

Si todos los Escorpio que tengo alrededor se decidieran a atacarme no saldría vivo. Casualidades de la vida o no, un montón de gente que me rodea (padre, ahijados, mi compañero bailón o mi súper abuelo) cumple años en estos días. ¿Son los Escorpio el resultado de las frías noches de febrero y una mala programación de televisión?
Y si hacemos caso a la cultura popular, sus parejas han de haberlo celebrado también (aquí no incluyo a mis ahijados, claro). ¿Por qué? Pues porque se dice que los Escorpio son especialmente fogosos.
La próxima vez que vea a Lady Laca me fijaré si se muestra especialmente cantarina y su piel aparenta más tersa que la de Carmen Sevilla por obra y gracia del esparadrapo. Imagino que sí, pues ya me avanzó el otro día: “hijo, tu padre, con esto de la jubilación, está muy… cómo lo diría… muy cariñoso”. Y yo que me alegro.
En el caso de mi abuelo no me cabe duda. Ha cumplido ochenta y ocho años pero sigue teniendo más vitalidad que un grupo de boy scouts juntos. Aún recuerdo a mi abuela, a la hora de la siesta, diciéndome: “Agustín, si tu abuelo pregunta dónde estoy le dices que me he ido a hacer la siesta, que estaba muy cansada, a ver si me da respiro, que este hombre me tiene agotada”.
Como veis somos muy “naturales” en mi familia.
A mi compañero de trabajo supongo que también se lo notaré por las ojeras.
Por cierto que yo les veo cumpliendo años y cada vez los encuentro mejor. No sé por qué la gente tiene esa fobia a la edad. La mayoría de la gente que me rodea tiene mejor aspecto ahora que en otras épocas, quizá porque se va encontrando mejor consigo misma (y aquí me incluyo yo), quizá porque les tengo cariño y yo, como la Esteban, por ellos MA-TO.
Aunque si revisamos las fotografías antiguas de todos nosotros, y especialmente de nuestros padres y abuelos, seguramente encontraremos temporadas “poquísimo favorecedoras”. Y si no que se lo pregunten a George Clooney (junto a Cary Grant, mis ejemplos de envejecimiento ideal).
Mi abuela, a los cuarenta años parecía tener noventa, y Lady Laca, influenciada por los espantosos modelos de gafas de los setenta y ochenta aparentaba treinta años mayor que ahora.
Porque ése sí que ha sido un gran progreso: el de las monturas decentes y las lentillas cómodas. Cuántas situaciones de “por favor, no os mováis y ayudadme a encontrar la lentilla” se han dado, y cuantos “sexapiles” no se habrán truncado debido a unas gafas de “culo de vaso”.
Los actuales 40 son los antiguos 30, y así sucesivamente. Las personas de setenta años (si no tienen problemas de salud graves) gozan de una vitalidad y apariencia envidiables. Para muestra todas las señoras que uno se encuentra en las clases del gimnasio, que tumbarían a la mismísima Jane Fonda en un maratón de aquagym. ¡Tienen una energía inacabable! O los compañeros de coche-cama con los que coincidió la Musa Escritora, una encantadora pareja de ancianitos a los que hubo que llamar la atención durante la noche porque con sus gemidos y traqueteos no dejaban dormir al resto de vagón…
Por su parte, Mi Musa Mexicana comenta, tras trabajar con Darío Fo, que ése es su ejemplo a seguir. Y más allá de sus incontables virtudes es capaz de decir: “mira mi amor, eso de la edad son tonterías, te aseguro que Darío Fo tiene ochenta años y juro
que no huele a pis”. Muy descriptiva la Musa.
Puede que un temor mayor al envejecimiento físico en nuestros tiempos, relacionado con el cumplir años, sea el de la soledad (y aquí entronco con el tema que la Musa Tímida insiste en que trate). Según ella, la gente no se vuelve paranoica por las arrugas, sino por el temor a quedarse sol@. La Musa asegura que nos convertimos en una especie de estúpid@s entes desesperados por encontrar pareja a toda costa conforme pasan los años, y luego “pasa lo que pasa, que corremos el riesgo de arrimarnos a cualquier elemento, por desastroso que sea”.
Es muy probable que tenga razón. Ella no para de contarme historias de sus vecinas de urbanización, a cual más desesperada y con peor elección de compañero por tal de no estar sola, y que aguantan carros y carretas que ni las de Manolo Escobar.
El día que quieran rodar la versión de “Mujeres Desesperadas Made in Spain” ya tienen la localización.
Si esto lo escucha la Musa Bruja sí que se desespera. Ella además dice: “mira Churri, el amor dura tres lavados de calzoncillos y dos de calcetines (y recomienda, claro, iniciar las relaciones amorosas en verano), así que no vale la pena obcecarse con la estabilidad de la pareja”.
Por eso es tan buen ejemplo la Musa Roja, que sigue disfrutando de la seducción sin obsesionarse en que cada hombre que conoce “ha de ser el definitivo” (lo cual, por otro lado, puede resultar la mar de perjudicial para el objetivo) en un momento vital en el que otras están más retiradas de la escena que Linda Blair, o mi Musa Antiedad, que no aparenta ni por asomo los años que tiene, según ella porque de
lo que se trata es de ser “fiel a ti mism@”, y le da igual si está en pareja o no. Encima ella no para de ligar. La otra tarde, sin ir más lejos, le paró un “joven, de los que a ella le interesan, porque los de su edad son todos unos sosos” mientras iba comiendo churros por la calle. Ahora tenemos todos una curiosidad enorme por verla comiendo churros…
Para la Musa Antiedad, el verdadero reto, es el de no perder la identidad y saber hacer cosas sol@. ¡Menudo tema! Especialmente desde la última experiencia con el novio neohippy, que demostró estar más interesado en las coles que en los problemas de las personas.
Conversación para la posteridad entre ella y su exnovio-neohippy:
- Hola “X”, no sabes el día tan horrible que he tenido hoy, todo han sido problemas, he tenido que trabajar muchas más horas de la cuenta y encima hay ciertos temas de mi salud que no se acaban de resolver…
- Pues yo me he comprado una col.
- Ah… ¿me estás escuchando? Te estoy intentando decir que ha sido una jornada durísima y que no me encuentro muy bien… y quería compartirlo contigo…
- Tener una col también es muy importante. ¿Sabes cuántos beneficios tiene?
Creo que ahora la Musa ya no come col, por muy buena que sea para el organismo, lo que está haciendo es obligarse a realizar actividades con ella misma, incluso aquellas que le dan más pereza. ¡Bien por ella!
Tod@s, o casi tod@s, somos capaces de hacer algo sol@s, pero ciertas situaciones pueden generarnos incomodidad, como ir a comer sol@, ir al cine sol@, o viajar sol@.
Por eso a mí me merecen mucho respeto las personas que lo llevan a cabo. Hasta el punto que PITICLI ya me mira con mala cara cada vez que vamos a algún sitio y comento “mira esa persona, ole por ella, está comiendo en un restaurante sola, o viajando”.
Porque si envejecer sol@ puede dar miedo, perder la identidad de un@ a mí me parece peor, pues siempre existe el riesgo de “acomodarse” e incluso dejar de hacer aquellas cosas que un@ disfrutaba en soledad o configuraban su personalidad. O como le pasó a mi peluquera, ¡que se dio cuenta de que desde hacía años no tenía ninguna foto de ella en la que no saliera su marido!
Yo, que tengo una parte autista más desarrollada que Rain Man, y soy un talibán de la independencia (pobre PITICLI, lo que tiene en casa) defiendo ferozmente mis momentos
conmigo mismo. Me encanta pasear solo, ir a ver una exposición a mi ritmo, escribir o explorar tiendas a mi aire. Sin que eso quiera decir que no pueda hacerlo en compañía. Pero tengo comprobado, al menos en mi caso, que si no dispongo de algunos momentos únicamente para mí, luego me voy cargando y lo pago con los demás.
Así que ojalá consigamos dejar a un lado ciertas presiones sociales (o sensaciones del tipo “me van a mirar con cara de pena si voy sol@”), sepamos disfrutar de nuestros momentos sol@s y en compañía, y nos relajemos confiando nuestras arrugas a los avances de la cosmética.
A todos los Escorpio… ¡Felicidades!
Y al resto… ¡sed muy felices!
P.D. nuevas “perlas de la lengua”.
- ¿Usted tiene “gaspasho”? à quería decir despacho
- Yo “zumo” à en realidad quería decir “fumo”
- A mi hija le están haciendo las pruebas del “estintino” à intestino, por Dios.




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PITICLI cuando nos conocimos. Yo veo un “qué” acentuado y siento lo mismo que Emmanuelle ante una silla de mimbre. Cada cual con sus fetichismos y Buddha en los de todos.


