Y no, no es que sea mi primer año en Cibeles, pero sí es mi primer año como “prensa”, con acreditación, con visitas al backstage y entrevistas y si Penélope tendrá o ha tenido ya Kodak Theatre, alfombra roja, vestido de gala, ceremonia y estatuilla (estoy convencido de ello y, digan lo que digan, se lo merece) yo tendré Sala Cibeles y Sala Neptuno en IFEMA, moqueta, multitud de creaciones, backstage, catwalk, frontrow, kissing room y entrevista con Hannibal Laguna y Juana Martín, entre otros, como recompensa.
Por delante, para Penélope, el Oscar y una noche de celebración; para mí la recta final de Cibeles y, mirando atrás, si para ella seguro que está aquella Fuerza del Destino y Nacho Cano para mí no puede dejar de estar Miguel Palacio y la vez que fui princesa, Princesa por Palacio:
“Lo pensaba hace tan sólo unas horas: me gusta ver la ciudades desde el avión, verlas alejarse en la noche y cómo los edificios, coches y carreteas se convierten en pequeños puntos luminosos.
Hacía esa reflexión mientras despegaba el avión que me devolvía a casa lo mismo que la calabaza debería haber devuelto a Cenicienta a la suya antes de las 12, sólo que en mi caso no había baile, calabaza convertida en carroza, zapato de cristal perdido ni tan siquiera doce campanas para marcar el límite entre el sueño y la realidad. En mi caso sólo hubo sueño, una pasarela llamada Cibeles y un Palacio, aunque muy distinto.
Y podría decir ahora que Miguel Palacio es un "artesano de la elegancia", que en su última colección vuelve a los lazos, a los cinturones de hebilla que no dejan de ser también lazos, que crea unos abrigos que casi son bufandas y bufandas que casi llegan a ser abrigos mientras juega con colas de caballo bajas y tocados de pluma que, sin embargo, a mí me parecieron
hojas tropicales disfrazadas de la elegancia que siempre da el negro. Podría contar que sus pantalones son flojos y de corte masculino y sus escotes se inflan y se desbocan lo mismo que se inflan sus faldas superpuestas teñidas de oro viejo... podría incluso atreverme a asegurar que, desde ya y para mí, Palacio es lo mismo que decir o recordar aquel vestido, verde y mini, de bolsillos frontales.
Podría decir todo eso pero dejo que eso lo digan otros. Yo prefiero seguir viéndome, invitación en mano, entrando en ese pabellón número 2 de IFEMA, volver a ver y a tener a Laura Ponte y su flequillo alzados sobre aquellos tacones acharolados, a Nuria March diciendo y repitiendo que "sí, sí, sigo teniendo el mismo número de móvil" y que "sí, sí, -punch y punch- yo te llamo", a Eloisa Berceo convertida en zarina rusa que vuelve del exilio buscando sitio en front row para su hijo igualmente desterrado y a Carolina Adriana Herrera -hija- rodeada de focos y flashes, sin saber muy bien a dónde mirar, mientras el desfile amenaza con comenzar y yo pienso y sigo pensando que por qué no le gustará que le llamen Adriana con lo bonito que es ese nombre.
Prefiero volver a pasear por los stands que rodean la pasarela con la misma sensación de recorrer los soportales de la Place Vendôme o pararme ante el escaparate de Tiffany&Co en la Quinta Avenida. Me quedo con la Cenicienta que fui, subiendo a mi sueño con la ayuda de unos zapatos muy distintos, de suela de plataforma y altísimos tacones, y donde en lugar de carroza y calabaza tenga avión... y es que si Eloisa era zarina yo, el martes, fui princesa: princesa por Palacio.”.

Grelinno, de la Town de toda la vida pero con alma de Capi, Capi, Capital del Reino. Fascinado por los musicales hasta el punto de que intento que mi vida sea un poco eso, un musical, una sucesión de acontecimientos que pueda recordar a golpe de canciones y en los que pueda introducirlas como algo natural. Enamorado de Audrey Hepburn y de A, mi A, vuestra ya A.
Por eso esta lluvia en Sevilla no es solamente un guiño a Audrey y los musicales, es un mosaico, un puzzle en el que se van encajando pistas de la banda sonora de mi vida, con recuerdos, moda, decoración, comida, amigos, vivencias y palabras que, al final, unidas y enlazadas, terminan formando ese “La Lluvia en Sevilla es una Maravilla”… frase realmente estúpida que todo el mundo conoce y lleva en su subconsciente... pero que, en definitiva, resume una gran parte de mí.
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