Levantarse a las 6 de la mañana, saltar de la cama y con ese salto verte en la ducha. Afeitado eléctrico y húmedo, de esos que hace años se anunciaba a golpe de Réquiem de Mozart y ahora se hace a golpe de casi cibersexo. Enfundarse el traje, luchar con los gemelos como si fuesen los propios Rómulo y Remo en su propia lucha. Nudo Windsor en la corbata e iPod en las orejas, maletín al hombro y cerrar la puerta.
Mirar el reloj casi de reojo, las 6’45 y acelerar el paso. Tener prisa, llegar a tiempo, llegar antes, llegar antes, esa es la meta. Entrar y bajar la cuesta que termina ante el edificio. Bordear el mar, casi enlatado, desde arriba, como una gaviota sin rumbo pero con meta: llegar a tiempo, llegar antes, llegar antes.
Plus, Plis, Plas… ¡el lunes más!

Grelinno, de la Town de toda la vida pero con alma de Capi, Capi, Capital del Reino. Fascinado por los musicales hasta el punto de que intento que mi vida sea un poco eso, un musical, una sucesión de acontecimientos que pueda recordar a golpe de canciones y en los que pueda introducirlas como algo natural. Enamorado de Audrey Hepburn y de A, mi A, vuestra ya A.
Por eso esta lluvia en Sevilla no es solamente un guiño a Audrey y los musicales, es un mosaico, un puzzle en el que se van encajando pistas de la banda sonora de mi vida, con recuerdos, moda, decoración, comida, amigos, vivencias y palabras que, al final, unidas y enlazadas, terminan formando ese “La Lluvia en Sevilla es una Maravilla”… frase realmente estúpida que todo el mundo conoce y lleva en su subconsciente... pero que, en definitiva, resume una gran parte de mí.
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