El dÃa de la fiesta, todos los habitantes de la casa nos despedimos a las cinco de la tarde para retirarnos a nuestros respectivos aposentos, cual comedidas cenicientas. Boy desapareció por un pasillo detrás de Morty, mientras yo me encogÃa de hombros. Qué me importaba aquel engreÃdo cuando aquella noche todas las miradas iban a estar posadas en mÃ. ¡Bah!
Y yo, a aquellas alturas, estaba borracha de mà misma. Tarde o temprano triunfarÃa. No podÃa ser de otra manera: derrochaba belleza, talento y coraje, y estaba sin duda en el lugar adecuado. Era imposible que pudiera fracasar.
Sin embargo, a medida que fue cayendo el sol y la casa iba poblándose de un murmullo de voces, pasos y sonidos de coches que aparcaban, empecé a perder fuelle. Necesité mucho tiempo y varias copas de champán (habÃa cogido una botella de la bodega por si acaso) para decidirme a salir de la habitación y enfrentarme con la fiesta.

Aunque, al fin y al cabo, la novia siempre se hace esperar.
Pensé que lo correcto era que Morty viniera a buscarme, pero nadie llamó a mi puerta. Cuando la botella no dio más de sÃ, decidà que
era hora de actuar. Finalmente descendà por las escaleras sin pisarme el vestido ni una sola vez.
El salón estaba tomado por corrillos de gente con copas en la mano. El tipo de gente y de charlas a los que yo ya estaba acostumbrada, asà que no habÃa nada que temer.
Morty apareció ante mis ojos, con su pelo engominado, un traje blanco y una pajarita roja a juego con el Martini que sostenÃa en su manita.
-Pequeña, estás bellÃsima. Ven, quiero que todo el mundo te conozca -dijo, tendiéndome el brazo. Yo di un paso adelante…

I just want to be wonderful-
Menuda escena. Esa bajada por la escalera es digna de las más grandes Divas.
¡Besos!