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junio, 2008


24
junio 08

¡Me encanta Rubens, me encanta el barroquismo!

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Pues sí, gentes y gentas de esta España camisa blanca de mi esperanza y rincones varios del mundo que me leéis, pues sí, mientras dieceseis millones de personas el domingo sufrían, gritaban, gozan y disfrutaban con la selección española, la selección italiana y ese que sí, que no, que pasamos de
cuartos y que no pasamos, que para el penalti y que no lo para o que mete y no mete gol, el que aquí escribe -oséase moi- además de tratar de recuperarse de la sobredosis australiana que le ha mantenido en riguroso silencio todos estos días, extendiendo más de lo necesario el luto por YSL,  pues como que no podía dejar de sentirse como si de la mismísima Manuela Trasobares se tratara o tratase, ni de repetir y de repetirse aquello de ¡me encanta Rubens, me encanta el barroquismo!.
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Y es que goles aparte y aunque la verdad es que yo muy de Rubens nunca he sido (aunque claro, igual tras esta tendencia a la redondez y rubicondez que a poco que me descuido me asalta últimamente en realidad lo que se oculta es un gusto y fan-atismo por Rubens y yo aquí sin saberlo…) pues como que lo que sí que es cierto es que siempre he sido yo muy barroco, muy de la ornamentación y hasta de la exageración y es que ya se sabe: ¡qué bonito esas figuras, qué bonito esos dorados!! que diría esa misma Trasobares de Rubens y barroco y que decía yo mismo y no podía ni puedo parar de decir y de repetirme tras descubrir lo descubierto, ver lo visto y desear lo que aún deseo.

Y es que la internet es así, así de sorprendente y sorpresiva a la par que inesperada e
inesperante y así es cómo allí que cuando tú estás buscando
un sofá para tu salita de la
chimenea (recién pasada de amarillo nápoles a un color lalluvia240608003.jpgciruela madura a final del verano en un claro intento de gritarle al mundo que ¡basta ya! de tanto pinto toda la casa del mismo color, de tanta uniformidad, tanta claridad y tanta relajación visual y de los sentidos), allí que cuando tú estás buscando un sofá -estaba diciendo yo- y allí que cuando tú estás salta que te saltarás de un marca a otra y de un estilo a otro igualmente semejante -aunque pretendidamente original- sin ser capaz de encontrar ese sofá que se ajuste a ese concepto de clásico renovado que tanto te gusta y tanto ves en la imagen mental que de esa salita de la chimenea tú ya tienes, pues allí que un click te lleva otro click y éste a otro y, ¡zas!, allí que de repente te encuentras en Holanda y a tan sólo otro click vuelves a descubrirte en España, en el estudio de los catalanes dotstation y teniendo ante ti la colección de mobiliario Plastic Fantastic de la que ellos se encargan en suelo patrio.

Plastic Fantastic: dos palabras enlalluvia240608004.jpg
las que más allá de la rima o el slogan fácil podría decirse que se encuentra todo un grito de guerra o filosofía de vida: vida clásica y renovada y hasta si se quiere vida kitsch pero original, lujosa y trasgresora… vida, al fin y al cabo, vida y una vida que uno puede vivir como si de una Marie Antoinette teñida de fucsia se tratara o tratase o una vida en la que elegir ser sillón, silla, sofá, cómoda, butaca, mesa o simple cojín o pasar a dar luz bajo forma de lámpara y candelabro  porque al final, es una vida a la que tú puedes darle la forma y el color que desees sabiendo que, además, con ese Plastic Fantastic esa vida, tú vida -clásica y renovada- estará protegida tanto del interior como del exterior, siendo capaz de soportar cualquier tipo de condición metereológica.

lalluvia240608005.jpgYo ya he decidido que mi vida, la vida que quiero para mi salita de la chimenea recién pintada de color ciruela madura al final del verano, es una vida con forma de sofá… un sofá que no sé si será verde oliva -claro u oscuro-  o verde césped pero lo que sí sé y de lo que sí estoy seguro es que será una vida rematada en capito y, por supuesto, el mejor escenario para gritarle al mundo que sí, que ¡me encanta Rubens, me encanta el barroquismo!.

Plus, Plis, Plas… ¡mañana más! (Y si, querido lector y querida lectora, tú también quieres una vida -o muchas vidas- plastificada y resistente además de hacérmelo saber también puedes contactar directamente con ellos en infoarrobadotstation.es... venga, ¡plastifícate la vida!)


2
junio 08

YSL

lalluvia02062008001.jpgHa muerto Yves Saint Laurent. Ha muerto y a escasos minutos de enterarme de la noticia no sé si con él también han muerto mis chaquetas, los anuncios y la exposición que hace tan sólo unas semanas me transportaba a su mundo…
Creo que no sabría decir cuándo conocí a Yves Saint Laurent o, mejor dicho, cuando comencé a conocer sus creaciones porque, querido grelinno, a quién pretendes engañar, tú nunca conociste a Yves persona ni a Yves creador, más allá de sus propias creaciones.  De  todas formas, y sea como sea, creo que lo conocí demasiado pronto y a la vez demasiado tarde, demasiado pronto porque a principios de los 80′s, de los difíciles años 80 (porque los 80′s fueron difíciles para todos), yo no era más que un niño en una década de hombreras, cardados imposibles, mangas farol y tejidos estridentes como papeles de celofán, un niño extraterrestre fascinado ya por una moda, en cierta forma, igual de extraterrestre; y demasiado tarde porque, por aquel entonces, Yves llevaba ya casi 30 años de carrera y, entre otras cosas, el mérito a sus espaldas de haber salvado Dior de la ruina.

Tarde o pronto ahí lo conocí y ahí me quedé enamorado de tres letras casi superpuestas, de unas iniciales, YSL, y de un nombre, Yves, sinónimo -pese a ser y seguir siendo un Peter Pan- de mis deseos por crecer… más rápido, más alto, más fuerte… y así poder rellenar la chaqueta violeta, con aquel YSL superpuesto y bordado en rojo sobre la lana, que tenía papan. Una chaqueta que él había desterrado para ser usada en casa, casi a modo de bata y que día a día se encargaba de profanar con manchas de cotidianidad pero que yo, a cada poco, lavaba y rescataba, probándomela frente al espejo de su armario, calculando cuánto tiempo más tendría que esperar, cuánto faltaba aún hasta poder adueñarme de ella.

El niño creció y con esa chaqueta hice la confirmación en un día en el que corrí por primera vez las calles de la Town de la mano de A, mi A, vuestra ya A, cuando ambos no éramos más que dos amigos pero ya éramos mucho más que eso.  Fue la misma chaqueta que de alguna forma me hizo famoso en los primeros años de facultad y que tantas risas nos hizo soltar en la biblioteca y en los intercambios de clase con aquel grupo recién creado del que ya poco o nada queda pero para el que aquel YSL estaba claro que no podía ser más que la abrevitura secreta de “Yo Soy Loba” y “la loba” era yo, lo mismito que Bette Davis con Wyler o mascullando en castellano y ante el auditorio del Festival de Cine de San Sebastián aquel “la louba” que ya casi sonaba a muerte. Luego vino la lavadora y, cosas del amor, esa chaqueta y esa lana deliberadamente encogidas para poder ser usadas por A y su elegante delgadez hasta que chaqueta y lana estuvieron tan desgastadas que terminaron rompiéndose lo mismo que ayer se rompía Yves.

Ha muerto Yves Saint Laurent. Ha muerto y a escasos minutos de enterarme de la noticia sólo sé que esta tarde saldré a la calle con chaqueta; chaqueta gris marengo, casi de luto, con un YSL bordado en negro, una chaqueta distinta pero la misma chaqueta con la que pisé por primera vez y con forma de becario la empresa para la que hoy trabajo y es que al final, Yves Saint Laurent es una chaqueta lo mismo que Yo Soy Loba.

Plus, Plis, Plas… ¡mañana más!


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