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noviembre, 2011


23
noviembre 11

Histeria & Co.

    Aquí estoy, mordiendo mi cigarrillo de plástico como un roedor poseso (porque sigo sin probar la nicotina) tras haber tenido un “sutil desencuentro con PITICLI”.

    Si os digo el motivo no me vais a creer: PITICLI, con toda su buena intención, me comunicó que… ¡tachán! ¡Había pagado a una señora de la limpieza para que viniera a hacernos una ídem profunda al minipiso!

    Sí, sé que eso sería la mejor noticia para muchas personas, pero a mí lo primero que me ha salido ha sido: “¡Ni hablar! ¡No quiero que nadie que no conozca venga a tocar nada a esta casa! ¡Tenías que haberme consultado antes! ¡No, no y no!”

    Pero es que no os podéis ni imaginar el tono que me ha salido… Parecía Aída Nízar tras varios días de insomnio.

    Obviamente mi reacción ha sido un tanto exagerada, porque ni el minipiso entra en la categoría “casa”, ni la cosa era para tanto. Pero el drama ya estaba servido (I love drama, supongo).

    PITICLI me ha dicho que sólo volveríamos a hablar después de que se me desactivara el “modo histérico”, pero el problema es que eso yo lo tengo de serie. Y más desde que no fumo.

    Por suerte no siempre el histerismo es perjudicial. A veces ayuda. Al menos si tienes que hacer un show –de otro tipo-.

    Como la otra tarde, cuando tuve que dar una conferencia en un Colegio de Médicos. Era la primera vez que se invitaba a alguien que no fuera de su disciplina para hablar, y pese a que yo al principio me había tomado el encargo de forma muy relajada, conforme se acercaba el día y la gente me hablaba de ello el tema empezó a abrumarme un tanto.

    Tanto que decidí hacer una charla “totalmente diferente a lo que estuvieran acostumbrados”. Y aquí es donde entra la histeria en juego. ¿Por qué? Pues porque en mitad de la charla (muy interactiva y plagada de momentos humorísticos) yo, que había llegado con americana y la había dejado en el respaldo de la silla para hablar, en un momento dado, mirando de frente al auditorio, me agarré de la camisa y me la abrí de golpe (era una camisa de corchetes) mostrando debajo una camiseta con la cara de Lady Gaga. Os lo juro.

    También os diré que la acción tenía relación con un aspecto de la conferencia, pero claro, las caras de asombro fueron totales. Y comprensibles.

     Aunque para caras de asombro las de la Musa Bruja, que últimamente no para de “sufrir” los efectos de su sex appeal, absolutamente “on FIRE” y “out of control”. Quedé con ella la otra tarde y me explicó situaciones como las siguientes:

-          Una noche, saliendo de una discoteca con otras dos amigas, la primera dijo “¡Ay! ¡Necesitaría un trabajo!”; la segunda: “¡Ay! ¡Necesitaría un piso!”; y la Musa soltó: “¡Ay! ¡Necesitaría un hombre!”. ¡Acto seguido la rodearon cinco ofreciéndose a ir con ella donde fuera! La Musa, que es rápida de reacción, se decantó velozmente por uno que tenía pinta de jugador de baloncesto. Pero eso no hizo desistir a los otros, y una de las amigas de la Musa, puede que enternecida por su tesón, les decía: “esperad, no os vayáis, que igual no le acaba de convencer el alto y tenéis una oportunidad”. Sin embargo, ganó el baloncestista.

-          Otra noche, volviendo a casa tras otra sesión de bailoteo, el taxista empezó a insinuársele abiertamente. Cuando le soltó a la Musa: “¿qué, volviendo a casa tras una noche de fiesta? ¿qué tal se lo ha pasado?” ella le respondió “sí, sí, muy bien, pero ahora tengo los pies destrozados y sólo quiero irme a dormir”. Para qué dijo más. El taxista automáticamente se ofreció para hacerle un masaje de pies y lo que hiciese falta. Ya lo dice la Musa: “¡cuando aprenderé que no he de ser tan simpática de buenas a primeras, y que cuando monte en un taxi de noche lo primero que  tengo que decir es que he de ir a casa que me espera mi marido!”

-          De viaje en Marruecos, visitando la típica tienda de especias, el vendedor, primero discretamente, y luego descaradamente, le intentó meter mano. La Musa, que es rápida de reflejos –como ya señalé-, le soltó un par de manotazos y lo puso en su sitio. Él le regaló un pintalabios (!?¿¡). Ahora ese pintalabios se ha convertido en un símbolo. Por cierto que Marruecos para ella fue un continuo tener que ir poniendo a los tipos “en su sitio”, y como ella explica: “bendito Ramadán que no les permitía ser más directos aún”

    Otra que también está teniendo bastante éxito social  (pero con menos show, o de otras características) es una amiga felizmente reencontrada. Después de unos meses en los que ha tenido que ir digiriendo su compleja separación y el terror al género masculino (con huidas peliculeras de citas incluidas) ahora está disfrutando de dejarse cortejar. Y no sabéis cuánto me alegro.

    Ella, además de guapa e inteligentísima, es TODA una señora, y dice cosas tan tremendas como: “mira Agustín, mi peluquero dice algo con lo que estoy TOTALMENTE de acuerdo, si a los cuarenta quieres llevar melena, ésta habrá de estar IMPECABLE SIEMPRE… y si no, no la lleves ¿no te parece?” Y ella la lleva así, impecable, claro.

    Pero a lo que iba. Que está teniendo también mucho éxito. Pero de otro estilo. Si la Musa Bruja se está “especializando” en exotismos varios, mi amiga reencontrada en “lujosos romances”, con aviones privados, restaurantes de lujo y demás ingredientes novelescos. No puedo alegrarme más.

    Porque como decía el otro día, el panorama es tan complicado que hay que disfrutar de lo que nos rodea, de lo cotidiano y de lo extraordinario (y de lo extraordinario cotidiano). Permitirse disfrutar y detectar qué es lo que nos gusta.

    Y si el mundo se hunde, elegir nuestro bañador preferido.

    En fin, os dejo que voy a ver si hago las paces (con o sin señora de la limpieza).

    ¡Sed muy felices!

 


14
noviembre 11

Gastando bajo la Lluvia

     “Si el dinero no te da la felicidad es que no lo estás gastando bien”. La Musa Escritora me dijo esta frase la otra tarde y me pareció fantástica.

     ¡Ay, el vil metal! (¡toma topicazo! ¡Parezco una zarzuela!)

     Ahora que ha pasado el sorteo especial del once de noviembre, allá donde vayas el tema es “con lo que habría hecho yo si me hubiera tocado…”. Y es que no el pedazo de premio no era para menos. Curiosamente todo el mundo pensó que le tocaría a él, y aunque hubo muchas ideas de utilización del premio, como no podía ser de otro modo una de las mejores respuestas a “¿Qué hubiera sucedido si hubiera ganado el dinero?” fue la de la Musa “S”. Reproduzco:

-          “Lo primero, dejaría de trabajar, claro, pero acto seguido lo segundo sería irme a un hotel de muchísimas estrellas A PENSAR. Nada de viajes. No, no, y no. A un hotelazo cerca, sin tener que tomar ningún avión. Y allí, frente al mar -a poder ser-, empezar a decidir en qué lo gastaría y adónde viajaría (porque recorrería medio mundo, está claro, y siempre en alojamientos finos, que no quiero nada de **erdas). Pero mientras pienso la ruta, que me masajeen, me exfolien, me estiren, y me traiga la comida un mayordomo con guantes (siempre mejor con guantes) en un carrito de esos monísimos.

      Si eso no es una respuesta fundamentada y contundente que baje Budha y lo vea.

      La Musa “S” tiene clarísimo cómo emplearía el dinero, pero no es la única. Y hay quien ya lo ha dado por muy bien gastado. Uno de los ejemplos más fascinantes es el del jefe de una amiga, quien para SU cumpleaños regaló unos pechos a SU mujer. Y el hombre más contento que si se hubiera auto regalado la play. Espero que si se separan y llega el momento de repartir los regalos ella se quede con las prótesis… o no.

     Otro magnífico ejemplo de empleo del dinero es el de un amigo, que consiguió no sólo invertir estupendamente en felicidad, sino también romper todos los récords conocidos del ahorro. Me explico: hace unos días se fue a Disneyland con su mujer y los críos. PITICLI, que conoce bien el lugar, no paraba de decir que se iban a gastar una fortuna por ser Halloween, que le cobrarín simplemente por respirar… y se lamentaba de no haber podido orientarles en cuanto a fechas, descuentos, etc.

     Lo que PITICLI no sabía es que dicho amigo y su mujer forman un dúo formidable Anti Crisis. O lo que es lo mismo: gracias a provisiones ocultas y audaces reclamaciones… ¡lograron pasar 48 horas en el Mundo Disney sin gastar ni un céntimo!

     ¡Por Dios, que les den la cátedra de Economía y el Ministerio de ídem  YA!

     No quiero ni pensar qué hubiera sucedido de haber nacido en Colombia en vez de Cataluña… Nada, nada, son mis ídolos. Y es que el amigo ya ha lanzado un futuro reto: se ha propuesto volver con dinero la próxima vez -y seguro que lo consigue-.

     Cómo me gustaría tener sus súper poderes. Porque yo, tras un año un tanto peculiar, me he dado cuenta de una cosa: hay quien vive por encima del bien y del mal, ¿no? pues bien, yo vivo por encima de mis posibilidades –al menos, de momento-.

     Y recalco “de momento” porque como leo una y otra vez que la Ley de la Atracción dice que para convertirse en un RICO hay que vivir (y gastar) como un RICO (disfrutando de cada vez que adquieres algo) pues yo a rajatabla.

     Tan a rajatabla que cualquier día me van a atacar los pajarillos de la VISA cual nueva versión de la película de Hitchcock. Ya estoy viendo la escena: yo, paseando por un pueblo idílico y lejano, a punto de adquirir algo tan imprescindible como mi camisa número 50.000, cuando el bolsillo delantero de mi pantalón empieza a vibrar. Tras el sofoco inicial, y ante la sorpresa de todos, una bandada de palomitas plateadas y furiosas se desprende de sus correspondientes tarjetas con cara de mala leche (o alpiste) y me obliga a refugiarme en una cabina de teléfono. Pero como ya no quedan cabinas de las cerradas y todo el mundo utiliza el whatsapp, me dejan hecho un colador…

     Ay, esta visión me ha dejado un tanto desasosegado… ¿Tendré que frenar mi nivel de gastos? ¿Tendré que hacer como una compañera de trabajo, que cuando le regalaron EL SECRETO, automáticamente fue a la tienda a cambiarlo por una novela al considerarlo un timo?

     No sé qué hacer, no sé qué hacer. Porque yo gastarlo con placer lo gasto, pero no veo que se reproduzca el dinero, sino los gastos.

     Ni siquiera el hecho de no fumar me permite ahorrar demasiado. Sin ir más lejos hoy me saltó el botón del pantalón en el autobús (no sufráis, no hubo ningún herido) a causa del nuevo perímetro que está adquiriendo mi cintura. Así que lo que me ahorro en nicotina lo terminaré supliendo con ropa nueva o arreglos de la antigua. Por suerte tengo a Manoli que me lo apaña todo bien y barato. Pero no es plan. No puedo cambiar de talla, aunque sólo sea para poder ponerme el KILT escocés que he adquirido por Internet (y que confirma lo que dice PITICLI: “es que ya no sabes qué comprarte”).

     Por cierto, todo esto me recuerda a algo que le sucedió a la Musa Mexicana hace poco. Ella explica que iba caminando cuando notó una molestia a la altura de la cintura. Por encima de la falda asomaba un hilo, y como parecía esto la causa, tiró de él fuertemente. ¡Tanto que la costura se deshizo y su ropa interior cayó automáticamente al suelo en mitad de la calle!

     La Musa dice que consiguió salir airosa (y aireada, imagino) de la situación. Lo que no sé es si una vez descubierto el truco lo va a utilizar en próximas ocasiones…

     En todo caso, ella, que ha sido productora y sabe administrar muy bien el dinero, no sólo adquirió rápidamente ropa interior de repuesto, sino que nos demostró también cómo se emplea de forma inmejorable el dinero: colaborando con la mejora y mantenimiento del Centro Cultural El Tecolote, un oasis de paz y cultura en mitad de una zona fuertemente castigada.

     A mí, ironías de la vida, me encargaron “ilustrar” sobre redes sociales a uno de los líderes naturales del Centro y lo que descubrí es que aquel chaval de veinte años era tan sabio que lo único que yo podía hacer, honestamente, era aprender de él. Así que como por suerte me di cuenta pronto de ese detalle, le canjeé mi lección por invitarle a tomar un SPRITZ mientras me enseñaba él a mí. Y tan contentos los dos.

     Pero bueno, volviendo al tema del gasto, yo no pienso desistir. Ni en seguir sin fumar ni en dejar de invocar a la riqueza. Y si me preocupa el tener deudas, haré caso de los consejos de la presidenta de mi comunidad de vecinos, que es una argentina adorable que siempre dice: “¡Endéudense ahora, ché! ¡Éste es el momento, ante una posible depreciación de la moneda! ¡Háganme caso, que nosotros sabemos de esto!”

     Ahora que lo pienso, no sé si es la mejor persona para hacerse cargo de la Comunidad…

     Claro que como decía Keynes (y también el amigo que fue a Disneyland): si le debes un euro al banco, tendrás un problema, pero si le debes un millón, el problema será del banco”.

      Total, que pese a que en Cataluña se dice “que la mejor lotería es el ahorro y la economía”, de un tiempo a esta parte yo creo que el dinero está para gastarlo y disfrutarlo (con cabeza, ojo), que nunca sabes qué va a suceder.

     Por eso, y por aquello de “que nos quiten lo bailado” el fin de semana pasado nos fuimos a celebrar nuestro quinto aniversario a un lugar fantástico y absolutamente recomendable: El Hospes Villa Paulita.

     Una casa señorial con SPA frente a un lago, cuyas habitaciones disponen de bañeras que miden dos días y un amanecer. Sin palabras.

     Y para la cena de celebración, El bistrot d’en Sebas, en un entorno espectacular (la llegada a la masía, de noche, recuerda a “Eyes wide shut”). Sus huevos a baja temperatura con espuma de patata, foie y aroma de trufa son indescriptibles.

     Claro que por eso puede ser que me salte el botón del pantalón… menos mal que ya volvemos a nuestra dieta cuasi vegetariana / flexitariana.

     Y como varias personas me han pedido que hable de cuáles son nuestros restaurantes vegetarianos preferidos, ahí van:

 -          GOVINDA. Todo un clásico. Muy, muy céntrico. Su decoración es muy interesante, y su comida riquísima. Cuesta creer que sean ciertos sus canelones de foie vegetal, por ejemplo.

-          ATZAVARA. Nuestro último descubrimiento. En el Eixample. Platos creativos y sorprendentes. Y cuando digo sorprendente me refiero, por ejemplo, a sus filetes de micro proteínas. Nunca probé nada igual.

-          ORGANIC. Un local muy newyorkino con un menú estupendo. En el bufé de primeros encontraréis una crema (¿de manzana a la parrilla con ajo?) totalmente adictiva. Para beber, nada como su bebida de cola orgánica.

 En fin, a disfrutar mucho de TODO… ¡y a ser muy felices!


1
noviembre 11

King Kong en mi cocina

     Debajo de casa están preparándolo todo para el rodaje de una película. Podría ser King Kong perfectamente. ¿Por qué lo digo? Pues porque pese a que yo dije siempre que el minipiso es tan pequeño que no cabe una mascota, estos días tengo un mono descomunal.

     ¡Ay! Yo quisiera escribir un post hilarante, lleno de gracia, de chispa, como una película de Pili y Mili… pero en estos momentos mi neurona insiste una y otra vez sobre la misma idea: fumar.

     ¡Por qué! ¡Oh, por qué me habré metido yo en este embolado de la vida sana!

     Deberían avisarlo en algún lugar: uno empieza tomando tofu y termina haciendo Yoga a la luz del amanecer rodeado de gente macrobióticamente aterradora encantadora (que por supuesto ni fuma ni toma azúcar) con más elasticidad que el jefe de los 4 Fantásticos.

     Os prometo que incluso llegué a comprar en el estanco “Tabaco Orgánico” –palabrita del Niño Jesús que existe- pero no coló.

      ¿Dónde quedaron los tiempos en que para ser “guay” había que fumarse un campo de fútbol o hacer una compra basada en precocinados? ¿Sólo encontraremos ya esos ejemplos en aquellas maravillosas películas viejunas de Kirk Cameron? -Nota: me refiero a los años previos a que decidiera dedicarse únicamente al cine religioso-.

     Posiblemente no supimos descifrar el mensaje a tiempo: cuando Kirk decidió pasarse a la “pedagogía divina” en vez de dejar que los “problemas crecieran” en una casa de cartón piedra –que debía oler más a laca Elnett que a Ambipur si tenemos en cuenta los peinados de tod@s- el fin de una era estaba al caer.

     A mí, que no lo supe ver, me ha pillado de sopetón. Pero en buen momento, porque en plena semana de la castañada – Halloween puedo aprovechar que me subo por las paredes para ir de Spider Man a las fiestas. He alcanzado un nivel de realismo tal que retaría en veracidad a la mismísima Heidi Klum.

     Me contentaré pensando que si consigo abandonar el fumeteo (snif, snif) no sólo ganaré en salud, sino también en euros, que en mi caso se traducirá en más “modelitos originales”.

     Claro que esa afición mía en ocasiones nos lleva a acalorados debates matrimoniales. No porque me gaste el dinero, no, sino porque cada vez me compro cosas más estrambóticas por tal de “ir diferente”.

     PITICLI dice que a veces se me va un poco la pinza en mi afán por “aparentar modernidad” y puede que razón no le falte. Un ejemplo: el domingo tuve una “inspiración ochentera” (¿de nuevo el efecto Kirk Cameron?) y me atavié repleto de colorines y estampados barrocos, igualito que si me hubiera vomitado encima un jukebox. Pero por lo visto en vez de personificar la “pura modernidad” a PITICLI le recordé a un gitano rumano (con todos nuestros respetos a sus estilistas). Ay Kirk, yo sé que tú me entiendes… ¿por qué el táctel es ese gran incomprendido?

      Así que viendo que el barroco – táctel no era una combinación ganadora, y que estos días tenía que acudir a un par de fiestas, decidí no jugar con fuego (el táctel es muy inflamable) y apostar por lo seguro. O sea, lo clásico. Pero voy a contaros un poco más.

      La misma noche que Armani montaba un sarao tremendo en la ciudad (qué pena no haber podido estar un ratito con Antonia dell Atte, como otros) un genial artista amigo mío inauguraba su exposición de fotografía. El trabajo de construcción que realiza a partir de diferentes imágenes es fascinante. Tomad nota de su web y echad un vistazo a sus obras. Sus paisajes ciber-románticos, por ejemplo, sin magníficos.

      Pocos días después nuestra amiga Clara (tocada con todas las gracias imaginables) nos avisaba de que ponía en marcha en Barcelona un aperitivo muy de moda en Milán: un afterwork en el que mientras tomas una copa al son de la música del DJ, el chef va ofreciendo sus propuestas para que cenes a cargo del local. Tremendo.

     La inauguración fue un éxito, y dado que el dress code de la misma era “elegancia extrema” me planté con batín de seda y capa. Podéis imaginar el impacto.

     De hecho yo pensaba volver a utilizar el look si nos invitaban al château de la familia política de una conocida nuestra, pero tras el comentario de un amigo mejor elijo otra cosa. Y es que cuando yo pensaba que el braguetazo del siglo había sido emparentarse con alguien cuya familia posee un castillo a las afueras de Lyon, va nuestro amigo y suelta:

  • ¿Que su familia posee un château en Francia? ¿Desde cuándo? ¡Ah, sólo desde hace 100 años! ¡Entonces no es realmente la casa familiar! Además, querido, un château en Francia vale lo mismo actualmente que un piso en la calle Balmes… ¡y lo difícil de mantener que son, que nunca los tienes terminados del todo!

     Así que si fuera, quizá lo más útil sería presentarme con mono de obrero, por si hay que poner masilla en alguna grieta o pintar alguna pared.

     En fin, esto me hizo pensar lo maravilloso que es vivir por encima de las posibilidades de uno. ¿Hay algo más hermoso? Imagino que sí, pero ahora no es el momento de decirlo.

     ¡Cuánto le debemos a Santa Visa!

      -INTERMEDIO-

     Durante estos minutos ha llamado Lady Laca para ver qué tal nos iba el puente (de hecho creí haberle dicho que no hemos tenido puente) y aparte de otras cosas, ha querido que resalte lo siguiente:

    • - A ella no le agrada eso de que nos guste vivir por encima de nuestras posibilidades. Cree que hay que ahorrar y privarse de ciertas cosas si es necesario.
    • - Me ha preguntado si ya he escaneado para colgar en el blog la foto que me trajo en la que se ve frente al torno haciendo un jarrón (y lo cierto es que se me había olvidado hacerlo…)
    • - Le parece muy bien que ya no fumemos.
    • - No tiene nada especial que contarnos porque los últimos días han sido muy aburridos, pero que en cuanto le suceda algo nos lo cuenta. Ah, y que de momento no quiere apuntarse a clases de informática aunque le insistamos.

      También he aprovechado, antes de volver a ponerme con el post, para bajar a la calle y comprarme unos cigarrillos electrónicos en el DWAY, una tienda fantástica que está debajo de casa, que tiene las cosas más originales del mundo para regalar, que nos ha sacado de mil apuros y que por suerte abre los festivos.

     Así que ahora mismo estoy escribiendo mientras exhalo un delicioso Y SALUDABLE  vapor de agua sabor a café. Porque sí, puede que me esté engañando, pero el que no se contenta es porque no quiere.

     ¡Un beso enorme a tod@s y mucho éxito para tod@s aquell@s que seguís apostando por vuestros propios proyectos y vuestro arte!

     ¡Sed muy felices!


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