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septiembre, 2010


29
septiembre 10

Lo que hay que oír

     “Vivo del suicidio” me soltó un cliente el otro día. Y yo, perplejo: “¿Perdón?”. “¿Lo ve? ¡Todo el mundo me pone esa cara cuando lo digo!”. Al cabo de poco reaccioné y le dije: “¿No será del SUBSIDIO?”. “¡ESO, ESO!” “¿Me podría decir cómo se pronuncia?”. Y yo, claro, siempre dispuesto a ayudar, decidí dedicar parte del tiempo de la consulta a realizar una clase de pronunciación que hubiera hecho las delicias de los fanáticos de My Fair Lady.

 

     “La lluvia en Sevilla es una Maravilla” versus “vivir del subsidio no es ningún alivio”. Seguro que a Rosa Palo le encanta.

     A este paso dentro de poco también me veo dando lecciones de canto para mejorar las horribles composiciones musicales con las que nos deleitan otros usuarios en los transportes públicos. A partir de ahora, nada de acordeones y violines torturados mientras destrozan boleros, ni hablar, voy a imponer versiones de Lady Gaga. Al fin y al cabo, si vas un poco “trash”, nada mejor que representar Bad Romance en un vagón de metro.

     -Imagino que no hará falta deciros que tampoco sería la primera vez que aprovecho la visita para dar alguna orientación sobre ropa y complementos, ¿verdad? Después de todo no desearía que por una vestimenta inadecuada mis usuarios perdieran oportunidades, como le pasó a una prostituta que ejerce en la calle de una de las Musas, que cuando ganó la Selección se puso una camiseta de La Roja y sus compañeras le recomendaron que se la quitase pues podían tomarla por “facha” y asustar a los clientes-

 

     Pero a lo que iba, que yo por si acaso, iré pidiendo consejo a la Musa Mexicana, que es capaz de conseguir que canten incluso los que no cantan ni en defensa propia.

     Así lo pude comprobar en su última fiesta de cumpleaños (apoteósica), donde terminamos todos entonando corridos mexicanos hasta las tantas de la mañana.

     Todos los invitados a su cumpleaños teníamos que representar algo, o llevar una creación propia. Yo me planté con un poema dedicado a la anfitriona (y no fui el único); PITICLI presentó una ópera en power point interpretada por Barbie Azafata y Geyperman Guardiacivil (brutal); pero creo que uno de los momentos más impactantes fue cuando una amiga nuestra, eminencia de la documentación artística al más alto nivel, desenfundó ¡un acordeón! e interpretó desde canciones mexicanas a gallegas; o cuando una pareja de exquisitos promotores de las artes interpretaron al piano un divertidísimo corrido mexicano compuesto por ellos que narraba la vida de la Musa.

     Claro que eso no es nada, pues luego supe que la mujer (que tiene un aspecto de señora seria y respetable que no veas) es tan auténtica, y adora tanto la creación, que cuando en su trabajo le pidieron que redactara las actas de las reuniones, ella decidió que si lo tenía que hacer lo haría “a su manera”. Es decir: en verso.

 

     Y aunque historias en verso se oyeron aquella noche, otras en prosa resultaron de lo más alucinantes. Como la que nos explicó una de las invitadas, adorable mexicana, cuyo tío había sido víctima de un “Secuestro Express”. Tras varios días de sufrimiento familiar, en el que la esposa fue recibiendo llamadas de los secuestradores pidiendo una cantidad enorme de dinero bajo la amenaza de recibir al secuestrado en pedacitos, finalmente, no obstante, recibió una última llamada diciendo que liberaban al marido porque se habían equivocado y no era a quien buscaban.

     Lo mejor de todo fue la respuesta de la mujer, quien enfurecida, espetó a los secuestradores: “¡miren, si ustedes quieren dedicarse a esto mejor lo hacen bien! ¡Y si no saben hacer bien su trabajo, mejor se dedican a otra cosa!”.

 

     Sin salir de México, la Musa nos recordó cuando tras dar unos cursos, uno de los habitantes del pueblo en el que estaba trabajando la obsequió con un exquisito bolso realizado a partir del escroto de un toro –puedo dar fe del mismo-. Y pese a que el hombre la animó a que lo usara, lo mismo que hacía su hija, que según él se veía muy elegante (he de decir que además la muchacha lo combinaba con unos zapatos y sombra de ojos a juego), la Musa lo que hizo fue intentar utilizarlo de macetero. Craso error. Con la humedad de la tierra aquello mutó en algo aún más espantoso.

     A nosotros nos pidieron anécdotas de Japón, pero es que la verdad, poca cosa puedo contar. El país nos enamoró, especialmente su gente. Nunca hubiéramos esperado que fueran TAN amables y divertidos.

 

     Sí nos sucedió algo surrealista en Roma, aeropuerto en el que hacíamos escala, en el que la mundialmente famosa organización italiana nos brindó una “perla” sin igual. Después de obligarnos a salir de la sala de espera –sin ningún tipo de explicación pero sí muchos gritos-, para devolvernos a la misma sin decirnos el por qué, nos indicaron que embarcáramos. Hasta aquí más o menos normal, sino fuera porque nos señalaron una escalera automática que supuestamente bajaba hasta la puerta del finger, pero que en realidad conducía a una puerta cerrada.

     Imaginad la de gente que bajamos por ella, y la cara de pánico de los japoneses, cuando vieron que se estaba convirtiendo en un embudo humano –nadie se dignaba a abrir- y tenían que subir, corriendo contra corriente, por la misma escalera para no morir aplastados.

     Finalmente abrieron la puerta (sin ningún tipo de disculpa) y embarcamos, a borbotones. Yo sufría por los nipones, que son tan organizados –al fin y al cabo nosotros veníamos de España y estamos más curtidos- , pero creo que les debió de parecer algo emocionante y exótico, como quien va en un 4X4 por el desierto y se le pincha una rueda (si no te pasa, no hay emoción).

     Al menos a la ida los asientos asignados coincidían con lo anotado en el billete, pues a la vuelta había números que no existían (como los nuestros), y cuando preguntabas a la tripulación te miraban con cara de “¿pero qué me estás diciendo?” y te soltaban: “it’s free sitting”. Comentario sin desperdicio de PITICLI: “¿Y si el avión se estrella cómo nos van a reconocer si no figuramos en nuestro asiento?”

     En Japón, en cambio, todo funciona a la perfección. A veces de un modo abrumador. Especialmente si no estás familiarizado.

     Ejemplos:

     1. En los autobuses de Kyoto se entra por detrás, se paga al salir junto al conductor, se da el importe exacto en monedas, y el precio varía en función del recorrido. Bien, todo esto puede parecer sencillo, pero no lo es si hay diversas máquinas diabólicas con infinidad de ranuras en japonés, y el conductor, que bastante tiene con conducir sin parecer la película Speed por aquellas calles atestadas de tráfico, no hace más que ponerte una mano sobre la máquina para que no pongas moneda alguna (fui a pagar al entrar) mientras te grita enfadado: “¡out!, ¡out!”.

     Mi reacción automática fue empezar a pedir perdón (había sido listo y me había aprendido la palabra en japonés) infinidad de veces –si hubiera sabido pedir perdón a sus antepasados también lo hubiera hecho- mientras inclinaba la cabeza una y otra vez y PITICLI decía: “no se apure, nos bajamos en la próxima parada y punto”. Al final lo entendimos, y lo que el hombre nos quería transmitir era: “pagar al salir”.

     2. Sí, es cierto que los váteres en Japón son una delicia, y que el país es ideal para quien tiene cistitis. Nunca he visto tantos lavabos juntos en mi vida (cada andén de metro o tren tiene un lavabo, en la calle encuentras, en los parques hay varios…) ni tan limpios. En algunos establecimientos, cuando abres la puerta del lavabo la tapa del WC se levanta automáticamente, saludándote, mientras la superficie se calienta para que no te sientes y te dé frío. Y sí, la mayoría son WASHLETs, o lo que es lo mismo, con limpieza de la zona íntima por agua (y secado posterior). Todo graduable. El problema es cuando no sabes que te tienes que “arrimar” bien hacia atrás, pues sino cuando le das al botón del agua el chorro sale disparado por detrás de tu espalda mojando por completo la puerta que tienes frente a ti. O cuando aún no sabes graduar la temperatura (a los japoneses les encanta lo caliente) y te quemas el “cucu”.

     3. En Japón adoran las mascotas, y las tratan a cuerpo de rey. Puedes encontrar zonas específicas en los centros comerciales con ropa para perros y gatos, zapatillas, vestidos de gala (incluso de boda), juegos… y si no tienes mascota, puedes alquilar perros para pasearlos (hay, además, locales donde sólo puedes acudir con perro) o acercarte a un “cat bar”, donde tras pagar una entrada y lavarte bien las manos (no quieren que les contagiemos nuestros gérmenes a los animalillos) puedes tomarte algo mientras interactúas con gatos. El problema viene cuando no recuerdas cuán alérgico eras a los gatos y descubres que un “cat bar” es un lugar fabuloso para suicidarte de una forma cómoda y sencilla.

     De hecho, ahora que lo pienso, la próxima vez que vea al usuario que os nombraba al principio, le preguntaré si es alérgico a los gatos. Más que nada para recomendarle un sitio donde pueda llevar a cabo a rajatabla su famosa frase.

     Os adoro. Y recordad… ¡sed muy felices!


16
septiembre 10

Sueños y Cumplidos

 

 

    Por poco me voy a Japón de Cocodrilo Dundee. Y no porque yo quisiera, que conste, sino por un problemilla lingüístico.

    Días antes de partir al país con más japoneses por metro cuadrado del mundo quise ir a cortarme el pelo -ya se sabe, hay que ir arregladito que luego se hacen muchas fotos-.

    El problema es que cuando le dije a la peluquera que quería el corte “Dandy” –que es el que me hago desde hace meses, y que sé que se llama así porque me lo dijo otra de las peluqueras- ella entendió “Dandee” (imaginaos la trascripción fonética porque yo no pienso escribirla).

    Por suerte el entuerto se descubrió a tiempo, gracias a que llamé a la otra peluquera para que la ilustrara, cuando estaban a punto de dejarme un aspecto de caza cocodrilos selvático.

    Y es que por lo visto la que me dijo lo del corte “Dandy” siempre suele estar de guasa y sus compañeras no me creían.

 

    Ejemplos:

  1. Un turista fue al salón (el de la peluquería, no el de Su Media Naranja) y le dijo que quería algo “típicamente barcelonés”. Ella, ni corta ni perezosa, le dijo que “por supuesto”, “que le iba a hacer unas Patillas Barceló”, e improvisó unas con una forma, diríamos, zigzagueante. ¡Y el cliente salió tan contento! Yo ya le digo que las patente.
  2. Entra un cliente con aspecto de extranjero. Se ponen a hablar y le dice que es de Bolivia, pero que lleva tres meses viviendo en Barcelona. La peluquera, ni corta ni perezosa le suelta: “¡pues hablas muy bien español para llevar sólo tres meses aquí!”

    Cuando le dijeron: “¿nena, pero acaso no sabes dónde está Bolivia?” ella respondió: “con Popeye, ¿no?”. –Si lo leéis en voz alta veréis qué bueno-.  La tipa es genial.

    No me extraña que se lo pasen tan bien, porque es una ocurrencia tras otra. De hecho me explicaron que desde hace un tiempo se tienen que moderar, pues se iban entusiasmando entusiasmando y cada viernes terminaban haciendo la “Hora Aserejé”. Ahí lo dejo y que cada un@ se imagine la escena a su gusto. Ríete tú del musical “Hairspray”.

 

    El caso es que finalmente me hicieron el corte de pelo que yo quería (a lo Cary Grant) y tras seleccionar un fondo de armario adecuado para la maleta (que no me sirvió de nada, porque en Tokyo no es que vistan increíblemente bien, sino lo siguiente) estuvimos listos para viajar.

    Por cierto, he de decir que PITICLI (que también fue a la pelu, pero a otra) superó su reto personal y consiguió hacer una maleta que no superara el peso permitido en trece kilos.

    En fin, que viajar a Japón era un sueño para mí. Y cumplir un sueño ha sido una sensación estupenda.

    Imagino que es lo mismo que han sentido algunas de mis inspiradoras amigas, que también han cumplido los suyos. Sólo que en su caso ha sido de forma un tanto más “peculiar”.

 

    Una de las Musas más Increíbles, quizá la más Almodovariana de todas, nos comentó que fue Estrella del Porno por un día. Sí, y gracias a una de las clientas de la clínica dental en la que trabajaba por entonces.

    La clienta (o paciente) se estaba abriendo –un camino- en el cine para adultos, y cuando se enteró que la Musa, junto a otra amiga que también trabajaba en la clínica, querían asistir al Festival del Cine Erótico pero no tenían entradas, les ofreció una forma gratuita: las haría pasar por finalistas en el concurso de “nuevos talentos”. Para ello, el día concertado, debían presentarse a la entrada del Festival “ataviadas” como tales.

    Dicho y hecho, ambas se plantaron en la puerta con sus vestidos más, más… frescos y sus tacones más, más… desafiantes.

    Yo le pregunté de dónde habían sacado el atrezzo, a lo que ella me respondió: “cari, cada uno desarrolla sus fantasías como puede”. Vamos, fondo de armario.

    En la entrada tuvieron que improvisar algunas respuestas a las preguntas que una empleada fascinada les hizo, del tipo: “¿y qué tal ha sido el proceso? ¿Ya desde el principio había chicos y chicas juntos?”

    Y ellas, claro, manteniendo el tipo (y el escote), respondiendo: “bueno, sí, en algunos momentos juntos, en otros por separado…”

    Finalmente encontraron sus nombres en la lista y pasaron, guardias de seguridad mediante, a la zona de “profesionales”. Por suerte la paciente de la clínica las vio a tiempo y pudo evitar que tuvieran que subir al escenario.

    ¿Lo mejor? No sólo vieron todo desde el backstage –por lo visto mucho más interesante que los espectáculos- sino que realmente hubo quien confundió a la Musa con una famosa estrella del porno. Se hartó de firmar autógrafos.

    Y hablando de la industria “picante”, otra Musa, cuyo sueño es dirigir óperas, también está logrando su sueño. Explico el por qué de la asociación. Un día recibe una llamada telefónica de una importante Institución de Cultura:

-          Buenos días, tenemos un encargo para usted.

-          ¿Ah, sí? ¿Y de qué se trata?

-          Queremos que dirija Porgy and Bess. Para niños.

-          ¿¿?!¿”?¿ ¿Pero usted sabe de qué va esa ópera?

-          No, pero la música es muy bonita, ¿no?

-          ¿Pero no sabe que es la historia de un inválido enamorado de una chica con drogadicción liada con un vendedor de drogas? ¿Que hay un asesinato? ¿Y que todos son negros?

-          Bueno, bueno, bueno, seguro que usted encuentra la manera.

    Y debéis saber que sí lo consiguió (de una forma muy ingeniosa), convirtiendo esa ópera en un espectáculo visto por miles de niños.

    Claro que los encargos surrealistas de dicha Institución no terminan ahí.

 

-          Buenos días, tenemos un encargo para usted.

-          ¿Sí? ¿Y de qué se trata?

-          Bueno, verá, es para dirigir una ópera, pero hay algunos problemas…

-          ¿De qué se trata?

-          Quedan 15 días para el estreno… Y tampoco tenemos dinero para vestuario o decorados. Pero hemos pensado en hacer una versión sencilla.

-          ¿Y qué ópera es?

-          Don Pasquale.

    La Musa aceptó (es una valiente), y al cabo de poco vuelve a recibir una llamada.

-          Buenos días, ¡tenemos buenas noticias!

-          ¿Ah, sí? ¿Y de qué se trata?

-          ¡Hemos conseguido algo de dinero, y hemos podido alquilar vestuario y decorados!

-          ¡Fantástico!

-          ¡Sí! ¡Un barco!

-          ¡¿Un barco?! ¿Pero es que no saben que don Pasquale se desarrolla en un caserón de la Roma del siglo XVIII?

    Pues bien, la ópera se llevó a cabo, y se desarrolló por completo en un barco. Cómo la Musa consiguió tal proeza es únicamente explicable por su excelente buen hacer y sus genes. Y digo genes porque tras saber que este verano ella, su hermano, su padre y su madre fueron a recorrer en coche Siria y Jordania, no me cabe duda.

    Para que os hagáis una idea: cerca de Petra la familia decide, siguiendo el consejo de un lugareño, pasar una noche en una gruta. Cuando están viendo cómo lo van a hacer, la Mamma (porque es italiana, y MUY fantásticamente italiana por lo que cuentan) suelta: “no os preocupéis, tengo sábanas limpias para todos”. Y organizó un dormitorio estupendo. Si esa mujer no es una productora / directora nata…

    Y no es que yo me pueda quejar, pues Lady Laca también es muy capaz. Por cierto que lo único que le preocupaba a ella de nuestras vacaciones es que no fuéramos a un país en guerra. No sé por qué le dio por ahí (no recuerdo haber veraneado en ningún escenario bélico más allá de las reuniones familiares). Sólo tras explicarle la situación de Japón se quedó más tranquila. Claro que cuando la llamé desde Hiroshima se debió de quedar un poco “traspuesta” (que diría ella).

    De hecho, ahora que lo pienso, ¡no os he contado nada de nuestro viaje por Japón!

    Bueno, me lo reservo para próximos posts ;-)

    De momento me despido, alentándoos a que persigáis vuestros sueños. Y recordad: ¡Sed muy Felices!

P.d. espero no tardar tanto en escribir un nuevo post a partir de ahora. ¡Os he echado demasiado de menos!

¡Ah! Y gracias por ser tan inspirador@s. ¡Vuestras historias son una fuente de inspiración incomparable!


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