
Yo, que me creo muy listo, pienso que lo sé todo y luego me doy cuenta que no. Lo que pasa es que hasta
que reconozco que no ostento la verdad absoluta ya ha habido tres golpes de Estado en el Mundo y Bisbal ha creado doce mil trescientos trending toppics.
Menos mal que PITICLI sabe esperar sin enviarme directamente a la porra –sospecho que porque no sabe cocinar y yo sí- hasta contemplar cómo le tengo que dar la razón.
¿Existe algo más gustoso que TENER la RAZÓN? Lo dudo (excepto que estemos hablando del diario y entonces ganaría cualquier catálogo del sex shop).
Y añadiría: ¿hay algo mejor que hacer feliz a los demás? –no respondáis libremente y decid “sí” directamente-.
Pues PITICLI ha aunado ambos éxitos de la humanidad en mi persona. ¿Cómo? Sorprendiéndome para mi cumpleaños
con un viaje a (mi) medida.
Yo, que me quejaba de que no conocía mis gustos. Yo, que cuando me dijo que mi regalo era un viaje ME RECREÉ DICIENDO QUE HABÍA DESCUBIERTO –porque yo me creía muy avispado, recordad- QUE ERA A MALLORCA.
Yo tuve que callar la boca cuando estuve en el aeropuerto.
Menos mal que mientras estaba preparando la maleta me sugirió sutilmente que sacara las esparteñas y los bañadores porque “igual íbamos a un destino más urbano”. Menos mal que me fijé en la ropa que ponía en la suya (a mí ya me extrañaba que para ir a Mallorca –aunque fuera a Palma- hubiera dado tal sablazo a su VISA comprándose unos modelitos tan sofisticados).
Y claro, cuando me dijo “por si acaso pon la ropa que usarías si te toparas con Sartorialist”me acabó de
descolocar. Yo, por si acaso, preparé un maletón que ni para presentar la Gala de los MTV.
Porque me regaló un viaje a Milán. ¡A Milán! ¡Con las ganas que YO tenía de ir a Milán!
Y no penséis que de cualquier manera, no: había reservado un hotel estupendo y ecosostenible en una de las zonas más interesantes y alternativas de la ciudad. Había hablado con sus colegas milaneses para tener direcciones de restaurantes. Y me había comprado la guía que yo quería de la ciudad.
Tengo que deciros que he tenido uno de los mejores cumpleaños ever. Estaba tan contento que pensaba “ay madre, voy a colapsar de tanta felicidad”. Yo, que tiendo a la acidez, pensaba que me saturaría y no podría metabolizar tanto azúcar. A punto estuve de llamar a la escritora de “El Secreto” para decirle “nena, si es por tu libro, gracias”.
Y lo que pasa en estas situaciones: entras en un bucle. Desprendes tanta felicidad que la gente de alrededor se contagia y todo marcha no bien, sino mejor. Aunque en ocasiones me embalaba / recreaba tanto que PITICLI me decía “frénate un poco, o diles cuánto te gusta TODO cuando vayas a pagar”, porque yo, cada vez que traían un plato o me servían una bebida les soltaba invariablemente entusiasmado y acompañado de gestos: “oh, mil gracias”, “buenísimo”, “magnífico”.

Pero me tendréis que entender:
- En el hotel nos dieron una habitación con unas vistas tan espectaculares que cuando levanté la
persiana por poco los ojos me hacen como a Marujita Díaz. No pude reprimir llamar inmediatamente a recepción para agradecerla. Veíamos la catedral, las cúpulas de la ciudad, y hasta el cielo con sus golondrinas desde la bañera.
- Acabé teniendo una exquisita comida de cumpleaños FAMILIAR -porque coincidió que la hermana de PITICLI y su marido (a los que adoro) estaban en la ciudad, menos mal que eran ellos y no alguien de quien quisiera huir-. Y por supuesto en el restaurante me sacaron tarta con vela de cumpleaños.
- Tanto al ir a tomar el café como al ir a hacer el aperitivo a las plazoletas de la zona los responsables de los bares no me dejaban pagar el importe íntegro sino que insistían en hacerme descuento. ( Y recordad que NO hay mejor detalle
para un catalán).
- Durante la cena de la última noche –uy, esto suena muy Jesucristo Superstar- a los camareros (y especialmente a una camarera) les caímos tan en gracia que hasta improvisaron un mini pastel de cumpleaños con vela para que soplase.
- Aunque empecé el día de mi cumpleaños en un Cementerio (PITICLI quería ir al cimetero monumentale) -yo no lo encontraba lo más hermoso y simbólico precisamente- pude conocer finalmente el 10 Corso Como, hacer el chorra por el cuadrilátero de la moda… y ponerme los modelitos más creativos que se me ocurrían porque “al fin y al cabo estaba en Milán”. Incluso me puse la falda escocesa una tarde pese al temor de que no me dejaran entrar de esa guisa a la catedral. Afortunadamente llevaba una medallita de la Virgen que me sirvió de salvoconducto (y símbolo de devoción).
Ay, no he podido tener mejor cambio de lustro (en las estadísticas ya figuro en el grupo 36-40).
¡Gracias PITICLI! ¡Y gracias a todas las personas –incluidos mis cuñados
– que nos hemos encontrado en la ciudad!

–> Aquí os algunas direcciones por si os escapáis a esa magnífica ciudad:
Hotel Ariston. Más que bien situado entre navigli y Duomo. Zona alternativa con tiendas y cafés interesantes. Servicio encantador. ¡Buen desayuno y disponibilidad de bicicletas!
Trattoria Montina. Vale la pena salirse del puro centro –aunque no está lejos- para descubrir este bonito restaurante auténtico, sin trampa ni cartón, en el que comer platos sensacionales entre milaneses. Los dueños son unos personajes tremendos.
Cantina Della Vetra. Todo el mundo la conoce allí -y con razón-. Ubicada en un bonito lugar, con agradable
decoración, atendida por personal muy amable… ¡y qué platos! Al ladito de una de las zonas nocturnas más animadas.
California Bakery. De acuerdo, no es un restaurante italiano, pero es un lugar al que va la gente de la ciudad. En una plaza preciosa. Buena decoración. Estupendos bocadillos. Vale la pena observar a la gente que pasa desde su terraza.
Café Saint George. Un rinconcito idílico en mitad de una avenida concurrida. El responsable dice que sirve los mejores cafés (y croissants) de la zona, y puede que tenga razón. Vía Torino 56.
Bar Principe.En una preciosa plaza céntrica, pero alejada del bullicio, podréis codearos con los habitantes del barrio y
otros personajes interesantes. Vale la pena probar su aperitivo casero (no es bufé) y sacar el Voyeur que llevamos dentro viendo a los habitantes de los palacios salir de sus casas. Piazza Sant’Alessandro.
10 Corso Como. Sí, es un clásico del diseño que aparece en todas las guías, pero no decepciona. Al contrario. Fascinante librería. Interesantísimos espacios. Hay que ir aunque sólo sea para tomarse un café viendo a los clientes en su magnífico patio – jardín.

¡Sed muy Felices!

PD. 1: no sé si a vosotr@s os sucede, pero a veces, tras unas horas, el efecto “está bien, no siempre tengo razón” se me pasa, y vuelvo a mi convencimiento primero. Claro, igual tampoco os he dicho que antes de
salir de casa, siguiendo una intuición, había echado la guía Wallpaper de Milán “por si acaso”.
PD. 2: La otra cara de la moneda: no sabéis el estrés que me genera ahora el cumpleaños de PITICLI, que llega en menos de un mes.
PD. 3: Lady Laca ha vuelto y avanza que en breve se presentará en Barcelona para grabar nuevos vídeos.