Esta foto la encontró Jessica de The Cat’s Pajamas en una tienda de antigüedades. Desde ya ha entrado a ser una de mis fotos favoritas. Me hace recordar esos veranos en los que mi mayor preocupación era que mi madre me dejase quedarme hasta tarde jugando en el jardín y mi único gran problema las tres horas exageradamente largas en las que se tardaba en hacer la famosa digestión.
Brincando y saltando era feliz y para mí no había nada más divertido que subirme a los árboles, algo que mi hermana, mayor que yo, no siempre comprendió. Por eso no me cuadra que unas señoritas tan monas y tan aseadas se subieran al árbol y se sentaran ahí tranquilamente a hablar como si fuera lo más chic del mundo. Aunque sí, es que en eso consiste ser chic, en hacer del detalle más tonto, algo con tanto encanto.
El álbum entero de las fotos que encontró Jessica aquí.


Tú post de hoy me recorde aquél mail que me llegó hace ya un tiempo…..
Las decisiones importantes, se tomaban mediante un práctico “De-tin-ma-rin… de-do-pin-güé”.
Los errores gramaticales, se arreglaban arrancando la hoja y haciéndolo de nuevo.
El peor castigo -y condena-, era tener que escribir cien veces “No debo de…”.
Las discusiones, terminaban con un “Piedra, papel o tijera”.
“Tener mucho dinero”, sólo significaba poder comprar más golosinas jugando a La tiendita, o un helado en el recreo.
Llenar un frasco con hormigas, podía mantener a uno felizmente ocupado todo un atardecer.
No era raro tener dos o tres mejores amig@s.
“Es muy viej@”, se refería a cualquiera que tuviera más de 16 años.
No habia nada que fuera más excitante y prohíbido, que jugar con cohetes.
Policías y ladrones, era sólo un juego para los recreos. Y era mucho más divertido ser ladrón que policía.
“Venenosa”, se refería sólo a un tipo de alimaña, y no a ciertas personas.
Para viajar desde la Tierra hasta el cielo, sólo había que jugar a ser astronauta o superheroe.
Era ideal jugar un partido de volleyball sin red, y que las reglas no importaran demasiado.
Lo peor que podía ocurrir con el sexo opuesto, era ser rechazado para los juegos de parejas, La carreterita o La comidita.
Llevar un arma a la escuela, significaba ser atrapado con una resortera.
“¡El último dispara los refrescos!”, era el grito que hacía correr como un desaforado hasta sentir reventar el corazón.
Nadie en el mundo era más linda que mamá, pues con sólo besar tus moretones y raspones, te hacia sentir mejor y con alivio.
Nunca faltaban los Miguelitos y Chamoys, ni la moneda debajo de la almohada que dejaba El Ratón a cambio de los dientes de leche, y se era de otro mundo si dejaba un billete.
Siempre se descubrían nuevas capacidades y habilidades por causa de un “A que tú no puedes”.
La peor desilusión era ser elegido último para los equipos y juegos de la escuela.
Combate, sólo significaba arrojarse trozos de gis y bolitas de papel durante las horas libres.
Los globos de agua eran la más moderna, eficiente y poderosa arma que se había inventado.
La guerra, era algo que había sucedido antes de haber nacido y que nunca volvería a suceder.
Los helados y frutas con chile piquín, constituían el grupo de los alimentos básicos y esenciales.
Para transformar una “bici” en una poderosa máquina, sólo había que colocarle un envase aplastado de frutsi entre los rayos de la rueda.
No había nada mejor que las tardes del verano para una cascarita en la cuadra, o esperar para ver pasar al vecino o vecina que tanto te agradaba.
Los hermanos mayores, eran el peor de los tormentos, pero también eran los más celosos, fieles y feroces protectores.
“Tomar drogas”, significaba tomar unas Aspirinas de frutilla o unas pastillas de menta del cajón de la mesita de luz de papá, u oler a escondidas el inhalador de Vick Vaporub.
Lo mejor de jugar a las escondidillas, era salvar a todos con un simple “1, 2, 3 por mí y por todos mis compañeros”.
Verdad / Castigo: si se era niña, siempre se elegía el color amarillo, ya que así sólo te preguntaban si era verdad que te gustaba; en cambio, si se era niño, siempre e indefectiblemente se elegía el color rojo y, de una vez, se pedía un beso en la boca. Y del juego de La botella y el semáforo… ¡Qué lanzados!
Se podían detener las cosas cuando se complicaban, con un simple “pido tiempo”.
Nunca faltaban los huevos de chocolate y las golosinas que traía el Conejo de Pascua.
La llegada de Santa Clós y los Reyes Magos… ¡Qué momento! ¡Era lo más grande del mundo!
Los momentos mas sencillos y simples, son los que más podemos disfrutar, tan solo hay que poner atención en ellos…..
jajaja, ideal, tillo!! gracias!