Cosas que todas las abuelas hacían

Si las abuelas no existieran, habría que inventarlas. Pero existen, claro que existen. De hecho, su presencia tiene tanto sentido que nos acompañan desde el principio de los tiempos. Ahí es nada. Internet, la escoba, los barcos pirata o incluso los pimientos asados no pueden decir lo mismo. Por algo será.

Las abuelas (y en este post me voy a detener particularmente en la figura de la abuela diferenciándola de la del abuelo), han jugado en casi todos nosotros un papel clave. Ellas nos han acompañado desde que llegamos al mundo hasta, en muchos casos, nuestra adolescencia. Lo que quiere decir que han sido testigos de cómo hemos ido pasando de ser pingajos que no levantaban un palmo del suelo, a prepararnos nuestros primeros purés de lentejas, presenciar cómo nos dábamos nuestros primeros coscorrones contra la mesa del salón, a compartir  nuestro primer ramillete de uvas de la suerte, o a intuir —entre su agudeza sensorial y nuestras bocas de adolescente cerradas a cal y canto—, cómo  nos echábamos nuestras primeras novias. 

Las abuelas son esos seres que, desde la discreción del segundo plano que adopta alguien que sabe perfectamente cuál es su rol, velan por sus nietos y siguen atentas su evolución y madurez.

Si por ellas fuera, pasarían 25 horas al día junto a sus nietos: aunque llorasen, aunque estuviesen mimosos. Aunque fuesen respondones y aun siendo maleducados. Si las abuelas no pasan más tiempo con nosotros es porque saben que su papel en esta historia es otro. Porque las abuelas, antes que abuelas, fueron madres. Y como tal, ya cumplieron. La posición de la abuela es otra. Ahora ellas son el poli bueno.  Raramente regañan, raramente se enfadan. Raramente le prohíben al nieto hacer cosas y raramente no los colman de caprichos de niño al que se le antojan dulces en la cola del súper. Cómo no van a hacerlo, cómo no van a derretirse ante los balbuceos, quejidos y peticiones de niño pequeño si esos benditos son lo más hermoso que han visto desde la infancia de sus ya crecidos hijos. 

Aunque diferentes, todas las abuelas hacen lo mismo, por eso son abuelas. Y todo forma parte del ritual que termina por elevarlas a la categoría de mitos o seres celestiales.

Porque siempre recordaremos cómo nos pasaban la propina con el puño cerrado (y boca abajo), cuando no había más adultos en la habitación y de manera absolutamente disimulada, como si en vez de 1000 pesetas, nos estuvieran pasando alguna sustancia cuya existencia nuestros padres no debían conocer. Todas las abuelas cocinaban (cocinan) bien. Quizá por tradición, quizá por el esmero que le ponían, o acaso porque, en su época, el cocinar ocupaba gran parte de sus días. Todas sabían hacer guisos y platos cuya elaboración exigía, al menos, un día previo en remojo de la legumbre de turno. Y siempre sobraba. Para qué iba a calcular comida para cinco pudiendo hacer para siete u ocho. ¡Así había para cenar esa noche!

Las abuelas iban a misa. Siempre. Como mínimo el fin de semana pero, si podían, iban durante la semana porque “dan una misa por el hermano del Antón, el hijo de Merceditas” o porque “hoy dicen misa por el marido de María Teresa, que ya hace diez años que murió. El pobre”. La misa formaba parte de su rutina como lo es hoy para nosotros entrar en Instagram tres veces al día.

Les gustaba hablar de ti delante de sus amigas. Era ver a una amiga estando tú con ella, y hacer parada obligatoria: “este es mi nieto, sí, míralo cómo está de guapo. Y se está preparando para ingeniero en Madrid. Sí, sí, es muy estudioso, aunque un poco vaguete de vez en cuando (guiño, guiño)”.

Las abuelas son sufridoras. Y no solo por sus nietos y sus hijos, sino en general por todo aquél que se cruzan por la calle. Que si el chico ese va como un loco con la bici, que si ese señor tiene poco cuidado en el andamio, que si “pobre toda esta gente que echan de sus países”… Las abuelas se preocupan por la gente y se lo hacen saber.

Y todas, sin excepción, son amorosas y achuchables. Al menos con los nietos. porque están deseando darles cariño y están deseando un beso y un abrazo de su nieto. En sus brazos siempre encontrábamos recogimiento, y sus mejillas eran mullidas pistas de aterrizaje para nuestros besos.

Y si algo le gustaba a una abuela era aprender cosas de sus nietos. Con cuatro veces la edad del niño, siempre estaban deseosas de escuchar qué habíamos aprendido en el cole, qué nuevos juegos habíamos descubierto con nuestros amigos, o que cachivache habíamos incorporado a nuestro infinito cajón de artilugios. Y todo ello sin ningún reparo en hacerse las sorprendidas para multiplicar el efecto ilusión del niño. 

Las abuelas son lo que son: abuelas. Abus. Y esa palabra tiene la magia de significar algo diferente para cada uno de nosotros. Algunos tuvimos la suerte de convivir muchos años con las dos. Otros, tristemente, solo pudieron disfrutar de una de ellas o incluso no tuvieron la fortuna de crecer con ninguna a su lado. Para muchos, los abuelos jugaron (y juegan) un papel igual o similar al de sus abuelas, de eso no hay duda, pero creo que no me equivoco al afirmar que y repetir que, si las abuelas no existieran, habría que inventarlas.

A mi abuela Julia y a mi abuela Isabel.

  • Hola Javier!! Te has dejado lo de que cada 5 minutos te estaban preguntando si tenías hambre y que estabas muy delgad@!!! Y las meriendas de pan con media tableta de chocolate o miel del pueblol!! Gracias por este post, Me ha recordado mucho a mis abuelas que están y estarán en mi mente, porque han sido parte importante en mi vida y las hecho mucho de menos 😢.
    Yolanda

  • Gracias hijo,en nombre de tu abuela Julia.Estaria orgullosa de ti,como de tus hermanos.
    De tu abuela Isabel,quiero que sea mamá quien te lo diga.
    Un besazo,como te gusta decir, en su nombre.Me ha gustado que te acuerdes de ellas y a tú manera,las homenajees.
    Te quiero

  • Ay, las abuelitas que haríamos sin ellas. Yo aún tengo la suerte de tener a mis dos abuelas y aún tengo mi bisabuela también. Es que las abuelitas son un amor de personas y de las mías la verdad es que no me puedo quejar 🙂
    Muy bonito Javi, un besito 🙂

  • PRECIOSO post, Javier!

    Yo no he podido conocer a ninguna de mis abuelas, aunque sí pude disfrutar de la abuela de Paco. La “bisa” pudo saborear a sus bisnietos durante bastante tiempo.
    Lo que sí hacemos Paco y yo es que nuestras madres disfruten y sean unas SUPER abuelas con nuestros hijos, pues se desviven con ellos y a mï como madre, me han ayudado muchísimo las dos.

    Un abrazo enorme Javier..y gracias!

  • Que tierno homenaje, Javier. Esta claro que eres un amor. Tu chica tiene mucha suerte😉. Aprovecho asi para daros a los dos la enhorabuena por vuestra proxima boda. Por cierto, como me recuerdan los comentarios de Jose Ramon a mi padre, al que tanto echo en falta. Me encantais tu padre y tu!! Un abrazo, Virginia

  • Javiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!
    Qué bonito post…Desafortunadamente yo no super lo que era tener una abuela así…
    Y no porque no las tuviera,si no porque nunca fueron cariñosas ni nada por el estilo.
    Me tocaron 2 raritas,chico. Sin embargo sí ejercieron de abus mis abuelos,sobre todo el materno.
    Lástima que se fue muy pronto.
    Un besazo,bombón!
    Pd….Sigo en shock con el vídeo de tu pedida!!!

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