (día en que se me metió entre ceja y ceja que
debía cortarme el pelo).
No os lo creeréis, ¡pero las únicas peluquerías abiertas que encontraba eran las caninas! Y aunque tentado estuve, igual no hubieran aceptado. Finalmente, y contra todo pronóstico, en una de esas peluquerías llenas de señoras con más laca que Tamara, y mechas más indiscriminadas que un cuadro de expresionismo abstracto, va y me toca el peluquero más moderno de la ciudad, que supo interpretar mis inquietudes:
- ¿Cómo lo desearía?
- (Yo no podía decir “justo lo contrario de lo que estoy viendo por aquí”) Me gustaría algo inspirado en los años 40-50, tipo Cary Grant, o incluso James Dean.
- Comprendo, comprendo.
Y sólo fue necesario pedirle que me quitara de su propuesta el cogote a los Chunguitos (que digo yo, qué tendrán que ver los Changuitos con Cary Grant) para conseguir uno de los mejores cortes que me han hecho nunca. Ha tenido un éxito arrollador.
En definitiva, hay que ir a Zaragoza, hay que rodearse de aquella gente que nos aporte cosas buenas, hay que tratar nuestro entorno con respeto, y si nos llaman clasistas, recordad que el ZEN considera esa actitud como saludablemente selectiva. Además, no es cuestión de dinero.
Próxima parada: Cádiz. Os escribiré, imagino, a nuestro regreso. Mientras… ¡Sed muy Felices!
P.D. dedicado a Carmen Lomana & co., que nunca dejan de sorprendernos.





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de mi entorno, que considera que no debo acercarme ni adquirir ningún electrodoméstico más.




os salta una gota de pegamento-une-menhires a la córnea,
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