Ya hemos pasado los primeros días de calor veraniego y van desapareciendo de las mesas de casa los potajes y guisos con mucho carácter. Pero recordar que podéis darle otra forma y no renunciar a las legumbres. Se pueden hacer de mil maneras. Por ejemplo, una ensalada de lentejas o de garbanzos. Cuando llega el calor podéis hacer platos más livianos sin renunciar a la calidad y al alimento… Y cómo está el mercado… ¡lleno de frutas y color!
Para los que empezáis a hacer planes vacacionales, os voy a recomendar un destino estupendo: San Sebastián. Después de mucho tiempo sin realizarlo me decidí a pasar unas vacaciones en mi tierra con el fin de recuperar ese necesario golpe de aire y admirarla desde la tranquilidad del turista.
Como San Sebastián es una ciudad con mil colores tienes que ir dispuesto a mirar y ser mirado, a sentarte en sus cientos de bancos (tanto de grupo como individuales) que hay por toda la ciudad. Os confieso ahora tres de mis preferidos. Uno individual que está detrás del Ayuntamiento, enfrente del antiguo Gobierno Militar. Fijaros bien, es cómodo y te deja mirar de frente el Club Náutico, ver la bahía y parte del puerto. Otro de los bancos está en la Plaza de Guipúzcoa, una de las más carismáticas de la ciudad, con ese estanque que no hay niño donostiarra que generación a generación no haya ido a dar de comer a sus patos. El tercer banco está en el monte Igueldo, concretamente en el mirador, enfrente del Hotel. Desde allí se respira tranquilidad y podréis tener la mejor vista de la ciudad, casi divisar Fuenterrabia y llegar hasta Francia si hace buen tiempo. Hasta aquí yo suelo subir en el funicular, una reliquia bien cuidada para completar una magnífica experiencia si además hemos venido andando por todo el Paseo de La Concha, desde el Ayuntamiento hasta el Peine del Viento. Serán unos 30 minutos paseando a la donostiarra, “tintan-tintan”… Que es como yo lo hago.
Ya que estaba por ahí me subí al Castillo de la Mota. Desde esta entrada se pueden ver los conocidos “váteres de Napoleón”. Pero lo más importante es la vista que hay del Kursaal y del río Urumea. Contemplando también divisaréis el casco antiguo. Es muy interesante, subir hasta lo más alto y situaros cara a cara con el Monte Igueldo. Deja un tiempo, pon música en tu móvil y si no haz como yo, escucha el ruido propio del castillo y de la ciudad. Simplemente, observa.
Al bajar os recomendaría quedaros ya por la parte vieja y disfrutar de ver sus calles e iglesias. La de Santa María, que tiene uno de los mejores órganos de Europa, o la de San Vicente, y pasear por el puerto, donde también está la iglesia pequeñita del puerto. Ahí mismo tenéis el Aquarium, que merece la pena visitar. Dentro de la parte vieja está la Plaza de la Constitución, donde cada 19 de enero se toca la primera tamborrada. Si levantáis la cabeza, sobre los arcos veréis números pintados, y es que en su día se utilizó como plaza de toros.
Saliendo de la Plaza Constitución llegaréis a La Bretxa, hoy centro comercial pero que anteriormente fue una gran pescadería y mercado. Abajo están las baserritarras (caseras) que venden lo que han cultivado en el caserío. Saliendo de esta zona veréis ya el Kursaal con los cubos de Moneo después del puente. Pero si seguís en este lado, tenéis el maravilloso Teatro Victoria Eugenia. Cerca de aquí y siguiendo esta misma acera (en dirección hacia el Ayuntamiento) se encuentran La Casa del Whisky y el Dickens, donde está Joaquín, uno de los mejores barman del mundo, campeón de numerosos concursos, y quien prepara los mejores gin-tonics. Sin duda un buen sitio para tomar un café o una copa por la noche.
Venga, volvemos a adentrarnos en la parte vieja y paramos en algunos sitios para tomar unos pinchos y comer. En la calle 31 de Agosto podéis ir a Casa Alberto, empezando con un buen txacolí, un poquito de marisco, ostras y gambas a la plancha; puede ser éste uno de los sitios donde mejores merluzas rebozadas comer. Sigamos ahora a la calle San Jerónimo, al Gambara, por mil razones pero no os perdáis todo lo que se refiere a pinchos y setas. Si paseamos un poco más nos meteremos en la calle Aldama, en Iturrioz, donde tomar una ensalada de pimientos con ventresca de bonito. En la Plaza Constitución no podemos perdernos un clásico, no dejan fumar pero merece la pena entrar, es El Tamboril. En la calle Puerto nos podemos parar en casa Bernardo Jatetxea, bar magnífico de tapas donde tomar un buen bogavante. También entramos en el de Patxi, el restaurante Urola, un típico de los típicos en la calle Fermín Calvetón, y aquí podemos tomar alubias, un buen pil pil, pimientos rellenos… En definitiva, dejarse llevar en comida tradicional. Al lado tenemos el Betijai con una buena barra de pinchos y mariscos. Otro lugar excelente en pinchos es La Cuchara de San Telmo, en la calle 31 de Agosto nº 28, ahí podéis encontrar cocina clásica puesta al día en pequeñas raciones.
Hasta aquí lo mejor de la parte vieja, y aún os dejo unos cuantos sitios para descubrir por vuestro propio pie. En la segunda parte de mi artículo os hablaré de otras zonas de Donosti para finalizar este viaje tan atractivo. Me he dejado algo, pero es obvio…
¿Habéis estado en Donosti? ¿Cuál es vuestro rincón preferido?
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