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noviembre, 2010


19
noviembre 10

Turishopping

He inventado el Turishopping y me he quedado tan ancho. ¿Qué es? Pues hacer turismo y aprender sobre arte e historia mientras vas de tiendas o tomas algo. Y oye, funciona. Incluso con aquell@s más reaci@s a ver “piedras” o aguantar charlas magistrales sobre las corrientes artísticas (algo a lo que tiendo irremediablemente aun a riesgo de provocar las tentaciones de suicidio del otro).

¿Os apetece conocer algunos de mis lugares preferidos para hacer Turishopping por Barcelona?

Ahí van:

Cerca de la Plaza Cataluña.

H&M de Portal del Ángel 9. Es una de las opciones más fáciles e interesantes. En una antigua casa palaciega. ¿Qué podremos encontrar?

–         Restos arqueológicos en la sección “vestir” de caballero (observables a través del suelo de cristal).

–         La escalera noble del edificio señorial perfectamente restaurada.

–         Un patio con una fuente central (¡que funciona!) en la primera planta.

 

MERCERÍA SANTA ANA. Sin salir del Portal del Ángel, en el número 26 encontramos este comercio, inaugurado en 1935 y que ha cambiado bien poco. Aquí podremos conocer cómo funcionaban estos establecimientos, pues incluso conservan el “ascensor” manual de pedidos. Una joya. Y su catálogo de productos es infinito.

 

 

 

 

GUANTERÍA ALONSO. Muy cerca de la Mercería, en la Calle Santa Ana 27. Inaugurada en 1905, mantiene el mobiliario modernista, así como su sistema de “prueba de guantes” mediante un reposabrazos especial. La dueña es simpatiquísima. Una anécdota: aquí se ubica en la ficción la librería de la novela “La sombra del viento”. Si os animáis, visitad la Iglesia de Santa Ana, muy cercana, y con un encanto enorme.

 

 

 

ELS 4 GATS. Si necesitáis parar para tomar algo por la zona, ésta es otra pequeña gran joya. Lugar de reunión de artistas, este precioso edificio modernista conserva pinturas de sus ilustres clientes. Incluido Picasso. Calle Montsió, 3.

 

 

De la Catedral hacia Santa María del Pi.

 

 

CAELUM. Un establecimiento pintoresco donde los haya. Todos sus dulces y bebidas han sido elaborador por religios@s. Pero atención, ¡no os quedéis en el piso principal, bajad a su planta baja! ¿Qué hay ahí?  Un increíble salón de té iluminado por velas en unos antiguos Baños Judíos femeninos. Calle de la Palla 8.

 

 

 

S’OLIVER. Cerca del Caelum, en la calle Banys Nous 10. Una tienda inmensa en la que hay de todo: muebles, objetos de decoración, vestidos… en un ambiente exquisito. Pero sorpresa, si os dirigís al fondo del establecimiento hallaréis, perfectamente restaurados, los restos de los Baños Judíos masculinos.

 

 

 

HERITAGE, en Banys Nous 14. Más que una tienda, un museo. En este anticuario podréis encontrar infinidad de vestidos de época, complementos, joyería… a un precio sin competencia. En la misma zona encontraréis otros comercios similares. Como curiosidad: mucha de la ropa utilizada en TITANIC se adquirió en estos establecimientos.

 

 

 

NUNOYA. Para cambiar de registro. Una rareza estupenda. Y no sólo porque la tienda conserva unos bonitos frescos, sino porque se trata de un establecimiento de productos japoneses. Telas, complementos, decoración, camisas… ¡e incluso kimonos!  Calle de la palla 6.

 

Zona del Born.  Aunque lo mejor por la zona es pasear y dejarse llevar, os propongo un par de lugares pintorescos donde hacer un descansito

 

 

 

OTMAN. Puede que no sea fácil de encontrar, pero vale la pena. En una calle que recuerda a Nápoles se encuentra este taller de ropa (alguna unisex) creada por un diseñador marroquí. Al fondo, un auténtico salón de té. Calle de la Cirera 4, entre Montcada y Flassaders.

DISSENY HUB. Frente al Museo Picasso. Tiene un patio gótico magnífico donde beber o comer algo. Frecuentemente ofrecen música en directo. En su tienda encontraremos un amplio surtido de objetos de diseño. Calle Montcada 12.

 

 

 

 

Por el Paseo de Gracia. Aunque la oferta es enorme, ahí van dos sitios que no os podéis perder.

GUESS (antiguo MARELLA). Sí, es una tienda de ropa, pero guarda un secreto. Si entráis en ella, atravesáis el local y subís unas escaleras podréis acceder a un bonito jardín (con palmera incluida). Al fondo, en un pequeño pabellón, estuvo el Café de la Moda. Actualmente se encuentra una peluquería. Paseo de Gracia 63.

 

 

 

 

 

VINÇON. Un lugar de sobra conocido. Su selección de artículos para el hogar es impresionante. Si subís a la primera planta podréis contemplar no sólo su magnífico patio (desde el que se puede contemplar la fachada posterior de La Pedrera), sino también unas preciosas columnas salomónicas o una chimenea modernista. Perteneció al pintor Ramón Casas. Paseo de Gracia 96.

 

Por las Ramblas.

 

 

 

PASTELERÍA ESCRIBÁ. Más que una tienda, una joya (modernista). Su oferta es excepcional. Curiosidad: realizan unos anillos con joyas de caramelo para regalar geniales. Al ladito del Mercado de la Boquería. Rambla de las Flores 83.

 

 

 

 

TROIKA DELICATESSEN. Otra rareza. Al lado de la Rambla y del Liceo, ¡una auténtica tienda rusa! Para introducirse en la gastronomía de la región. También encontraréis muñecas, libros, música… Impresionante. Calle Unió 3.

¿Qué os ha parecido? ¡No me diréis que no os entran ganas ahora de descubrir estos lugares!

De momento dejamos aquí el recorrido, pero ya os advierto que hay más.

Haced de cada momento un instante especial y… ¡sed muy felices!


10
noviembre 10

Bienvenida + Matarraña

 

     No es lo mismo que te reciban con dos besos que con un interrogatorio en la comisaría. Esto último fue lo que me pasó la primera vez que visité Estados Unidos.

     Iba yo emocionadísimo (pero no tan mono como ahora) pensando en todo lo que me depararía NY y… ¡ZAS! Al cuartelillo retenido. Bueno, allí sería a la “comisareishon”.

     Y todo porque, ingenuo de mí, me equivoqué al rellenar el formulario de entrada. O mejor dicho, lo dejé incompleto.

     Primero pensaron que quería quedarme de inmigrante ilegal, pero luego la cosa no mejoró cuando resultó que mi nombre coincidía con el de un violador de Florida. ¡Pobre de mí! ¡Si yo de lo que tengo cara es de santurrón!

     En otras ocasiones me hubiera halagado que me dijeran que tenía cara de “hombre sexual” pero os juro que allí no. A mis diecinueve años prometo que surgió, como por arte de Magia de Mr. Propper, el mejor inglés de mi vida.

     Nunca sospeché lo fluido que podía hablar en inglés. ¡Me hubieran dado el First Certificate ipso facto! Lástima que no hubiera ningún examinador aparte de los policías. Al final una policía se apiadó de mí y me dejó pasar.

     Cuánto tengo que agradecer a las mujeres en mi vida.

     Claro que aprendí bien la lección: me teñí de rubio (en una peluquería de New Jersey cuyos lavacabezas eran tan bajos que mi cuello se tensaba más que el puente de Brroklyn mientras la gente bailaba pachanga) y “occidentalicé” todo lo que pude mis rasgos (lo hispano no estaba de moda entonces).

     Y oye, mano de santo. En mi segundo viaje fui de pelirrojo. Y en el tercero y cuarto ya me relajé.

     Pero aprendí dos lecciones: primera, que efectivamente la imagen en ciertos lugares te abre o cierra puertas de buenas a primeras; y dos, que es muy importante dar una adecuada bienvenida.

     Como le pasó a una amiga, con un gran sentido de la “vecindad” que fue a saludar a su nuevo vecino y a darle la bienvenida al edificio. Ella, toda simpática, se presentó y se ofreció para lo que necesitara. Para romper el hielo le explicó que ella venía de Copenhague. Y cual fue su sorpresa cuando le preguntó: “¿Y tú de dónde vienes?” Y él respondió: “yo, de la cárcel”, a la vez que una simpática pistola relucía encima de la mesa.

     Menos mal que esta amiga es muy “open minded” (o temeraria, no lo sé) y no se preocupó. Y no sólo encontró la manera de llevarse bien, sino que nunca estuvo más “protegida” en el barrio.

     Otras veces ser demasiado gentil puede llevarte a dificultades, especialmente si no puedes cumplir aquello que ofreciste en un “ataque de buenas intenciones durante la bienvenida”.

     Y si no que se lo pregunten al párroco de la Catedral de Chartres. El hombre dijo demasiado pronto (bueno, sin consultar bien su agenda) a la madre de una amiga que “por supuesto su hija podrá casarse en nuestra catedral el verano próximo”. Cuando el cura vio que en realidad no había fechas libres y lo comunicó a la familia no sabía lo que le venía encima.

     Y no, no me refiero a la “Furia de Dios”, sino a la persistencia encantadora de los originarios de La Guadalupe.

     Llegaron a llamarle y presentarse tantas veces, a rogarle tanto si no podía encontrar una manera de hacerles un hueco para casarse en la Catedral que finalmente el párroco llamó a mi amiga “pidiéndole por favor que dejaran de acosarle”. Es, posiblemente, el primer caso de bullyng eclesiástico que he conocido.

     Y todo esto para contaros el mejor ejemplo de bienvenida que he experimentado en tiempo. Sucedió el pasado fin de semana, cuando PITICLI y yo realizamos una escapadita para celebrar nuestro cuarto aniversario. El destino elegido fue La Matarraña (también conocida como la “Toscana Aragonesa”), y más concretamente “La casa de Sebastián”, en Valderrobres. http://www.lacasadesebastian.com/

     De verdad, no tengo palabras para describir la belleza de sus pueblos y paisajes, pero sobre todo la hospitalidad de Sebastián y Feli (dueño y socia del establecimiento).

     Fue poner un pie en el portal de la impresionante casa y soltarnos Sebastián “¡pero bueno, qué cosas más guapas nos han venido a visitar! Venga, venga, que el tío Sebastián os va a acompañar a que conozcáis la casa”.

     Y sí, durante ese fin de semana se convirtieron en nuestra familia.

     La habitación, increíble. Con pastelitos, güisqui, obras de arte y unas vistas de impresión.

     Pero lo mejor fue la cena íntima que nos prepararon para nuestro aniversario. Adecuaron la biblioteca / solarium para nosotros dos (“nenes, nenes, aquí estaréis muchísimo mejor”) y allí, con vajilla de porcelana y cubertería de plata (porque como dice el tío Sebastián, “es una pena que ya no queden sitios donde te sirvan en cubertería de plata”) Feli nos preparó un exquisito menú degustación de 5 platos que Sebastián nos iba presentando. Morcilla confitada, crema de patatas, bacalao con pimientos, solomillo con boniato… mientras de fondo teníamos el río, las estrellas y un montón de velas en la terraza que nos habían encendido para “ambientarnos”.

     La mañana siguiente, en la cocina (porque en la casa de Sebastián se desayuna “en familia” en la cocina a la hora que quieras, lo mismo que se cena “en familia” en la mesa de la bodega) el festín seguía: “¿pero Agustinito, de verdad no quieres que el tío te prepare unos huevos fritos con patatas?¿Acaso tienes que guardar la línea” “no, no gracias, con los embutidos de Teruel, los dulces y las frutas ya tengo suficiente”. PITICLI sí se los tomó. Y yo al día siguiente también. ¡Qué placer!

     Y es que vale la pena coger fuerzas, porque en la Matarraña hay mucho que ver. Los pueblos son de postal, y han sido recuperados de forma magnífica (Calaceite, La Fresneda, Cretas…) y los recorridos por la naturaleza asombrosos. No en vano sus ríos son de los más puros de Europa. Además la gente es tan maja que enseguida se presta a orientarte, a ofrecerte opciones…

     Verdaderamente no tiene nada que envidiar a la Toscana.

     Algunas direcciones donde hacer un alto en el camino:

     -La Fonda Alcalá. Un lugar muy conocido en Calaceite. Lo lleva la misma familia desde generaciones. Todo el mundo va. ¿Por qué? Puede que su foie casero lo explique. Lo puedes comer solo, o también en sus alcachofas rellenas con setas y foie.

     -El Molí de l’Hereu. Un antiguo molino restaurado. Además de restaurante tienen hotel y Spa. Aunque su especialidad es el cochinillo nosotros nos decantamos por los huevos con patatas y trufa, y el arroz con setas al aceite de trufa.

     -La Librería Serret. Si vais a la Matarraña no llevéis guía, acercaos a esta librería. Disponen de toda la información (e historias) habidas y por haber. Además su dueño es uno de los promotores culturales más activos que he conocido, y cada semana lleva a autores, editores, etc. a Valderrobres para organizar encuentros a los que se puede apuntar cualquiera. Admirable.

 

     Pero como el saber no sólo está en los libros, aquí transcribo dos de los muchos “regalos” que nos hizo Sebastián en forma de reflexión:

  1. “Las cosas hay que hacerlas tarde, pues se disfrutan más”. “Pero no confundamos, no hay que hacerlas pasadas”.  ¿No tiene más razón que un santo?
  2. “Las cosas han de salir bien, sencillamente bien. Porque si salen demasiado bien acaban por cansarte, y si salen mal te decepcionas”.

 

     En fin, os dejo con estas “perlas” para que las reflexionéis. Nos vemos en el próximo post. Mientras… ¡sed muy felices!

P.d. este post va dedicado, como ya intuiréis, a Feli y Sebastián, que han hecho de este aniversario algo realmente mágico.


1
noviembre 10

La Edad de Oro

     Lo que dejas de hacer ya no lo haces. Esto es parte de una conversación que escuché entre dos señoras, y me pareció sensacional.

     ¡Cuántas cosas no habremos dejado de hacer por diferentes motivos! Y sobre todo, porque creemos que se nos ha pasado “la edad” o el “momento”. Por suerte, cada vez más, hay gente que nos demuestra que se puede, aunque “se te haya pasado un poco el arroz” según los cánones establecidos.

     Y si no que se lo digan a la Musa S, que siempre había querido viajar con amigas y ser una chica cosmopolita, y que por fin, ahora, lo va a hacer.

     El otro día me soltó: “mira cielo, por fin he asumido que mi marido es un encanto, pero muy aburrido, así que me voy a Londres a pasar unos días con una amiga”.

     Tengo unas ganas locas de que me cuente sus peripecias. Ella no sabe una palabra de inglés, y lleva un montón de frases con la trascripción fonética (lo que daría por ver cómo las emplea).

 

     O a la Musa R, que se propuso que este año le iba a llegar por fin un novio estupendo y pudiente que le hiciera despertar de su letargo, y quién sabe si por la ley de la atracción, lo ha conseguido. A sus casi cincuenta está más guapa que nunca, y más enchochada que las adolescentes. Tanto que ni siquiera se dio cuenta del momento triunfal que tuvimos PITICLI y yo en el Karaoke. “¿Cuándo saldréis a cantar?” ¡”Pero R, si ya hemos salido, y nuestra interpretación de Tom Jones ha sido todo un éxito”! “Ay, pues ni me he dado cuenta”.  –No es por nada, pero el público aplaudió a rabiar-.

     Claro que quien se lleva la palma en estos asuntos es mi abuelo –como ya he explicado en otros posts- que a sus 89 años está encantado de la vida con su “amiga” de 85. Verlos cocinar (y pelearse), salir de excursión para bañarse en el río (y pelearse), decidir qué van a estudiar (y pelearse) o planificar una salida en tren de alta velocidad “porque ya no nos queda mucho tiempo y eso lo tenemos que probar” (y pelearse) es todo un espectáculo.

 

     Para los que no recuerden el post, o lo quieran releer, pondré algunos de los comentarios que me hizo mi ídolo cuando me tuvo que explicar que se había reencontrado con su primer amor, décadas después.

-          Agustín, tengo que contarte una cosa…

-          ¿Ah, sí? (yo ya lo sabía, pero fingí estupendamente)

-          Sí… verás… tengo una amiga…

-          ¡Pues me alegro mucho, la verdad!

-          Ay Agustín, es tan guapa… ¡y todos los dientes son suyos! ¡y el pelo! Y de joven aún era más guapa. Verás, te enseñaré una foto. ¿A que era preciosa?

-          Pues sí. (Por cierto que en la foto tenía unos sesenta años, pero claro, 20 años menos que entonces dan una perspectiva distinta de la juventud)

     Como veis, los cánones de belleza varían según la edad.

     Afortunadamente ellos ya han pasado por tantas cosas en la vida que pueden actuar sin importar “el qué dirán”, o sin la presión, incluso, de las redes sociales…

     Y es que yo no lo sabía, pero ahora se dan situaciones del tipo “ay, creo que me estoy quedando pillada por él… ¡me gusta tanto que he tenido que desagregarlo de mi facebook para no sufrir!”.

     Que conste que esta frase no procedía de una adolescente, qué va, sino de una chica encantadora que se acerca a la treintena.

     Yo creo que estamos todos un poco locos, pues los supuestamente “adultos” cada vez nos comportamos más como adolescentes, y los niños y adolescentes quieren actuar como “adultos”.

     Así, cuando PITICLI y yo tuvimos que cangurar a mis ahijados (niño y niña, alrededor de seis años), nos contaban cosas como: “¿Ya te ha dicho él que tiene novia? Sí, sí, es tal, pero antes fue la otra. Yo no, yo ya paso de esas cosas, pues ya soy mayorcita, que voy a segundo”.

     Y si con esta conversación se me quedó cara de póquer, con otra que escuché en el autobús hice escalera de diamantes.

     A mi lado había tres chicas de unos trece años (a Dios pongo por testigo que no llegaban a los catorce) hablando de sus cosas. Yo suelo estar acostumbrado a comentarios del tipo “jo, Vane, el Christian está por ti, que lo sepas”, pero no, su conversación fue ésta:

-          No, no es lo mismo Conocimiento y Verdad

-          Bueno, es que la Verdad es subjetiva

-          La Verdad no existe

-          Puede, pero aunque sólo sea por todo lo que hemos destruido, algo de Verdad podemos haber encontrado a través de ese Conocimiento

     Os ahorro el resto de la discusión, pero os la imaginaréis. Yo no cabía en mi asombro. ¡Esas preadolescentes podrían gobernar nuestro mundo!

     Sólo espero que dichas chicas tengan unos padres en consonancia, y que no les pase como a otra, que era la más alternativa y moderna del pueblo, y que estando en uno de los locales más “in underground”, desarrollando su papel de “it girl”, vio cómo de entre la muchedumbre aparecía su madre –sí, sí, su madre- soltando a grito pelado: “¡nena! ¡Que sepas que tu padre y yo estamos en el bar de aquí al lado con el Paco y la Mari tomándonos unas tapitas de pulpo esperándote para cuando termines!”.

     No sé si fue el fin de su escala social o su ingreso en el Olimpo Trash.

     Otros críos tienen tan claro que ellos y sus padres forman parte del Olimpo de la High Class que no se cortan un pelo en soltarlo a los cuatro vientos. Como nos pasó en nuestro último viaje, cuando PITICLI y yo hacíamos cola para embarcar detrás de una familia salpicada de marcas, y tras mirarnos los pequeños soltaron a la madre: “Pero mami, nosotros somos Priority Class, ¿verdad?”.

     A los pobres por poco les dio un pasmo cuando nuestras maletas salieron acto seguido de las suyas y casi alcanzamos un taxi antes que ellos. Fue vernos a PITICLI y a mí ya encaminados a la rampa de los taxis y ellos echar a correr como si cerrara Gucci. Hicieron un sprint tal que hubieran batido récords mundiales. Sí, alcanzaron primero el taxi. Pero la suerte es caprichosa y el nuestro salió antes. Aún tengo pesadillas con sus caras de odio tras las ventanillas.

     Sólo espero que esos niños crezcan y aprendan que los que los superamos en años a veces –sólo a veces- tenemos algo que enseñarles. Como sucedió recientemente, cuando nuestra adorada Regina Phalange, que por obra y gracia de haberse echado un noviete más joven, se vio abocada a los encuentros con la primera fase (o lo que es lo mismo, encontrarse rodeada de las novias veintipocoañeras de los amigos de su churri). Así, tras un periodo de adaptación y aceptación, supo que tenía algo importante que aportar, y ellas comprendieron que tenían mucho que aprender. Y nada como una reunión de “tupper sex” en casa de Regina para demostrarlo.

     En fin, que nunca es tarde. Y que todo vale, si te vale (y no perjudicas a nadie, claro).

     No desechéis hacer lo que siempre habíais querido y… ¡sed muy felices!


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