El martes llegué a casa prontito del trabajo, ¡qué gusto, son solo las ocho de la tarde y ya en casita, toda la tarde para mí, a lo loco! Tenía un montón de cosas que hacer de esas apasionantes como poner la lavadora, etc, pero antes de dar comienzo a las emociones hogareñas, conecté internet y me puse a buscar al hombre de mis sueños, así, como si no hubiera un mañana.
Tras ver un par de docenas de memos de pronto vi uno salao, y oye, nos pusimos a chatear, que si tal que si cual, me contó que había estado este verano en Camboya, que qué pobres son pero qué felices, que si les llevó unos bolis y unos sugus, que si qué agradecidos, que si vive para vivir pero no trabaja para trabajar, ay no era que trabaja para vivir y no vive para trabajar, o al revés, algo así era, no sé bien. Que si le gusta salir con sus amigos de juerga pero también cocinar y pasarse la tarde viendo una peli en casita, que si adora a sus sobrinos, que si la peque le llama Pupu porque no sabe decir bien aún su nombre pero le adora y él a ella más porque es su ojito izquierdo, o el derecho no sé bien tampoco lo que me dijo. Que si hace deporte pero por salud, que no es para nada de musculaciones ostentosas pero sano como un roble. Yo le fui a contar algo pero no sé qué pasó que quiso contarme algo más y que si no le dejo hablar, que si tal que si cual. Y le acabé mandando a hacer puñetas. Pero oye, la cosa es que a lo tonto estuvimos un ratazo charlando tan-a-gus-to.
Y digo yo ¿qué necesidad tenía, yo, de perder toda la p tarde hablando con este payaso que escribe su diario en un chat en lugar de en un cuadernito como todo el mundo, que debe de pensar que los países con menos renta per capita que el nuestro (que los hay y muchos) están compuestos por habitantes que son felices solo porque no tienen que ir a una oficina aburrida como la suya y que tiene unos sobrinos pedorros que en realidad no se saben su nombre porque no los ve casi nunca? ¿Eh? ¿Qué necesidad tenía yo señoooor de acabar poniendo la lavadora a las 12 de la noche y esperar con palillos en los ojos a que acabara?
Pues la necesidad de llegar a casa, hacer lo que tengo que hacer, prepararme una cenita buena y acabar el día leyendo a Galdós, esa es mi necesidad… ¿Soy yo muy rara?
Qué difícil es el amor.

