

Hay gente a la que le gusta el frío. Claro que también hay gente que cree que la polivalencia es la policía de una ciudad levantina. Discrepo en ambos casos. A mí el frío me gusta menos que un disco de grandes éxitos de Inma Serrano. Pero aquí lo tenemos y habrá que llevarlo de la mejor manera posible.
Como diría la Pantoja: al mal tiempo, buena cara, o “dientes, dientes”, que por algo mis padres se gastaron una pasta en ortodoncia.
Y eso es lo que hemos hecho PITICLI y yo en nuestra última escapadita romántica a un Santiago de Compostela afectado por uno de los mayores temporales de frío y lluvia que se recuerdan: disfrutarla pese a las inclemencias (por ser sutil y amable) meteorológicas.
Pienso que en otra vida PITICLI y yo debimos de ser divinidades de la lluvia, pues lugar al que vamos, lugar que llueve. Eficacia probada. Incluso nos llovió dos días en Fuerteventura, y eso que sólo llueve día y medio al año. Tal y como está la economía estoy por ofrecer nuestros servicios a las cofradías del sur que tengan a bien sacarnos en romería por un precio módico. Cambiamos Rocío por Tifón.
Una de las grandes dificultades cuando viajas con semejante clima es qué llevarse en la maleta, especialmente si reniegas de chubasqueros y jerséis que no favorezcan en las fotos. Por suerte dimos con la solución:
- Maxi paraguas transparente (combina con todo y te permite ver a través de la ventisca).
- Ropa inspiración Doctor Zhivago combinada con elementos del Retorno del Jedi.
Fue así como PITICLI lució con singular alegría su gorro siberiano con orejeras frente al apóstol, el cual, puede que por envidia, destruyó -literalmente- una de nuestras cámaras al
intentar fotografiarle. Yo creo que no se tenía que haber puesto así. A mí me dice Santiago que le compre uno igual y se lo regalo para Reyes sin problema. Pero claro, dile tú a un Santo que acepte perder protagonismo por unos minutos en su propia casa…
De todos modos el gorro en cuestión siguió trayendo polémica. Al quejarse PITICLI de que la gente miraba extrañada su complemento, a mí se me ocurrió decir que lo entendía al tratarse de un gorro un tanto “extravagante”. Pues para qué quieres más, discusión conyugal al canto.
Afortunadamente nada nos reconcilia más que comer bien, y eso en Santiago está asegurado. Os paso unas direcciones imprescindibles:
- O gato negro (un clásico entre los clásicos que no ha perdido ni pizca de encanto). Sus chocos en su tinta son increíbles. Por cierto que en la mesa de al lado estaban Boris Izaguirre y su marido.
- Bistró Leal. En la zona del Ensanche. Un restaurante muy nuevo en el que comer platos tradicionales y versionados exquisitos.
- María Castaña. Para los que quieran comer no sólo las recetas de toda la vida, sino también las actuales confeccionadas con algas. Riquísimo.
Ya de vuelta, y luchando contra la tentación de invernar, han sido días de reencuentros. Impagable la conversación con la Musa Mexicana sobre su categoría de los “Subseres humanos”, grupo de gente indeseable que ella describe con todo lujo de detalles. Que vayan tomando nota los antropólogos. Por no hablar de otra de sus teorías, la relativa a “todo el mundo se destroza la vida de la manera que más le gusta”. No sé por qué no llevo una grabadora en nuestros encuentros…
Quien también nos vino a visitar fue Lady Laca, que añoraba pasar un día “en la gran ciudad”. Sus visitas siempre tienen dos efectos prácticos en nuestras vidas:
- Limpiamos la casa (Lady Laca es experta en señalar las zonas sucias de un hogar, y aunque parezca mentira, en treinta metros cuadrados es capaz de localizar miles).
- Reponemos las reservas de tupperwares (siempre se presenta cual Paco Martínez Soria cargada de embutidos, guisos y demás).
Sabiendo lo que le gusta poder comentar a la vuelta con sus amigas los lugares “in” a los que ha ido -porque ella tiene que mantener su estatus de “la más moderna del barrio”- la llevamos a comer a nuestro restaurante hindú favorito, el Bollywood.
Como si lo hubiera sabido, se presentó con un pañuelo al cuello (que le traje de China aunque aquí también lo hubiera podido comprar incluso más barato, pero que le sirve para explicar que se lo trajo su hijo de China) que automáticamente se trasladó a su cabeza nada más cruzar la puerta del local.
Lady Laca, que lee una barbaridad, había terminado recientemente “Pasión India” y otro libro sobre la nuera de Indira Gandhi, así que para qué quieres más. Fue sentarse y empezar a hacer poses de baile bollywoodiense. El camarero, impresionado, le puso uno de esos brillantitos en la frente y ella tan feliz. Por si con las fotos no fuera suficiente, al marchar se llevó el brillantito bien guardado junto con folletos del local para explicar con todo detalle a sus cien mejores amigas el lugar en el que había comido. Aunque claro, como ahora es LA MÁS MODERNA, su frase es: “es que a mí la que me gusta es la comida japonesa”. Tremenda.
Y esa misma noche, tras dejarla en el autobús que la llevaría de regreso a las provincias, de cabeza a la fiesta de los 80 que organizaba una amiga de PITICLI (la directora de los geniales cortos de los que ya os hablé y que considera los ochenta como la “última época realmente moderna”).
PITICLI, que triunfó, se había comprado parte del vestuario en HUMANA para la ocasión. Sin embargo, yo no tuve que adquirir nada nuevo. Dado que me gusta más el vintage que a Laura Ponte, sólo tuve que combinar lo que tenía en el armario y listos.
La anfitriona nos recibió vestida fenomenalmente al estilo Blossom, y por su piso desfilaron todas las tendencias de la época, desde los aires punkies al flashdance. Un par de asistentes llegó a presentarse con sendos hula hops. De las mejores fiestas a las que he ido.
Una vez terminada la misma nos fuimos, con esas pintas, a un bar cercano, hula hops incluidos. No os podéis imaginar lo que le alucina a la gente un hula hop en un bar. ¡Hasta nos los pedían prestados por unos minutos! Y eso que era un bar de “Crepúsculos” (denominación de la anfitriona de los locales de veinteañeros), que pensábamos que no habían visto semejante objeto en su corta vida, o que los confundirían con las anillas para la nariz o los dilatadores que utilizan en oídos…
Intentaré transcribir la conversación mantenida con una de las asistentes (bastante perjudicada por el alcohol):
- ¡Ey, qué pasada! ¿Eso es un hula hop?
- Sí.
- ¡Qué fuerte! ¡Es lo más! He salido vestida de mil cosas, porque siempre salimos vestidos de “algo”, pero nunca se nos había ocurrido traer un hula hop.
- ¿Y de qué vais hoy?
- Hoy hemos venido discretos, y sólo nos hemos pintado los ojos a lo “Naranja Mecánica”…
- Ah…
- Pero hemos salido de mil formas. Una vez fuimos vestidos de personajes de Heidi, y yo iba de Clara, subida a un carro robado del Mercadona, que recortamos, cubierta con una manta…
- Impresionante…
- Porque yo he robado de todo. ¿Puedo robar el hula hop?
- No.
- Es que me encanta robar. Lo mejor es robar Pato WC…
- ¿?¿?¿?¿?
- Sí, el Pato WC triunfa. No hace mucho robé una botella de Pato WC y fuimos
poniendo “chupitos de Pato WC” a la gente, jajaja.
- ¡¿!¿!¿!¿!”·=?!”=!?$)=Q!
- Así que ya lo sabéis, si tenéis que robar, robad Pato WC.
- Muchas gracias. Adiós.
- Adiós. ¿Puedo robar el hula hop?
- No.
Efectivamente, la noche confunde. Y la mañana siguiente tienes una resaca que-pa-qué. De manera que nos pasamos todo el domingo en el sofá, tapaditos con la manta y volviendo a niveles aceptables de conciencia (es sabido que los treintalescentes tardamos más en recuperarnos). Que luego llega el lunes y hay que rendir. Para más INRI, esta semana me habían pedido que pudiera intervenir “en calidad de experto” (oh
my God) en un foro sobre trastorno límite de la personalidad, de modo que la neurona tenía que estar en un estado más o menos decente. Claro que si no me hubiera recuperado mínimamente siempre hubiera podido decir que durante el fin de semana hice trabajo de campo…
En fin, os seguiré manteniendo informad@s. Ánimo para sobrellevar el frío, vivan los ochenta y… ¡sed muy felices!












