Esos momentos en que me sabÃa sola en la casa (al menos en la parte principal de la casa) eran los más excitantes del dÃa. CorrÃa a mi habitación, me ponÃa uno de aquellos viejos pero distinguidos vestidos del armario de la misteriosa señora McCallister y me sentÃa como Ginger Rogers esperando a su Fred.
Morty llegaba en el Bentley, tocando siempre el timbre tres veces, como un barco que arriba a puerto. A veces le acompañaba Boy, que siempre desaparecÃa por alguna puerta trasera. Yo corrÃa a
recibirle y él me alzaba entre sus brazos como podÃa, pues era más bajito que yo, y me besaba muchas veces en la cara y en la comisura del ojo, como un papá cariñoso. A mà le encantaba su aroma, mezcla de colonia de limón y del tabaco de pipa que fumaba, aunque también olÃa un poquito como a armario apolillado.
Entonces me montaba en el Bentley y Morty conducÃa, Sunset Boulevard hacia abajo, en dirección al mar. Los carteles luminosos, la silueta de las palmeras y las mansiones se sucedÃan ante mis ojos, entrelazados con las melodÃas de Cole Porter y la cálida brisa del atardecer. Dentro de aquel coche me sentÃa tan segura y feliz como una princesa.
Una noche, Morty condujo y condujo hasta que llegamos a La Jolla. Suspiré de admiración al encontrarme en un cenador al borde de la playa. HabÃa una única mesa dispuesta para dos, con un mantel azul y el suelo sembrado de velitas, caracolas y estrellas de mar. Era el sitio más encantador que habÃa visto nunca. Y eso que, a aquellas alturas, ya habÃa visto muchas cosas bellas. Daba hasta miedo la rapidez con la que una se acostumbraba al lujo y a ser servida, pensaba cuando me sentaba en mi tocador para peinarme después del baño matinal.
Realmente, no comprendÃa cómo la vida antes de todo aquello habÃa podido parecerme confortable.










isión de aquella estampa hizo que aflorara mi sonrisa. ¿Cómo habÃa podido pensar que se trataba de un terrorista? Mi dulce Morty. Mi Pigmalión. Mi Mr. Higgins. 


irme como si fuera una delincuente. Al fin y al cabo, yo no habÃa hecho nada malo. Mis padres se habrÃan escandalizado al verme viviendo allà como una mantenida, pero mi abuelito Jack, con aquella risa suya de conejito, me habrÃa recordado lo maravillosa que yo era y me habrÃa dicho que debÃa disfrutar de toda esa belleza que la vida me regalaba.
sol que jugaba con el agua color turquesa de la piscina, sentà unas incontenibles ganas de llorar. Aquella casa tan hermosa como
las paredes de mi habitación. ConstruÃa mansiones hechas con retazos de distintas casas, tan grandes que dejaban en pañales al mismÃsimo Hearst Castle. Después recortaba las figuritas de los actores y las iba moviendo de un escenario a otro. 






I just want to be wonderful-