Sans limites. Dicen que ese era el lema vital de Isadora Duncan, lema que llevó hasta su muerte o, quizás, la llevó a ella misma y, sin embargo -sans limites- esa misma ausencia de límites podría decirse que es la que ha devuelto la vida y esplendor al fabuloso Hotel Curia Palace en el que perfectamente habría podido estar alojada Isadora y que desde 1926 se ubica en el centro de Portugal como verdadero eje y reclamo del mismo.Una antigua villa termal, las aguas y sus propiedades y tras una de esas carreteras tan de película: una de esas carreteras rectas, flanqueada por árboles pintados
de blanco en su base, tan de entrada o salida de ciudades y pueblos de otro tiempo y a las que el cine nos tiene tan acostumbrados -como si de la propia Belle Epoque se tratase y como Belle Epoque se llama su restaurante- allí aparece el Hotel Curia Palace, nacido en otro tiempo pero vuelto a la vida en éste con la misma magnífica fachada modernista en la que las caras no sólo nos dan la bienvenida o nos despiden sino que allí se ubican como verdaderos testigos que dan fe de todo lo acontecido, de la importancia del lugar en el pasado y de todo lo que aún le queda por escribir.
Entrar al Curia Palace no es sólo viajar al esplendor de los alegres años 20 como quien visita un museo o dedica parte de su tiempo a ver un documental sobre otra época, sino que el simple hecho de traspasar la arcada de su entrada, de pasar bajo las originales letras que forman las palabras PALACE y HOTEL supone un bautismo de agua termal y modernismo capaz de transformarlo todo, mente y ritmo vital, a los compases y movimientos marcados por el foxtrot y quickstep que ya no dejarán de acompañarte en toda tu estancia, haciendo que cada instante, cada día, se conviertan en mil fotogramas del mejor de los musicales que retener en la memoria para ser reproducidos hasta el infinito,
Sans limites. Y, así, sin límites, lo mismo que se construían catedrales y palacios y esas mismas catedrales y palacios ahora se restauran, se ha recuperado éste Palace de fastuosos salones y dependencias, de primera bola de discoteca traída de Nueva York, de lámparas y candelabros de Murano, de comida servida al sonido de los surcos del gramófono y piscina de apariencia de trasatlántico que no sólo parece océano por sus dimensiones sino que se convierte en verdadero Paraíso como el nombre que le fue dado. Un palacio que, como los antiguos, además de edificio es verdadera ciudad de la que no hace falta salir porque así fue concebida y allí uno lo tiene todo: lo antiguo y modernista y, además, lo moderno y contemporáneo que, sin embargo y lejos de chocar, se ensambla a la perfección como así lo hacían Ginger y Fred al ritmo del foxtrot.

ba revelando (y nunca mejor dicho) en imagen, en un cachito de tiempo capturado… un trozo de recuerdo cazado al vuelo al que sostener entre las manos.
Malta, que tal vez hayan estado en aquel mismo despacho sin yo saberlo o, sin haberlo estado nunca, sí han sentido la misma nostalgia que yo siento al pensar en aquella caja mágica y así, como maestros y magos que son a la vez, han decidido hacer sus trucos con otro prestidigitador, el famoso fotógrafo Rankin, entregándonos una serie limitada de 1000 botellas de su Fine Oak de 30 años, en las que no sólo la etiqueta se transforma en imagen, en instantánea
“Esta colección es el punto y final después de la Polaroid, para entrar de lleno en la era digital“, dice Rakin, y yo me atrevo a decir que la era digital nos ha robado la impaciencia, el deseo contenido, la duda acerca de qué imagen nos entregará la cámara, el soplar sobre el papel viendo como a cada soplido las imágenes aparecen como si nuestro propio aliento exhalado pudiese dibujarlas… nos ha robado la magia a cambio de una inmediatez no siempre necesaria ni deseada que, sin embargo, ahora
Grelinno, de la Town de toda la vida pero con alma de Capi, Capi, Capital del Reino. Fascinado por los musicales hasta el punto de que intento que mi vida sea un poco eso, un musical, una sucesión de acontecimientos que pueda recordar a golpe de canciones y en los que pueda introducirlas como algo natural. Enamorado de Audrey Hepburn y de A, mi A, vuestra ya A.
Por eso esta lluvia en Sevilla no es solamente un guiño a Audrey y los musicales, es un mosaico, un puzzle en el que se van encajando pistas de la banda sonora de mi vida, con recuerdos, moda, decoración, comida, amigos, vivencias y palabras que, al final, unidas y enlazadas, terminan formando ese “La Lluvia en Sevilla es una Maravilla”… frase realmente estúpida que todo el mundo conoce y lleva en su subconsciente... pero que, en definitiva, resume una gran parte de mí.
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