Aquí estoy, mordiendo mi cigarrillo de plástico como un roedor poseso (porque sigo sin probar la nicotina) tras haber tenido un “sutil desencuentro con PITICLI”.
Si os digo el motivo no me vais a creer: PITICLI, con toda su buena intención, me comunicó que… ¡tachán! ¡Había pagado a una señora de la limpieza para que viniera a hacernos una ídem profunda al minipiso!
Sí, sé que eso sería la mejor noticia para muchas personas, pero a mí lo primero que me ha salido ha sido: “¡Ni hablar! ¡No quiero que nadie que no conozca venga a tocar nada a esta casa! ¡Tenías que haberme consultado antes! ¡No, no y no!”
Pero es que no os podéis ni imaginar el tono que me ha salido… Parecía Aída Nízar tras varios días de insomnio.
Obviamente mi reacción ha sido un tanto exagerada, porque ni el minipiso entra en la categoría “casa”, ni la cosa era para tanto. Pero el drama ya estaba servido (I love drama, supongo).
PITICLI me ha dicho que sólo volveríamos a hablar después de que se me desactivara el “modo histérico”, pero el problema es que eso yo lo tengo de serie. Y más desde que no fumo.
Por suerte no siempre el histerismo es perjudicial. A veces ayuda. Al menos si tienes que hacer un show –de otro tipo-.
Como la otra tarde, cuando tuve que dar una conferencia en un Colegio de Médicos. Era la primera vez que se invitaba a alguien que no fuera de su disciplina para hablar, y pese a que yo al principio me había tomado el encargo de forma muy relajada, conforme se acercaba el día y la gente me hablaba de ello el tema empezó a abrumarme un tanto.
Tanto que decidí hacer una charla “totalmente diferente a lo que estuvieran acostumbrados”. Y aquí es donde entra la histeria en juego. ¿Por qué? Pues porque en mitad de la charla (muy interactiva y plagada de momentos humorísticos) yo, que había llegado con americana y la había dejado en el respaldo de la silla para hablar, en un momento dado, mirando de frente al auditorio, me agarré de la camisa y me la abrí de golpe (era una camisa de corchetes) mostrando debajo una camiseta con la cara de Lady Gaga. Os lo juro.
También os diré que la acción tenía relación con un aspecto de la conferencia, pero claro, las caras de asombro fueron totales. Y comprensibles.
Aunque para caras de asombro las de la Musa Bruja, que últimamente no para de “sufrir” los efectos de su sex appeal, absolutamente “on FIRE” y “out of control”. Quedé con ella la otra tarde y me explicó situaciones como las siguientes:
- Una noche, saliendo de una discoteca con otras dos amigas, la primera dijo “¡Ay! ¡Necesitaría un trabajo!”; la segunda: “¡Ay! ¡Necesitaría un piso!”; y la Musa soltó: “¡Ay! ¡Necesitaría un hombre!”. ¡Acto seguido la rodearon cinco ofreciéndose a ir con ella donde fuera! La Musa, que es rápida de reacción, se decantó velozmente por uno que tenía pinta de jugador de baloncesto. Pero eso no hizo desistir a los otros, y una de las amigas de la Musa, puede que enternecida por su tesón, les decía: “esperad, no os vayáis, que igual no le acaba de convencer el alto y tenéis una oportunidad”. Sin embargo, ganó el baloncestista.
- Otra noche, volviendo a casa tras otra sesión de bailoteo, el taxista empezó a insinuársele abiertamente. Cuando le
soltó a la Musa: “¿qué, volviendo a casa tras una noche de fiesta? ¿qué tal se lo ha pasado?” ella le respondió “sí, sí, muy bien, pero ahora tengo los pies destrozados y sólo quiero irme a dormir”. Para qué dijo más. El taxista automáticamente se ofreció para hacerle un masaje de pies y lo que hiciese falta. Ya lo dice la Musa: “¡cuando aprenderé que no he de ser tan simpática de buenas a primeras, y que cuando monte en un taxi de noche lo primero que tengo que decir es que he de ir a casa que me espera mi marido!”
- De viaje en Marruecos, visitando la típica tienda de especias, el vendedor, primero discretamente, y luego descaradamente, le intentó meter mano. La Musa, que es rápida de reflejos –como ya señalé-, le soltó un par de manotazos y lo puso en su sitio. Él le regaló un pintalabios (!?¿¡). Ahora ese pintalabios se ha convertido en un símbolo. Por cierto que Marruecos para ella fue un continuo tener que ir poniendo a los tipos “en su sitio”, y como ella explica: “bendito Ramadán que no les permitía ser más directos aún”
Otra que también está teniendo bastante éxito social (pero con menos show, o de otras características) es una amiga felizmente reencontrada. Después de unos meses en los que ha tenido que ir digiriendo su compleja separación y el
terror al género masculino (con huidas peliculeras de citas incluidas) ahora está disfrutando de dejarse cortejar. Y no sabéis cuánto me alegro.
Ella, además de guapa e inteligentísima, es TODA una señora, y dice cosas tan tremendas como: “mira Agustín, mi peluquero dice algo con lo que estoy TOTALMENTE de acuerdo, si a los cuarenta quieres llevar melena, ésta habrá de estar IMPECABLE SIEMPRE… y si no, no la lleves ¿no te parece?” Y ella la lleva así, impecable, claro.
Pero a lo que iba. Que está teniendo también mucho éxito. Pero de otro estilo. Si la Musa Bruja se está “especializando” en exotismos varios, mi amiga reencontrada en “lujosos romances”, con aviones privados, restaurantes de lujo y demás ingredientes novelescos. No puedo alegrarme más.
Porque como decía el otro día, el panorama es tan complicado que hay que disfrutar de lo que nos rodea, de lo cotidiano y de lo extraordinario (y de lo extraordinario cotidiano). Permitirse disfrutar y detectar qué es lo que nos
gusta.
Y si el mundo se hunde, elegir nuestro bañador preferido.
En fin, os dejo que voy a ver si hago las paces (con o sin señora de la limpieza).
¡Sed muy felices!


























