Para no volver a salir HORROROSA en la foto del DNI y no tener que desear cada vez que abro la cartera que se volatilice el maldito carnet porque estoy harta de enseñarle mi careto horroroso de – probablemente – uno de los peores días de mi cara a todas los cajeros y cajeras y dependientes y dependientas de España, esta última vez he adoptado un nuevo protocolo:
1.- Ir con tiempo para no llegar ahogada, roja, cansada, sudando o de mal humor porque hay atasco.
2.- Sentarme en un banco e ignorando si los viandantes me miraban o no, echarme polvos y pintalabios. Los polvos con especial interés en las ojeras. A mí me daba igual si el que me fuera a hacer la foto veía demasiado maquillaje en esa zona, lo que me importaba cuando me estaba pintando, era el resultado que después se iba a ver en la foto.
3.- Fotomatón ni borracha. Mejor el “estudio” de enfrente de la comisaría que con una camarita salida de la primera hornada digital te hace tres fotos y luego te deja elegir.
4.- Cruzar feliz y contenta y entrar en la comisaría sabiendo que sí, este carnet sí va a molar, que no te va a importar que te lo pidan mil y una veces y que lo vas a cuidar como a un bebé para que no se pierda.

