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enero, 2012


29
enero 12

Con la Moda en los Talones

     “Debajo de cada boina hay un portátil. Que os pensáis que los de campo son tontos y no es así, que el mundo está muy globalizado”. El comentario, que ya es genial de por sí, aún resulta más sorprendente cuando te lo suelta una señora riojana a la que acabas de conocer mientras esperas a que empiece un desfile mediático. Desde luego, nunca sabes de dónde vendrá el aprendizaje del día.

     Pero claro, también hay que reconocer que la situación era peculiar: mientras los flashes apuntaban a las celebrities y todo el mundo se apiñaba alrededor de las mismas, una señora de Sabadell, otra de Santo Domingo de la Calzada, una amiga Blogger y yo nos encontramos tomando unas cervecitas junto a una estufa, como si de un brasero se tratara, bien resguardaditos dentro de una carpa, que por la noche refresca.

     Y es que esta semana ha sido la ídem de la moda en Barcelona (o sea 080 + The Brandery + ASVOFF + MODAFAD), y mientras por las mañanas me dedicaba a la fontanería emocional, por las tardes me plantaba disfrazado de florero a los desfiles –y a las fiestas- (para compensar tanto exceso de realidad y sentirme joven y modenno).

     Este año me propuse currarme a conciencia los modelitos y llevado por la voluntad de reactivar la economía mundial gracias a mis compras, llegué a adquirir los siguientes elementos de primera necesidad:

-          unos zapatos de falsa piel de leopardo (en los que casi nadie reparó porque descubrí que cuando hay “mogollón” la gente sólo te ve el modelito de cintura para arriba)

-          unos leggins modelo “murciélago” (con los que pasé bastante frío y superé mi capacidad de sonreír sin castañear)

-          un kimono larguísimo de segunda mano cuajado de geishas (que nuestra adorada Manoli transformó, con su ingenio sin igual, en una casaca. Por cierto que tuve que añadirle un pequeño cinturón de piel al perder el que traía de tela, y terminé pareciendo que yo era así de ingenioso y “fresco” gracias a ello)

-          unos pantalones cortos de thai Boxing (que finalmente estrené el sábado para preparar la comida en vez de en el desfile de Pierre Cardin porque me levanté con una resaca descomunal que me hacía hablar –y actuar- como Forrest Gump)

-          una Hakama, o lo que yo llamo “falda de samuráis” (la pieza definitiva, la que me tenía que elevar al Olimpo de la Modernez, pero que tampoco se veía a no ser que te alejaras y la alumbraras, porque era negra, y que te hacía soñar con un cuchillo eléctrico cada vez que ibas al baño, de tantas lazadas que llevaba. Según mi colega Alicia, la Blogger de la que hablé hace unas líneas “ahora al menos te tendrías que comprar el sable para amortizarla, ¿no?”).

-          un pañuelo con calaveras (que resultó ser lo más comedido al final, y que se parecía mucho al que llevaba una paciente magrebí en la cabeza –para que luego digan-).

      Como veis, todas piezas sencillas e imprescindibles y que localicé en tiendas de segunda mano, por internet vía Seúl (no SEUR) y en una tienda de artes marciales de mi barrio (podéis imaginar la reacción de la vendedora cuando le expliqué que en realidad quería la Hakama para ir a una fiesta…).

     El caso es que me lo he pasado pipa. El lugar que eligieron para los desfiles fue una maravilla (El Saló del Tinell en la Plaza del Rey), y hubo propuestas muy interesantes. Por otro lado, las fiestas que organizaron MANGO y DESIGUAL resultaron muy balsámicas: nada como ver que hay empresas patrias que funcionan.

     Por cierto que mientras estábamos en el magnífico show de Karlotalaspalas,  rodeados de los modelos, PITICLI vino a expresar lo mismo que una compañera de trabajo -pero en un contexto distinto-. La compañera, que ciertamente no es muy alta, nos dijo: “nunca me había sentido más bajita que en esta semana”. En su caso no porque estuviera encerrada entre modelos sino porque fue de rebajas y se encontró con que no alcanzaba a las prendas ubicadas en los estantes de arriba… ¿no gastar dinero por estatura es lo último en ahorro?

     Otra compañera de trabajo, la Musa S, también nos regaló –ya lo echábamos de menos- una de sus brillantes disquisiciones (para que veáis que también puedo ampliar vocabulario cuando quiero y el diccionario de sinónimos me lo indica). Al cruzármela por el pasillo vi que tenía muy buen aspecto, y al señalárselo me soltó: “es que he descubierto lo que verdaderamente me encanta y me sienta bien, el spinning. ¡Me vuelve loca! Eso sí, tengo que comprarme algo para el sillín porque tengo el **** súper dolorido y con agujetas.”

     De verdad, un día tengo que grabarla. Tan fina ella, tan mona, tan señora… y con esa labia cuando se suelta.

     También olía muy bien, y quién sabe si por el shock, yo no acabé de procesar bien la información relativa al aroma, dando pie a un peculiar malentendido. Cuando me habló del “perfume de Ofelia, de Anestesia”, tardé un tiempo en descubrir que ni una cosa era el nombre ni otra la marca, sino una persona en un departamento. Afortunadamente no fui a solicitarlo a ninguna perfumería…

     Pero volviendo al deporte, ver a la Musa S tan dolorida revitalizada me hizo plantearme seriamente retomar el Yoga, que tan bien me había sentado anteriormente. El problema es que quiero encontrar un centro en el que no me encuentre rodeado de personas que continuamente digan cosas como “yo sólo hago Kundalini porque es el que realmente me nutre el espíritu” o “yo es que soy un guardián descendiente de los gromenauer, que transmito el mensaje de los ángeles” (os aseguro que lo he escuchado) o que el profesor no decida un día echarnos las cartas de los indígenas americanos en vez de darnos clase (también me pasó y resulta que mi símbolo es la ardilla, o algo así).

     La pena es cuando tenía un sitio medio apalabrado, al que ir junto a la Doctora Glam, ahora ésta ha cambiado de opinión. “Yo ya no estoy para Yogas, yo ahora quiero un entrenador personal para decirle: quiero este culo arriba para el verano, así que cúrratelo”.

     Quizá tenga razón y sea eso lo que más nos convenga… desde luego si a mí, que siempre he tenido culo aspirina me lo levantara para el verano, me daría la felicidad de mi vida.

     La misma felicidad que hubiera experimentado una genial amiga nuestra, Regina Phalange, si su compañera de habitación durante un viaje reciente hubiera callado en algún momento. Ella jura y perjura que dicha compañera HABLA TODO EL TIEMPO, incluso sola debajo de la ducha “pues vaya, no queda mucho jabón, tengo que mirar si he traído el secador” etc. etc.

     Mientras nos lo explicaba nos desternillábamos. Parece que la chica piensa continuamente en voz alta, y que la cosa se acelera aún más si le respondes a algo… Regina, que hacía grandes esfuerzos por no comportarse como una fiel seguidora de Viernes 13,  sólo deseaba roncar como una posesa toda la noche para vengarse, pero no sabe si tuvo esa suerte.

     Aunque para discursos sin necesidad de interlocutor los que oí provinentes de un aspirante a galán latino en el village del 080. El seudo galán, muy curtido de gimnasio y con unos brillantes en las orejas que hubieran cegado a la urraca más osada, continuamente intentaba entablar conversación con una chica guapísima que había a mi lado. La chica no le respondió hasta que él preguntó algo muy concreto. Veréis:

-          ¿“Y entonses, tú eres modelo”? po’que tú eres modelo, ¿veldá?

-          La chica hizo gesto negativo con la cabeza

-          “¿De veldá no desfilas?”

-          “No, además ya se me ha pasado la edad” (aquí la chica habló)

-          “Pue deberías, ademá todavía estás muy bien”

     De verdad, si con comentarios como éste el muchacho alguna vez liga, espero que al menos la afortunada se lleve los pendientes como premio. Porque la cosa no queda ahí. Ojalá. No, al ver que la chica no le hacía caso, le entró una especie de urgencia por marcharse, de manera que vino hacia mí precipitadamente, y para que me apartase soltó “dejarme pasar, que me jiño”.

     Adorable.

 

     En fin, hasta aquí el post. Dejo unas cuantas historias en el tintero y así me obligo a no tardar tanto en escribir.

     Haced todo aquello que os haga disfrutar y… ¡sed muy felices!

 

P.d. Muchas gracias a Mª Ángeles Coleto por la agilidad en sus gestiones, y a Javier D. por invitarnos a la fiesta del viernes. Gracias a vosotros no sólo he podido disfrutar del certamen, sino también de los encuentros y reencuentros que en él se han producido (como el de Jesús Toc Toc Toc, cuyo blog no debéis dejar de visitar).

 

 

 

 

 


11
enero 12

Familia, Cabrales y Excesos

     Si cuando estás comiendo frente a tu suegra sientes que la camisa te va a explotar (no por la impresión de tenerla delante, sino por la cantidad de escalopines al cabrales que te estás zampando) tienes dos opciones:

-          Inspirar y estirarte, como si tu pose normal fuese la del jefe de los 4 Fantásticos de misión especial.

-          Seguir el consejo de tu suegra y desabrocharte la camisa aprovechando que llevas un jersey encima, antes de que el ruido de los botones al reventar diera la equivocada impresión de que estás preparando palomitas de maíz bajo el mismo. Aquí es importante, por cierto, llevar un jersey grueso. En caso de transparentar, o lucir cardigan, hay que optar única y exclusivamente por la opción uno, y asumir el riesgo de no obedecer a la madre de tu pareja (ojalá no tengáis que enfrentaros a esa opción nunca).

      Por suerte, aparte del hinchazón –pleno de satisfacción, eso sí- no tuve que verme en la situación añadida de días anteriores, cuando PITICLI y yo fuimos a un restaurante que carecía de calefacción, puertas o ventanas que cerrasen bien, o mantas. Tardaban tanto en traer los platos (para unos vinos y una tapa de queso fueron cuarenta minutos, así que no os digo cuánto tardó el arroz) y hacía tanto frío, que cuando trajeron los panecillos recién sacados del horno (calculad una espera de unos treinta minutos desde la toma de nota, no desde la llegada), agarré uno y me lo puse en el cogote. ¡Qué alivio! A PITICLI mi pose no le acabó de parecer elegante, pues debía recordarle a la Muñeca Rosaura colocándose una pila de petaca, pero a mí me apaciguó la espera.

     Así que lo dicho, menos mal que no sucedió todo a la vez: verme con la camisa a punto de explotar y con un panecillo caliente en el cogote frente a la familia política.

     Claro que a mi suegra puede que no le hubiera importado. Ella es tan feliz cuando va a un restaurante (como no le gustó nunca cocinar y sí que le cocinen, debe de conocer TODOS los existentes en Asturias y parte del resto de tierra conquistada) que lo demás no importa. Bueno, no importa mientras la cocina sea buena, pues es una crítica más exigente que los señores del michelín. Y si a eso le añadimos su extraordinaria puntería con la escopeta –creo que ya lo comenté en otro post- salir mal parado de sus críticas gastronómicas puede convertirse en un tema serio.

      ¡Ay! ¡La comida! ¡Cuánto no se comerá en exceso estos días! Mi abuelo (ése increíble señor de noventa años que ahora quiere iniciarse en la escultura) está indignado. Él no para de decir que con lo que se malgasta en comida se podría alimentar a toda África, y no soporta que se deje nada en el plato. Y así salí yo, que no dejo nada ni en defensa propia.

     Así que ahora toca “contención” y ejercicio para amortiguar.

     Afortunadamente, así como en otras ocasiones las conversaciones durante las comidas hubieran podido suponer serias indigestiones, las habidas durante estas vacaciones navideñas han sido de lo más agradables. Únicamente destacaría la escuchada (era imposible no hacerlo con los gritos que daban) en la mesa de al lado de un restaurante, en la que una familia analizaba la actualidad sociopolítica española a un nivel de decibelios muy superior al permitido.

     En un momento dado tocaron ese gran tema de “la juventud de hoy en día: características nefastas y futuro que les espera –Pesadilla en Elm Street Reloaded, vamos-. Tan enzarzados estaban que cuando preguntaron su opinión a la ÚNICA ADOLESCENTE de la mesa, ésta dijo una frase que para sí hubiera deseado Escarlata: “yo lo que quiero es que dejéis de deprimirme”.  ¿No es genial? PITICLI y yo estuvimos por aplaudirle o consolarla, o todo a la vez.

      Aunque para frases memorables, la que se acostumbraba a decir por megafonía hace alrededor de un par de décadas en un hospital público, en la planta de ginecología – obstetricia, y para TODAS las habitaciones: “señoras, vayan quitándose las bragas que va a pasar el doctor”. Sin palabras (y sin bragas, claro).

     Esta anécdota, como tantas otras, nos la contó una de las hermanas de PITICLI, a la que le sucede de todo, y que lo encara todo con un optimismo envidiable. Es capaz de soltarte sin más que “al bulldog de un amigo lo llamaron Beyoncé por cómo mueve las caderas al caminar”; que “cuando ella nació la matrona del pueblo se llamaba Cesárea –palabrita del Niño Jesús- por lo que ella nació por Cesárea pero de parto natural”; o que “su hijo nació por una indigestión de pulpo”.

     Me explico: cuando ella estaba bastante avanzada de su embarazo comió tantísimo pulpo y agarró tal indigestión que terminó siendo ingresada por confundirse dichos síntomas con los del parto (aunque no todos coincidían) y provocándole artificialmente el mismo…

     Nada, nada, otro día os cuento la anécdota de la chica muda que la perseguía para que le hiciera la compra, o las historias compartidas con su tremenda amiga Eugenia, una mujer divertidísima que es capaz de fingir conversaciones telefónicas para que los que la rodean en un momento dado oigan lo que realmente piensa de ellos, o que define a cierto tipo de mujer “mal hecha” como “mujer bisonte”, porque es ancha de espaldas, estrecha de cintura y con el culo para adentro.

     Yo las escuchaba y no paraba de apuntar mentalmente todo para luego poderlo escribir en el blog a mi regreso.

     Porque ya está querid@s amig@s, ya pasaron las Navidades, ya terminaron esas fechas en que intentar quedar con todo el mundo, contentarlo y no enfadar a nadie se convierte en un reto que ni la agenda de la Casa Blanca.

Esto me hace pensar en lo que me contó una amiga, que desde que los padres se separaron hace más malabarismos y equilibrios en Navidad que el Circo del Sol en temporada alta. Aunque eso sí, el padre está tan encantado con la situación “ay, hija, qué pena me daría morir ahora, con lo bien que se está separado” que todo le parece bien.

     En fin, el Nuevo Año  llegó y yo tengo que volver al trabajo tras unas fantásticas vacaciones que me han servido para pasar de escupir sapos y culebras + querer exterminar el planeta a vivir cada día como un precioso regalo (en la línea de la última incorporación a la familia, una chica súper optimista, amante del color rosa y que practica boxeo que me ha desplazado irremediablemente como el “original” de la familia).

     Disfrutemos, pues, cada día, saquemos lo mejor de nosotros mismos, guardemos barriga, y si vais a Asturias, os recomiendo un par de sitios:

Casa de Comidas Nina. Si vais a visitar el Niemeyer no olvidéis daros una vuelta por Avilés, cuyo centro urbano es una maravilla. En el casco antiguo está este restaurante, en el que subes a un primer piso, te sientas en una de las pocas mesas, y disfrutas de comer como en casa. La señora que lo regente es encantadora. Pastel de cabracho impresionante, igual que los pimientos rellenos de carne.

 

Restaurante Casa Morán. Posiblemente no haga falta hablar mucho de él, pues es de sobra conocido, pero es que es un lugar entrañable, en el que comes un pote de saltársete las lágrimas, una ternera brutal… y el personal es una delicia. El pueblo es realmente bonito, y la zona, a un paso de Cabrales y el Naranjo de Bulnes, absolutamente recomendable.

¡Sed muy felices!

 

P.D. ¡gracias a todos, familia y amigos, por el trato recibido, por comprender las limitaciones de agenda y por toleras mis neuras!


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