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Hannibal Laguna: hacedor de princesas.

Sé que era pequeño, no recuerdo cuántos años tenía pero sé que era pequeño y estaba en Valencia; en aquel paraíso en el que se convertía la ciudad cuando una vez al año HannibalLaguna_019.jpgcruzaba el mapa de extremo a extremo para pasar las vacaciones con una familia que sin ser la mía sin embargo yo así la sentía y a día de hoy es la única que me queda. Era pequeño y así, pequeño, descubrí por primera vez Los Nardos en una noche de vacaciones navideñas, en Valencia y en la voz de Paloma Sanbasilio.

Me recuerdo a mí mismo, frente al televisor, sorprendido y emocionado por la canción, por la letra, por el ritmo… tanto, que aunque ahora casi (o sin casi) pueda sonar vergonzoso, en aquellos días yo no sé si me convertí en florista, buen mozo/gomoso, vara de nardos o pura calle de Alcalá pero lo que sí sé es que me pasé el tiempo restante -y previo a los llantos que anunciaban mi regreso forzoso y no deseado a casa- cantando esos mismos nardos pasillo arriba y pasillo abajo, preguntándome desde entonces y durante mucho tiempo por qué aquello de que “no cuestan dinero y son lo primero para convencer” y, sobre todo, deseando que alguien alguna vez me regalase nardos.

El tiempo pasó y los nardos, los primeros y últimos hasta la fecha, llegaron a mi vida una tarde,  unos nardos regalados que, aún contradiciendo la letra de la canción en cuanto al dinero,  sí explicaban aquella otra duda y me convencían de por vida de las manos de la persona que me los regalaba; convirtiéndose en una de mis flores preferidas y haciendo que desde aquella tarde, y a poco que tengo una hoja en blanco ante mí y algo de tiempo muerto, mis manos se lancen a dibujar aquella misma vara de nardos una y otra vez, siempre las mismas flores y siempre el mismo convencimiento, idéntico HannibalLaguna_029.jpgal que en otra tarde mucho más cercana y en el propio Madrid de ese por la calle de Alcalá me llevase a oler de nuevo los nardos, buscando ser yo quien los regalase entonces y, a la vez y aunque no se entienda, defender la monarquía.

Todo esto Hannibal Laguna no lo sabe, como tampoco sabe que el edificio Metropolis es uno  de mis edificios preferidos de la Capital, que llevo años tratando de plasmarlo en un lienzo inacabado, que la Catedral de la Almudena fue perfumada con esencia de nardos para la boda de SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias o que yo mismo me defino como monárquico y letizista… y quizás ninguna de estas cosas sean importantes pero yo no puedo evitar recordarlas de la misma forma que desde el mismo momento en que comenzó su último desfile no puede más que volver a todos y cada uno de esos momentos, de esos recuerdos y dejarme llevar aún más allá por las creaciones de un mismo Hannibal Laguna que, si hace casi un año lo convertía en guerrero invicto frente a la crisis, ahora se presentaba como verdadero hacedor de realeza, como un nuevo compositor y libretista capaz de transformar Leandras (floristas de faldas almidonás y nardos -siempre nardos- apoyaos en la cadera) en princesas a fuerza de envolverlas en las sedas de los rasos, gasas, organzas, satenes, tafetas y piqués, a base de sobreponerles bordados de guipur y cristales que convierten cada vestido en una joya, en verdaderas flores andantes y todo ello sin dejar por un sólo momento de aflamencar un Madrid per se castizo, pero a la vez flamenco y taurino como lo es España y lo son los ruedos que parecen dibujar los vuelos de sus tejidos al desprenderse de las cinturas.

Y, como digo, todo esto Hannibal Laguna no lo sabe y seguro que no tiene por qué saberlo pero, monárquico y letizista -yo- necesitaba contárselo a él, contárselo a mi hacedor de princesas  y, además, homenajeador de una concreta, la nuestra, que  más allá de princesa se convierte en su pasarela en carrousel de cierre y 17 camisetas con las que darle las gracias a S.A.R. dña. Letizia Ortiz por un apoyo y esfuerzos (muchas veces no reconocidos) y un merecido aplauso (otras tantas negado).

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3 comentarios

  1. Bonita colección. Me ha gustado la mezcla de tradición y “Blade Runner”. Por no hablar del Metrópolis, que me resulta siempre hipnótico. Aunque no le hago ascos al Edificio Capitol tampoco.
    Un fuerte abrazo (a falta de nardos)

  2. Eres un mago! … ¿Cómo has hecho para que huela el post?? ¡¡!! Me voy con los olores a nardos y flores a buscar un café …, no con un Hannibal Laguna …mmm ¡cualquier día!!

  3. Habría que verte cantando por ese pasillo ;P . La colección es fantástica, Hannibal tiene algo que pocos tienen y transmiten.

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