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julio, 2011


31
julio 11

Tras el marisco viene la calma

 

     Ya hemos vuelto, como lo hace el Almendro por Navidad, y todas las canciones de los ochenta-noventa.

     Y hemos vuelto con las energías renovadas y la curiosidad por saber si nuestros puestos de trabajo todavía están ahí, pues tal y como está el patio uno no puede ya fiarse de nada. Lo único que dura en este país es el… el… ¿el Sálvame?

      En todo caso hemos aprovechado estos días para poner a prueba nuestros límites con el marisco en las Rías Baixas. No os engaño. Llegó un momento en que no podíamos ni pronunciar la palabra “mejillón” o “pulpo” sin tener una reacción física. El Alvariño, en cambio, lo hemos tolerado estupendamente (será que tenemos alma de Sue Ellen).

      Por cierto, para aquellos que no lo sepáis, las Rías Baixas tienen un “micro clima”. ¿Qué es eso? Pues que te pelas de frío en verano. Claro que no podemos culpar a nadie más que a nosotros, que tenemos la virtud de hacer que llueva en cualquier lugar. Estuvimos en Fuerteventura y nos llovió, estuvimos en Cádiz y diluvió. Hasta en el desierto del Sáhara descargó.   

     Somos más efectivos que las Vírgenes en procesión, y encima gastamos menos en mantos bordados. Además, gracias a Ryanair ya no usamos maletones ni llevamos miles de modelitos.

     A todo esto, ¿qué pensáis de Ryanair? ¿No es total? Yo hacía tiempo que no bajaba de un avión en mitad de la pista de aterrizaje de un aeropuerto con la indicación de “vaya caminando hasta la terminal, pero vigile de no pasar por debajo del ala”. “No, no hay finger”. ¿No es lo más? Sacia cualquier anhelo de aventura. Y lo mejor era la gente que había pagado “priority pass”, que simplemente se traducía en “estar los primeros tras una cuerda en mitad de la pista de aterrizaje”. 

     Es lo más “in” que he experimentado hasta ahora en aviación. No puedo esperar a que te hagan pedalear en pleno vuelo, o que te hagan guardar tu propia maleta en la bodega.

     Pero volviendo a lo importante. Las Rías Baixas son una delicia. Sí, los primeros días hizo un frío del copón, pero en cuanto salió el sol aquello era el paraíso. Las playas, impresionantes (y no sólo las Cíes), los pueblos estupendos (ojo si estáis por la zona, no dejéis de visitar las villas portuguesas fronterizas), la gente muy maja, y el pueblo que no tenía la fiesta de la almeja (no, no era nada erótico-festivo) la tenía de la navaja (no, no era en honor a Mecano ni a Albacete) o de la ostra. Brutal. El primer día que probamos el pulpo preparado por una auténtica “pulpeira de Carballiño” se nos saltaban las lágrimas.

     Lo mismo que cuando fuimos a preguntarle a una simpática “informadora turística portuguesa”. A mí me pareció encantador que estuviera recolocando las piedras de un bonito jardín Zen que había en la oficina. Pero no, no era una piedra. Tenía escondido un porro del tamaño de la catedral de Burgos, y estaba tan fumada que en vez de indicarnos sobre el pueblo se empeñó en que viésemos un parque natural que según hablaba más crecía. Viendo el mapa sería del tamaño de la Amazonia. “Es muy envolvente” nos insistía.

     O cuando yo me empeñé en querer ver el interior de una iglesia (aparentemente cerrada) y al abrir la puerta nos topamos con una monja que ni “Sister Act”, encargada del “control de acceso” al convento. La tipa era genial. Estaba en una especie de caseta al más puro estilo “chekpoint Charlie” –ríete tú de Chus Lampreave como portera- y al ver mi interés INSISTIÓ en que pasáramos a la iglesia. Como NO podíamos negarnos en ese punto, entramos, y allí nos encontramos con TODA la comunidad de religiosas rezando. Cuando quisimos salir, la “portera” nos dijo “no, no, quedaos, por un ratito no pasa nada”, y ni mi look playero basado en escotazo + mini shorts ni el de PITICLI con ultra pitillos remangados la convencieron de lo contrario.

     Después de eso se me pasaron las ganas de abrir las puertas de la casa de ningún Dios y de aplaudir las genialidades de PITICLI en público. ¿Por qué? Porque fuimos a un restaurante rural muy mono en que cada vez que aplaudía una de las ocurrencias de PITICLI (como creer que “La Orden de los MerceDarios era la de los MERCENARIOS”) la camarera (que era un cielo y muy dispuesta) venía. “Es que así me llaman algunos clientes”, dijo. Ver para creer.

     Lo dicho, Cada uno en su casa, Dios en la suya también, y a aplaudir a los teatros.

 Y antes de que se acabe esta función – digo este post-, varias cosas:

 1. Agradecer a Carmen y Víctor el trato que nos han dado mientras nos hemos alojado en su establecimiento. Ya imaginábamos que esa preciosa casa con jardín en Combarro nos gustaría, pero ha superado cualquier expectativa. Encima me ha permitido recuperar el ánimo para escribir la próxima novela.

 2. Agradecer también a Conchi y su compañera la atención prestada en su casa. No olvidaré fácilmente el detalle de los “kiwis” ni esos atardeceres mirando a Portugal.

 3. Para quienes estén por Cataluña y quieran disfrutar también del buen marisco, que no duden ni un minuto en acercarse a “Ida can Machino”, cerca de Sant Jaume d’Enveja –en el Delta del Ebro-. ¡Su arroz negro es lo mejor que uno haya probado NUNCA!

 En fin, espero que hayáis disfrutado de las vacaciones, o que las disfrutéis… ¡y que seáis muy felices!


8
julio 11

Lady Laca os saluda

     Querid@s amig@s, en vista del éxito que tienen las aventuras de Lady Laca, decidimos realizar un vídeo casero de agradecimiento. Espero que os guste, porque os advierto que estamos preparando una sección  ”Lady Laca nos habla de sus lugares preferidos de Barcelona”.
  

     Por cierto: aunque sé que tenéis muchas ganas de conocer los detalles de mi compromiso con PITICLI y de cómo fue la entrega del anillo, tendréis que esperar un poquito más ;-)

¡Os adoro!


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