Toparse con el auténtico Cristóbal Colón, rodeado de un montón de chicos con discapacidad, mientras
estás a tu rollo, pintando un cuadro en el bosque, ha de ser una experiencia imborrable. Esto es lo que le sucedió a un tipo, aficionado a la pintura al aire libre, que fue a pintar a la fageda d’en Jordà, un hayedo maravilloso cerca de Olot.
Para quienes no lo sepan, tan importante como el hayedo y su paisaje lo es el centro especial de trabajo, que produce unos yogures excepcionales y emplea a un montón de personas discapacitadas. Otro detalle interesante es que el director del centro se llama Cristóbal Colón (cierto). Cuando el director se percató de que unos cuantos de sus chicos estaban rodeando, curiosos, al pintor, se acercó e intentó tranquilizarse diciéndole: “no se preocupe, soy Cristóbal Colón y estos son mis chicos”. Parece que el pintor aún sigue corriendo.
El otro día andaba yo pensando que lo único que vamos a llevarnos de esta vida son las experiencias, y lo importante que es enfocarse en vivirlas y no tanto en acumular otro tipo de cosas. Es probable, no obstante, que igual el orujo que bebimos en cantidades industriales también ayudara a despertar al filósofo que hay en mí…
Tuvimos una comida familiar con mis tíos y éstos, además de ser unos soles, también son unos grandes productores de aguardiente. No sé decir cuántas variedades elaboran: de canela, de cerezas… y claro, no vas a despreciar lo que te ofrecen. Y menos cuando el licor va acompañado de anécdotas tan curiosas como la de su primer encuentro.
Coincidieron comiendo en una casa de comidas, y mi tío, que es muy sensible, lloraba como un desesperado mientras tomaba su sopa y miraba Heidi en la tele.
Por lo visto mi tía no se pudo reprimir y soltó: “vaya, lo que hay que ver, un hombre que llora mirando dibujos”.
Mi tío respondió: “pues tenga cuidado, señora, que no sabe con quién está hablando”.
Al cabo de unos meses se casaron. Y si esa escena tiene miga también os gustará saber que ella hacía poco que había colgado el hábito y él es diez años menor. Mi tía 1 – Sister Act 0.
Puede que fuera también por el “orujo power” que mi tía se sincerara y nos dijera también, mientras hablábamos de un tema tan fascinante como el de los niños: “pues yo el único crío que he visto feo desde el momento de su nacimiento es el hijo de la Pantoja”.
Espero que a la Pantoja no le preocupe este tipo de opiniones, o que al menos le preocupe igual o menos que a la Musa Escritora el estado de salud de su aprendiz. Me explico: cansada de que cada tres semanas aproximadamente el chico faltase un par de días, siempre con la excusa de estar enfermo, un día se sentó muy seria frente a él y le soltó: “tenemos que hablar de tu salud. Me preocupas. Tan joven y siempre tan enfermo… Creo que lo mejor será que te hagas un chequeo, y he de decirte que estés tranquilo, puesdesde aquí te ayudaremos en lo que necesites”.
Imagino que eso ayudó al aprendiz a salir de esa espiral en la que estaba atrapado, tan poderosa como una conga. Según la Musa Escritora las congas son como la droga, es fácil entrar pero muy difícil salir. Y es que el viernes pasado estuvimos en una fiesta de disfraces y para nuestra sorpresa da igual que sea 2012, o que la media de edad fuera bastante baja, la conga sigue tan viva como siempre.
Quien puede que no tenga ningún riesgo de absentismo laboral ni de caer en las redes de la conga sea una conocida
nuestra que es capaz de sacar adelante dos restaurantes al mismo tiempo Derecho “porque le apetecía sacarse esa carrera en este momento de su vida”. De hecho también es el momento en que ha decidido ser madre, y tanto aprovecha ella el tiempo que se llevó los apuntes para dar a luz. Os juro que tras ponerle la epidural, y como ya no sentía molestias, se puso a repasar durante las contracciones. El médico no se lo podía creer.
Como tampoco se lo podía creer un conocido cuando se topó en Alicante con dos Erasmus a los que la gente quería emparejar un chico austríaco que se llamaba Ano (masculino de Ana) y una chica holandesa que se llamaba Marika. Cómo nos gusta la guasa en estas tierras…
Y hablando de tierras, y como hace tiempo que os prometí unas cuantas direcciones de lugares que me gustan, aquí os paso unas cuantas.
Chinatown Barcelonés.
Pese a que no prosperó la propuesta de realizar una Chinatown Gate en los alrededores del Arco del Triunfo en Barcelona -al estilo de otras ciudades del mundo- la zona es claramente un Chinatown.
Hay varios supermercados orientales en los que encontraréis de todo y desde los que accederéis a productos tan difíciles de encontrar como: muslos de pollo vegetarianos de Taiwán, tallarines coreanos, embutido de tofu ultra
picante, auténticos dim sum congelados o sake japonés. Uno de los más espectaculares es el Yang Kuang, en el Paseo de San Juan número 12. Desde alimentación (incluida pescadería y carnicería) a prensa pasando por utensilios del hogar.
Restaurantes. Bien sabéis que somos fans absolutos del MingRen (Calle Nápoles 97), pero si queréis otra dirección interesante, probad también el Chenji (Calle Alí Bei 65). En el Chenji podréis comer con los orientales más modernos (vestidos como en un videoclip con su perrito a juego) y junto a mesas en las que tres generaciones de chinos se hayan celebrando una comida familiar. Ambos tienen unos precios fantásticos y una carta estupenda (con platos reales difíciles de encontrar en otros establecimientos).
Joaquín Costa.
Es una calle con mucha solera, que ha visto y sigue viendo de todo. Recuerdo hace años una madrugada en la que terminé, siguiendo las propuestas de un amigo director de teatro, haciendo aerobic con las prostitutas de la zona. Ahora es una zona con mucha mezcla, mucho turista (la madre de una amiga, una anciana ya, es de las pocas que todavía vive allí desde hace décadas, y cansada de que le hagan fotos cada vez que sale a regar los geranios ha decidido
posar cuando se asoma al balcón). Entre los muchos lugares interesantes encontraréis:
FANTASTIK, bazar (extra) ordinario. Joaquín Costa 62. Manteles mexicanos, pinzas de la ropa hindús, utensilios de cocina de la Polonia comunista… y todo lo inimaginable. El espacio en sí es una gozada.
FUSTA’M. Justo al lado. Preciosos muebles vintage restaurados. La tienda taller es tan bonita que hipnotiza.
The Dog is Hot. Hot dogs de impresión. Los hay con guacamole, queso y cebolla; con puré de patata, maíz, queso y patatas fritas; con salsa de piña; veganos… y siempre puedes elegir si quieres la salchicha de carne o de tofu.
Zona Eixample.
Hace un tiempo os comenté que de vez en cuando me gusta montarme un “New York day”, yendo a sitios que me trasladan imaginariamente a Manhattan. Ya os comenté algunos de los lugares que me transportan, pero os paso otros tantos:
CORNELIA & CO. Calle Valencia 225. Grocery y restaurante. El espacio y su gente siempre me hace pensar en una
película de Woody Allen.
JOSEPHINE. Pau Claris 147. Más de peli de Woody Allen que el anterior si cabe. Su decoración es magnífica. Muy evocador.
Museo Egipcio de Barcelona. Calle Valencia 284. Una joya que mucha gente desconoce. Posee una colección muy completa y didáctica. Organizan unas actividades súper interesantes y tiene tienda y café en la terraza.
ALTAÏR. No es una librería de viajes, ES LA LIBRERÍA DE VIAJES más grande de Europa. Gran vía 616. Disponen de TODO sobre cualquier rincón del planeta (hasta una sección dedicada al turismo en los casquetes polares). Un aviso: te puedes pasar horas sin darte cuenta recorriendo sus plantas.
En fin, aquí lo dejo. Espero que estas direcciones os aporten tan buenas experiencias como a mí. ¡Que nos quiten los bailao!
¡Sed muy felices!
Grupo de Hong Kong Blues en FACEBOOK.


















