Solidario, el motor de mi cochecito de alquiler respondió rugiendo con furia, y me alejé para siempre de la depravada casa de Mortimer McCallister. La pena y el despecho bailaban en mi corazón mientras me dirigía a las colinas. Conduje hasta que no pude avanzar más, y entonces me senté en una roca polvorienta para contemplar la salida del sol, que pronto iluminaría las letras blancas del cartel de Hollywood.
Me acordé de mi abuelito Jack mientras me abrazaba a mí misma, exhausta y destemplada. Pero el sol salió como todas las mañanas. Y yo supe que sería capaz de renacer cada día mientras la luz de California se derramara sobre mí, cubriéndome como el beso de un ángel…
Nadie podría robarme mis sueños, me dije entre lágrimas. Cuando el sol ya calentaba demasiado me puse de pie, con tan mala fortuna que resbalé y caí, arrastrándome por la arena. Con la rodilla ensangrentada bajo los tejanos, maldije en voz alta y me sacudí violentamente.
De vuelta en el coche, sólo vacilé un segundo: conduciría sin
pensar, siguiendo al sol. Y me detendría en el primer sitio que me gustara.
Ya estaba bien de vivir en un decorado acartonado y superficial como una comedia de los años 40.
¡Despierta, Linda Lovejoy!, me dije, para animarme.


I just want to be wonderful-
Bien!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Lucha por tus sueños!!!! Lo conseguirás!!!!! (Es que me emociono leyéndote…. ) Besos Linda
No, nadie podrá robarte tus sueños. Ni evitar que vuelvas a levantarte una y otra vez. Eso es lo que te hace GRANDE.
¡BESOS!
Queridos Gemma, Agustín y todos los lectores de este blog:
quiero daros las gracias por vuestros comentarios, por vuestro apoyo, por vuestra presencia. Ha sido un verdadero placer rememorar para vosotros mis primeras aventuras y desventuras en Hollywood.
Me apena mucho tener que marcharme, pero por ahora es necesario. Tal vez más adelante regrese a este espacio para seguir contando lo que me ocurrió después de abandonar la casa McCallister.
Mmm… como diría la gran Escarlata: ¡Ya lo pensaré mañana!
Un beso y una reverencia.
Vuestra, siempre
Linda Lovejoy