

Ahora que viene Semana Santa Jesucristo no es el único que está experimentando torturas. Mi Budha del trabajo también.
Ya conté una vez que la señora de la limpieza (porque digo yo que ha de ser ella) lo maltrata. Cada día me lo encuentro más “machacado”. Da igual que ya tenga la cabeza unida al tronco con blue-tac, ella insiste en retorcérsela.
Esta mañana, sin ir más lejos, estaba cual Niña del Exorcista: con el tronco mirando para el norte y la cabeza para el sur (bueno, aterradoramente hacia mí). Estoy por hacerle fotos cada día para tener pruebas. Aunque por otro lado creo que lo que debo hacer es guardarlo bajo llave cada vez que me vaya. De lo contrario corro el riesgo de llegar a trabajar y encontrarme alguno de sus miembros junto a una nota que diga: “si quieres recuperar el resto, debes hacer “X”.
Me da a mí que lo que me pediría sería realizar algún católico, como demostrar que sé rezar el padre nuestro (que sé) o ponerle un Corazón de Jesús como pareja.
Lo que no sabe la señora de la limpieza es que a mí no me importaría, pues me encanta cualquier imaginería religiosa. En casa tengo una Virgen de Guadalupe junto a un Ganesha y un Budha. Y se llevan la mar de bien. Igual porque están junto a una Barbie azafata y un Madelman guardia civil con una pinta de cachondos tremenda…
Pero claro, la de la limpieza debe de pensar que eso está fuera de lugar. Y mi madre venga defenderla. Que eso es porque limpia bien, dice. Pero yo le digo que no, que el Budha no puede tener tanto polvo encima, pues además es asceta y siempre tiene las piernas cruzadas. Pero a ver quién le dice que no a Lady Laca.
Por cierto que ella también se sintió el otro día tan fuera de lugar como mi Budha en una Institución religiosa. Pero a ella le pasó en el Palace (antiguo Ritz). Afortunadamente ya la había llamado por teléfono para avisarla: “Lady Laca, este fin de semana, además del Museo de Cera (fue una petición expresa que había hecho, quizá para ver si se encontraba con Sara Montiel, a quien idolatra) iremos a tomar el té al Palace, así ve buscando un modelito adecuado”.
Mi gran temor era que hubiera abandonado su época lila y hubiera retornado a la groupy de Camela (no quiere que la describa así, pero es que es la verdad). En cambio, si de nuevo se encontraba en la fase Jackie O., o Tippy Hedren, perfecto. Al final vino hecha un “MIX”, o como definió ella misma, estilo “rejoneadora”. Eso sí, la camisa era lila. Faltaría más.
Por suerte la visita al Palace era para el té y no para el desayuno y le dio tiempo a descargar todos los tupperware en el minipiso. Paso a describirlos:
- pollo en salsa
- ternera con setas
- bacalao
- garbanzos
- albóndigas con calamares
- torrijas
- empanadillas caseras (al horno en vez de fritas, para que no empachen)
- sal de frutas / gaseosa
- chocolate
- queso
- jamón serrano
- también unas cuantas películas de cine clásico (un gran alimento para el alma).
Sobra decir que ya hay gente en Internet que pide ser apadrinado por ella. A este paso Angelina Jolie lo va a tener difícil…
Total, que una vez descargados y con nuestras mejores galas (PITICLI al estilo Brooklyn y yo con mis bombachos -que tampoco generaron el revuelo imaginado para desgracia de mi narcisismo-) nos fuimos al tour. En el Museo de Cera Lady Laca pudo hacerse la foto con la Violetera (y con Eugenia de Montijo, Cleopatra y hasta con el Papa -pero por separado, que conste-), y tras una comida en un italiano (para rememorar momentos venecianos) nos encaminamos al hotel. Allí la mujer por poco se nos desmaya, sintiendo una presión en el pecho que ni Carmen Sevilla cuando se pone la faja, y más emocionada que Pretty Woman yendo al chabolo del Richard Gere.
Superada la impresión inicial, ni corta ni perezosa, pidió al camarero si podía hacer fotos (las pruebas gráficas con sus 100 mejores amigas eran fundamentales) y éste, claro, le dijo que sí.
Entonces ella ya estuvo en su salsa y disfrutó de lo lindo. Ni que decir tiene que los Petits Fours estaban de muerte (lo que nos acordamos de Grelinno).
Fue ver el surtido que nos trajeron y quedarnos más alucinados que Hansel y Gretel ante la Casita de Chocolate. Y venga hacer fotos. Tan “suelta” estaba que me decía: “¿y no tendrán una tarjeta de ésas para darme?” y yo: “que no, mamá, que eso sólo es en los restaurantes”. Así que siguió haciendo fotos. Nos salió un publirreportaje que ni El Baile de la Rosa. Les añades digitalmente unos Ferrero Rocher a las instantáneas y parecemos las Recepciones del Embajador.
Al final, salimos de allí tan pichis. Y tan contentos.
Y yo que pensaba que se sentiría más descontextualizada que mi Musa Escritora, que siempre va a comprar tabaco a un bar llamado La Leona (todo lo que os imaginéis es poco), regentado por gitanas, y en el que no se bebe y se fuma, sino que el humo y el alcohol es una forma de vida.
Alguna vez, para superar el mal trago de ir a comprar allí me llama por el móvil antes de entrar y mantiene la conversación hasta que sale (dice que le da seguridad, pero yo lo veo muy poco práctico porque 1. te pueden robar el móvil y 2. porque tienes la línea ocupada para llamar a emergencias en caso necesario). Pero la otra
noche lo que oyó en La Leona superó sus expectativas. No, los parroquianos borrachuzos no hablaban de fútbol, qué va, ¡discutían acaloradamente sobre quién había sido el mejor arquitecto del modernismo!
- ¿¡Gaudíiiii!? ¿¡Gaudíiii!? ¡Pugo magketing! El mejó era er Puig i Cadafalch!
- ¡Pero qué diiiiiices Paco! ¡Gaudí era UN Genio!
Tenéis que imaginaros que el tono era etílico total. Según relata la Musa, a veces los parroquianos están tan cubas que se van cayendo y los demás los van volviendo a poner en su sitio. Y eso sí, sin dejar de comer ni beber.
Claro que para hombres fuera de lugar, pero que demuestran ser solidarios en circunstancias extremas, el marido de una de mis Musas frente al embarazo de su mujer. Si otros se sienten absolutamente desorientados en esa situación, éste se puso absolutamente en la piel de la Musa. Bueno, puede que hasta demasiado.
De hecho fue él el que tenía las náuseas matinales durante los primeros meses, y el que experimentaba la mayoría de síntomas. Llegó un momento en el que los médicos le preguntaban a la Musa por él en vez de por ella. Al final del embarazo, la Musa había engordado 12 kilos y él 10. Parecían dos embarazados paseando.
Y es que al final, algunas de las situaciones más estimulantes son aquellas en las que nos encontramos fuera de nuestros ambientes habituales, las que nos obligan a romper esquemas, a observar, aprender y desarrollar nuevas facetas.
Incluso en el arte. Como sucede en las imágenes que nos propone el pintor Ignacio Goitia (que descubrí hace poco y del que me he vuelto fan absoluto). En sus suntuosos salones se mezclan las jirafas, los leather men y las señoras de la alta sociedad. Como la vida misma. Imposible no dejarse seducir. O no ir por la calle sin esperar que en cualquier momento se represente un safari keniano. Absolutamente recomendable.
Así que en estos días de Semana Santa os recomiendo dejarse llevar, soñar y atreverse a desenvolverse en situaciones poco habituales. O no. como prefiráis.
En todo caso… ¡sed muy felices!













darles un toque “chupiguay”… solución, si vienen compro la comida en la tienda de debajo de casa, en la que además lo preparan todo estupendamente, o comemos fuera.














