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diciembre, 2009


29
diciembre 09

No-Carta a los Reyes Magos. Mensajes sin respuesta.

“There’s no doubt that this has been a particularly difficult year, and
I am relieved that this annus horribilis is coming to an end.”

(No hay ninguna duda de que éste ha sido un año particularmente difícil, y a mí me alivia que este annus horribilis esté llegando a su fin)

Esto lo dijo hace ya algunos años una Reina y ahora, concretamente 17 años después, me toca decirlo a mí: Annus Horribilis.

Un año que, echando la vista atrás, no empezó el uno enero de 2009, sino unos meses antes y quizás por eso, por prematuro, ha venido con tantas complicaciones y ahora se está extendiendo más de sus 365 días, de los 12 meses pautados y reglamentarios; como si fuese un partido de fútbol alargado por lC_2_maincontent_80941_largeimage.jpgos minutos de descuento, prórroga e incluso la ronda de penalties pero que sea como sea tiene ya su final escrito con las campanadas de medianoche del 31 de diciembre. Unas campanadas que yo, Cenicienta invertida, deseo que lleguen para que con ellas, en lugar de desaparecer el hechizo que convirtió la calabaza en carroza, los ratones en caballo, el caballo en chófer, el perro en lacayo y los harapos en gran vestido de noche lo que desaparezca sea el maleficio, el mal de ojo, la mala suerte y mala fortuna que una vez alguien (ya no sé si tomándome por Blancanieves -y por tanto siendo reina que se disfraza de viejecita desvalida- o Bella Durmiente -llamándose Bruja Maléfica entonces- en lugar de apuesto príncipe como el Màxim Huerta de la foto) decidió echarme encima y yo decidí aceptarlo como Alicia tentada por el pastel o el brebaje en el País de las Maravillas, creciendo o menguando a su antojo y voluntad.

Y es que si este año hubiese sido distinto, simplemente como los anteriores, un año de 12 meses, de 365 días o, a lo sumo, un año de 366 ahora yo no os estaría escribiendo a vosotros sino a S.S.M.M. los Reyes MagosDSC00766.jpg de Oriente, a mi Melchor, diciéndole aquello tantas veces escrito y pensado de “Queridos Reyes Magos, como este año he sido muy bueno…” y confesándole que, junto a mi brillante zapato, me encantaría descubrir la mañana del 6 de enero unas Hunter Balmoral, unas Desert Boots, una pajarita, una casaca, un sofá, un libro, dos libros, tres libros, unas gafas, una escapada a PAris, una silla o cuatro sillas, un camafeo, un fin de semana en Sevilla, un calendario AR, una vida en Australia, un bolso y cómo no, champagne, champagne como una loca… pero sobre todo, me encantaría encontrar en mi zapato o a su lado el tiempo perdido, malgastado y desperdiciado, ese que me fue robado o que yo mismo me dejé robar. Volver a ese tiempo, esa época que reconozco como propia (donde no había reina disfrazada de viejecita o Bruja Maléfica ni yo conocía a quien las encarnaba) y no ésta que por mucho que sea mía no deja de ser ajena. Pero en este año raro, en este año horrible, yo no he sido bueno y por eso no voy a escribir carta alguna, porque he sido malo y sea como sea (y así será) al lado de mi brillante zapato lo único que habrá será el carbón que corresponde a aquellos niños que no han sido buenos.

Aunque claro, ahora que lo pienso, quizás si hubiese sido bueno mi carta, escrita con ese “Queridos Reyes Magos, como este año he sido muy bueno…” de siempre, se quedaría igualmente sin respuesta porque este reyes1.jpgaño, además de raro, de horrible y desgraciado, ha sido un año de mensajes sin respuesta. Empezamos abandonando el correo tradicional por el e-mail, las llamadas por los sms, los sms por las llamadas perdidas, el e-mail personal por el envío de presentaciones en cadena con las que parece que queríamos decir “estoy aquí y aquí estás aunque estemos todos muy ocupados para decir un simple hola” y, al final, todo ello por Facebook, twitter  y más redes en las que enredarnos siendo lo único cierto que la mayor parte de las veces los mensajes quedan sin respuesta sea cual sea el método de comunicación que hayamos elegido. Hemos dejado de comunicarnos para convertirnos en emisores que muy pocas veces reciben nada o que, recibido lo poco que llega, casi nunca decidimos dar respuesta.
Un día Nico Abad me dijo que tal vez eso sucedía porque a la gente le cuesta decir “no” y se prefiere la comodidad del silencio… puede que tenga razón, sí (Nico es sabio) y tal vez lo que ocurre es que las palabras de El Último de la Fila, aquellas de “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo vayas a decir”, han calado muy hondo en nuestra generación, mucho más que lo antiguo de que “el que calla otorga” y así vamos, de silencio en silencio y tiro porque me toca, dejando los mensajes, las cartas, las peticiones, los deseos, los sueños, los ofrecimientos, las citas… todo sin respuesta por un silencio cómodo y presuntamente bello passage+du+silence.JPGen el que refugiarnos y ocultarnos cuando en realidad lo único que demostramos es una falta absoluta de educación que por muy general que sea y por mucho en que nos escudemos en que estamos taaan ocupados y somos taaan  importantes no deja de ser eso, falta de educación. Hemos asumido el silencio como una forma de respuesta, un status que ocupar y un poder que ejercer sobre el pobre y triste emisor que un buen día (o en un mal momento) decidió contactar con nosotros. Controlamos y jugamos con los tiempos, con los minutos que transcurren desde que recibimos un mensaje, una llamada… hasta que decidimos contestar o no; medimos las palabras, las líneas que contiene nuestra improbable respuesta y seguimos así, regalando silencios y cogiendo palomitas para ver nuestra irreal realidad prefabricada, acumulando “amigos”, cuantos más mejor cuando ya ni siquiera es cierto aquello otro que se decía de que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano porque, ¿verdad pumuky?,  “hay dos momentos en que uno se da cuenta de los pocos amigos que tiene: en la prosperidad y en la desgracia” y, al final, ya ni hay dedos, todos mancos, con muñones.

Yo, por mi parte, me confieso torpe en las relaciones, muy torpe, desfasado y hasta de otro tiempo y quizás por eso, en mí esa máxima del silencio no aplica. Así, ya sea en relaciones amorosas, profesionales, interesantes, interesadas, amistades o meros conocimientos yo no mido tiempos, no calculo las palabras y lo mismo que no espero el tiempo que se supone de rigor para enviar un sms tampoco lC_2_maincontent_80962_largeimage.jpgo hago para contestarlo, escribir un correo o hacer una llamada y no lo hago porque no sé jugar a ese juego. Si me apetece escribir, escribo, si me apetece responder lo hago al segundo, no tardo ni un minuto y lo hago porque no sé hacerlo de otra forma además de por qué sé de lo que se sufre cuando la respuesta recibida es lejana en el tiempo, cuando no hay respuesta.

Lo he dicho, soy torpe en las relaciones y así me va: Annus Horribilis, pero aunque haya sido malo, aunque desee que lleguen las campanadas para acabar con el maleficio, aunque no tenga ningún regalo en mi zapato la mañana de Reyes y sobre todo, aunque no sea ni pretenda ser ejemplo de nada, tengo que decir NO a los mensajes sin respuesta porque la no respuesta sólo es y sólo la merece la reina disfrazada de viejecita, la Bruja Maléfica, el brebaje que me hizo menguar… lo mismo que para todo ello es mi amnesia conseguida a golpe de campana y es que, como decían las Hurtado: ¡campana y se acabó!.

(Eso sí, si todavía no tienes plan para después de las campanadas y eres un poco o un mucho desalmado te recomiendo la Noche vieja en el Café La Palma junto a sus protagonistas) 


22
diciembre 09

Joan Fàbregas: Lost Control (Ángeles y Demonios)

Si doy un salto atrás en el tiempo todavía puedo ver aquella lista interminable de carreras que se ponían ante mí al terminar el bachillerato y que debían marcar mi decisión de estudiar ujoan_fabregras_0003_2.jpgno de los 4 posibles C.O.U. que por aquel entonces teníamos (o alguna de sus múltiples combinaciones). Recuerdo el tipo de letra, la lista ordenada alfabéticamente y en bloques (Opción A, B, C, D, AB, CD…) y aquél Ingeniero Técnico en Tejidos de Punto… me fascinó aquella denominación, aquella carrera y quizás por eso jamás he olvidado esa hoja.

Sin embargo, yo no marqué aquella carrera, no seleccioné ingeniería alguna y los “tejidos de punto” tampoco son mi especialidad. En mi caso, por suerte o por desgracia, opté por algo más clásico y cercano (me temo que también más aburrido), el Derecho, pero ahora, algunos años después (tampoco muchos), aquí estoy, volviendo a aquella lista, dispuesto a hablar de alguien que en su día sí decidió marcar con una X una ingeniería relacionada con el mundo textil y de la moda: Joan Fàbregas, un ingeniero metido a diseñador o un diseñador disfrazado de ingeniero, no lo sé, lo único que sé es que para mí es el sastre urbano capaz de beber de la esencia de la sastrería más clásica (aquella de las grandes tijeras, las entretelas de crin de caballo y el talco para marcar) para crear una colección que vive del asfalto y en el futuro.

Lo primero que supe de él me llego por referencias, joan_fabregras_0095.jpgcasi como una advertencia: “es un tío con un coco muy interesante, domina el plano técnico de las nuevas tecnologías aplicadas al textil (cosas alucinantes, como fibra óptica que convierte los tejidos en luminiscentes, telas termocrómicas que hacen que la ropa cambie de color debido a los cambios en la temperatura…) y fruto de esto y de su interés por la moda, vino el diseño”. Eso me dijeron y ahí surgió la curiosidad; la curiosidad por alguien tan técnico y a la vez creativo, tan clásico en sus puntos de partida como revolucionario en sus resultados finales.
 
Su primera incursión lo fue en el Certamen de Diseñadores Noveles de Andalucía hace unos 4 años con una colección basada en fibra óptica que, sin embargo, nunca llego a verse en pasarela por problemas de última hora. Luego sí llegaba El Ego de Cibeles y, tras ese, más Ego (sin que el suyo se viese afectado), esta vez con esas tintas termocrómicas que me anunciaban al presentármelo y prendas sin costuras como centro. Luego el regreso al comienzo, otra vez a Andalucía de Moda, al Certamen de Noveles donde esa vez no sólo sí logró desfilar sino que consiguió vencer y convencer: primer premio.

Ahora Joan Fàbregas es Lost Control de 2010, una pérdida de control que lo ha llevado al 080 de Barcelona y de él, de nuevo a Andalucía de Moda. Lost Control que casi se presenta como estampas de talleres metalúrgicos del pasado pero capaces de anunciar una nueva Revolución Industrial. Un paso gradual del negro al blanco usando para ello unos tejidos de altísima calidad… Demonios y ÁngelesÁngeles y Demonios (no lo sé, porque en ellos no todo es tan fácil como asociar el bien y el mal a los colores) vestidos de calle, piel, marroquinería, sastrería y bolsillos, miles de bolsillos que poner y quitar a voluntad mediante un sistema de pasadores y cintas sólo posible viniendo de alguien tan técnico como Joan Fàbregas, creador de ángeles y demonios, pero en el que se ve claramente que antes de fraile fue cocinero.

1
diciembre 09

Roberto Torretta: La Elegancia Futura

Desde el momento en que la primera modelo RobertoTorreta_001.jpgpisó la pasarela sabia que cuando escribiese sobre Roberto Torretta lo haría bajo este título, La Elegancia Futura.

Esa fue la sensación, quizás incluso ya en el propio backstage, antes de esos primeros tacones y pasos sobre la pasarela, donde no sólo pude conversar y poner cara a su maravilloso equipo de prensa sino donde, además, me vi entrevistando casi por casualidad a Roberto Torretta y a su director creativo Fred Tutino, mientras echaba un ojo a la colección que poco después vería sobre la pasarela y bajo los focos.

Un mano a mano, una conversación, una charla a tres bandas que se desarrollaba casi como una partida de billar en la que, con pequeños golpes y carambolas, viajar en el tiempo, por la historia de Cibeles que es también la historia de la moda, la del propio Roberto Torretta y  la de Fred ahora y que terminaría con esa Elegancia Futura que fue para mí esa nueva colección. Como si lo que allí se presentaba fuese un holograma, una visión  de tiempos futuros, llena de elegantes simplicidades, de estampados animales que, bajo el sello Torretta, se convierten en parte más de la piel femenina, en tejidos metalizados que, sin embargo, no dejan de ser y presentarse como naturales y en unos mismo drapeados de los que ya antes ellos mismos me hablaban como recuperados.

 

Más de diez años desfilando en solitario en Cibeles, este año se celebra la 50 Edición... ¿cómo describirías la evolución de esta pasarela?

Cibeles ha evolucionado en todos los aspectos;  mucho más profesionales, mucho más serios. En los 80's tenía mucha gracia, la pasarela Cibeles de los 80's que es cuando empieza tenía toda la gracia y la improvisación del momento pero hoy por hoy se ha convertido en la cuarta pasarela del mundo y hay una oferta absolutamente enorme y de todo tipo, de todos los estilos, diseñadores, mucha calidad, mucha creatividad y entiendo que un trato excepcional. El casting de las modelos muy bueno. Tenemos una estructura fenomenal.

Volviendo la vista atrás a esos año 80's que citamos, ahora siempre se dice "los ochenta vuelven, los ochenta vuelven", ¿tú estás de acuerdo con esta afirmación?

Bueno, los 80's vuelven totalmente revisados. Hoy por hoy si coges una prenda de los 80's y la traes aquí estaría totalmente ridícula, desfasada. Pero de los 80's podemos retomar la parte buena que son tejidos con brillo, drapeados, un poquito de hombreras, el hombro un poquito más cuadrado, prendas cortas... todo esto yo creo que es positivo de los 80's y dejemos lo feo.

Y sin salirnos del pasado, regresando a la "movida" de la que tú mismo fuiste partícipe y creador, si pudieses viajar en el tiempo ¿qué te llevarías de ahora a los 80's?.

RobertoTorreta_022.jpg
(Roberto) A ver Fred, ¿qué te llevarías?... (Fred) ¿de la moda o en general?... en general... (Fred) ¡tecnología!, todos los avances de tecnología,  todo el Internet que ayuda mucho no solamente  a la moda, sino en general... ese tipo de cosas.


(Roberto) Yo tengo que deciros que me quedaría sin dudarlo en la de los 70's. Es mi década preferida, en la que no había Internet, que no había móviles, que no había nada y que además me encanta estéticamente (risas) pero bueno, la evolución ahí está y, sí,  de ahora para los 70's nos llevamos la tecnología.
Que un poco también es una esclavitud, ¿no?, te facilita la vida pero también te la complica...

A mí me la ha complicado. A mi me generación, que somos analfabetos informáticos, nos ha complicado la existencia (risas).

Dos temporadas al año, creaciones para novias, joyas, complementos... ¿cada colección es un universo independiente o siempre hay un elemento, unas líneas básicas que intentáis repetir como sello de casa?.

(Roberto) Fred es colaborador nuestro, el conoce cuál es el espíritu Torretta y en base a eso él nos presenta todo el desarrollo sobre el que luego vamos trabajando.

(Fred) Siempre intentamos seguir las líneas y los códigos de lo que es Torreta. Innovando pero sin dejar de ser lo que Torretta siempre ha sido en concepto de elegancia, simplicidad, líneas puras...

Muchas veces la pasarela no se ciñe a lo que son las prendas y tras el espectáculo final que se nos presenta hay mucho trabajo de selección de música, montaje... cuando uno realiza todo ese trabajo de creación de moda y de pasarela en sí misma y luego ocurren cosas como las protestas de la edición pasada por el tema del uso de las pieles en la colección ¿qué se le pasa a uno por la mente?

Bueno, nosotros no somos muy teatrales en nuestros montajes, no usamos mucha escenografía, sí algunos detalles distintos, por ejemplo en el carrousel final, pero no grandes cosas porque para nosotros lo importante es la ropa y mostrarla, pero sea como sea cuando cosas como esas protestas ocurren no se estropea todo el trabajo, la emoción ni la sensación de ese momento final... se dejan pasar, sin más, cada loco con su tema.

 

Naturalidad y simplicidad: La Elegancia Futura.


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